
16 años de gobiernos. 4 administraciones que nos pueden colocar en el mundo desarrollado o enterrarnos en el conformismo inútil de estar comparativamente mejor que nuestros (algunos) vecinos pero encaminados a ser una Grecia tropical. ¿Cuáles cree usted que son las razonas por las cuales Costa Rica tomará uno u otro camino?
“Sin cacao no hay chocolate” dicen los estatistas. Y no, no estiran la mano para pedir, sino estiran la mano para meterla directamente en los bolsillos de otros. “Contribución forzosa” le llaman.
Sin embargo, bajo esa alusión en apariencia inofensiva, existe un paradigma dual tan ingenuo y tan claro y duro al mismo tiempo llamado el estado.
La fantasía: el estado es esa gran fábula por la cual todo el mundo busca vivir a costa de todos los demás.
La realidad: el estado vive a expensas de todo el mundo.
Una Costa Rica que tenga intenciones de ser un país desarrollado, debe tener claro que esa meta cuasi utópica se podría conseguir mediante una serie de condiciones necesarias (aunque tal vez no suficientes) cuyos ejes no giran precisamente alrededor de empresas de servicios públicos glorificadas, cuentos de hadas milenarios con rango constitucional o política chayotista: esa que no aporta casi ningún valor nutricional al debate de ideas y que se basa más bien en darle por su lado a los que tienen el coeficiente intelectual de esa verdura.
1)Para expandir el círculo de la libertad no se necesita pedir permiso: durante años el mundo ha avanzado hacían la igualdad de derechos sin distinciones. Costa Rica nunca será un país desarrollado si no pone primero lo primero: la libertad de las personas. Para esto, el estado debe sencillamente reconocer y dar el mismo estatus de matrimonio civil a parejas sin importar si estas están formadas por dos hombres, dos mujeres o un hombre y una mujer, con las mismas condiciones ante la ley, beneficios y todos y cada uno de sus alcances legales y patrimoniales.
2)La prohibición inútil: empezando con la legalización de la marihuana en todas sus presentaciones y derivados, se opta por una política de salud integral y uno una inútil guerra contra la oferta, cuando el problema es y ha sido siempre la demanda. Y eliminar esa demanda no solo es imposible, sino que es una atribución que no le pertenece al estado sino recae en la libertad de elección de cada individuo.
3)Una matriz renovable de verdad: solo los consumidores de propaganda oficial más adoctrinados creen que Costa Rica es un país verde, cuando en realidad el mayor consumo de energía existe en el área de transportes públicos y privados. Si sumamos eso, más de la mitad de la energía que consume Costa Rica se basa en derivados del petróleo contaminantes. Para cambiar eso no solo hay que eliminar toda clase de impuestos (importación y ventas) a tecnologías limpias, sino que hay que dejar de pensar en el mercado eléctrico como uno que gira en torno al prestador del servicio, sino uno que gire en torno al consumidor final, sea este grande o pequeño. La apertura del mercado eléctrico y la eliminación de cualquier restricción a inversión y participación privada, así como la derogación de cualquier odioso privilegio estatal, tienen como objetivo destrabar la oferta de energía limpia y encadenar un deseado incremento de la demanda de energía eléctrica en transporte con una oferta igualmente limpia. Que sea el mejor postor, el mejor proyecto, el que mejor solución brinde con respecto al costo y al beneficio el que se adjudique y opere, no como ahora, que a dedo quieren asignar geotermia al monopolio estatal sin importar si este va a operar bajo los principios de eficiencia y eficacia (términos que el estado desconoce y cambia por “contrato social” ese papel mágico que dicen que firmamos pero que nadie nunca ha visto. Supongo que, de existir, todas sus cláusulas son a favor del estado…)
4) No confundir mi cacao con tu cacao: la voracidad fiscal no tiene límites, pero la recaudación sí. Si se llegara al punto de tener 100% de impuestos, la recaudación sería 0 ya que nadie trabajaría ni produciría, tal sería la desincentivación. Este caso extremo ejemplifica la carga que el estado significa.
Hoy en día, el cacao expropiado el estado lo utiliza no solo en fines de buenas intenciones (que no es lo mismo que buenos resultados), sino que lo desperdicia en ocurrencias contraproducentes como elaborar alcohol barato para cantinas por un lado y en un instituto que lucha contra el alcoholismo en la otra, en varios bancos estatales meramente comerciales compitiendo entre sí en el voraz mercado de préstamos y tarjetas de crédito, y en antiguas esfinges que se dedican a comerciar en áreas sin ningún beneficio social (pensé que para eso era el estado) como seguros para automóviles y hasta bombonas de gas para sodas pretenden comerciar bajo la marca papi estado.
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Del 2018 al 2014 hay 16 años divididos en 4 administraciones, que nos pueden seguir vendiendo el mismo Kool-aid que beben los ingenuos, o podemos empezar a poner a las personas y su libertad individual y económica primero antes que elefantes blancos (esos que ni siquiera hacen la función que está en sus nombres). Es hacerlo con la mirada puesta en el desarrollo, o tarde o temprano vendrán otros (organismos financieros internacionales) a meternos en cintura no precisamente a las buenas y el caldo saldrá más caro que los huevos por culpa precisamente de quienes causaban esos síntomas y eran la enfermedad: el aparato burocrático criollo.
Menos es más. Menos estado.
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