En un año preelectoral marcado por desafíos económicos, seguridad y confianza institucional, la ciudadanía exige líderes que entreguen resultados concretos y soluciones efectivas.
Un país en un momento decisivo
Costa Rica llega a 2025–2026 en un momento crucial. La democracia se mantiene, con elecciones libres y poderes independientes, pero la percepción de que las soluciones no llegan a la vida cotidiana genera frustración entre la ciudadanía.
La administración del presidente Rodrigo Chaves Robles ha estado marcada por tensiones políticas y conflictos entre poderes del Estado, sumados a investigaciones judiciales que han afectado la confianza en el gobierno. La preocupación por seguridad, corrupción y costo de vida domina la opinión pública.
Aunque los indicadores macroeconómicos muestran crecimiento del PIB y estabilidad fiscal, muchos ciudadanos sienten que los avances no se reflejan en su día a día. Sectores como turismo, agricultura y servicios enfrentan dificultades que aumentan la percepción de desigualdad y complican la creación y sostenimiento de negocios.
En lo institucional, la Corte Suprema solicitó a la Asamblea Legislativa retirar la inmunidad presidencial para que Chaves pueda enfrentar investigaciones por presunta corrupción. Este proceso ha generado debate sobre separación de poderes y rendición de cuentas, profundizando la polarización y la desconfianza ciudadana.
Al mismo tiempo, organizaciones sociales y de derechos humanos han señalado retrocesos en educación, acceso a la justicia y violencia de género. Aunque se han aprobado normas importantes, como la Ley de Acceso a la Información Pública, la sensación de que los problemas estructurales persisten alimenta la insatisfacción.
Aunque Rodrigo Chaves Robles no pertenece al PAC, su trayectoria profesional y su enfoque de gestión tienen raíces en experiencias compartidas con equipos y políticas vinculadas a ese partido. Muchos de los desafíos actuales del país —como dificultades económicas para los pequeños negocios, altos precios y problemas de seguridad— son vistos como consecuencia de enfoques técnicos y burocráticos heredados de administraciones anteriores. Chaves se presenta ahora como un líder que busca corregir errores del pasado y entregar resultados concretos, distanciándose de los estilos tradicionales de gestión, aunque su formación provenga de los mismos entornos institucionales que dejaron frustrada a gran parte de la población.
Este escenario coloca al país frente a una encrucijada social y política: las elecciones de febrero de 2026 serán un momento para que la ciudadanía elija líderes capaces de entregar soluciones efectivas a los problemas reales del país.
Un país que exige resultados y liderazgo confiable
Costa Rica sigue siendo una democracia, pero la confianza ciudadana ha disminuido. La frustración no depende de ideologías ni etiquetas políticas: la población busca líderes que realmente resuelvan problemas y trabajen de manera honesta y efectiva.
La ciudadanía percibe que muchos de los problemas estructurales —como seguridad, economía y servicios básicos— no se han abordado con eficacia. Esto genera una demanda clara por liderazgo responsable, que corrija errores pasados, evite fraudes y garantice que las instituciones funcionen para todos.
El desafío principal es que quienes aspiren a gobernar puedan demostrar resultados tangibles y transparencia en la gestión, de manera que los ciudadanos recuperen confianza en la capacidad del gobierno para entregar soluciones reales.
Propuestas para recuperar confianza y estabilidad
Transparencia y combate a la corrupción: reforzar mecanismos de rendición de cuentas y garantizar investigaciones imparciales.
Seguridad y justicia efectivas: implementar políticas que enfrenten el crimen organizado y mejoren la percepción de seguridad sin afectar derechos ciudadanos.
Diálogo nacional: involucrar sociedad civil, academia, empresas y comunidades en soluciones sostenibles a problemas estructurales.
Economía competitiva y empleo: simplificar trámites, facilitar la creación de empresas y fomentar modelos productivos inclusivos.
Educación cívica y social: fortalecer análisis crítico y respeto a la diversidad para contrarrestar polarización y desinformación.
Costa Rica se encuentra en un momento decisivo. La prioridad es elegir líderes capaces de trabajar con eficacia, honestidad y responsabilidad para resolver los retos que enfrenta el país. La legitimidad democrática depende de que los ciudadanos perciban eficacia, justicia y estabilidad en el gobierno.
Recuperar confianza y estabilidad exige liderazgo responsable, políticas efectivas y compromiso con la transparencia. Solo así Costa Rica podrá retomar la senda de progreso que su historia democrática ha construido con esfuerzo y consenso.