En 1981, en plena dictadura militar brasileña, el músico Milton Nascimento y el letrista Fernando Brant escribieron “Coração Civil”, un himno de utopía que soñaba con un país donde reinara la justicia y el bien común. Y en un gesto que algunos recuerdan el poeta brasileño puso a Costa Rica en el centro de su sueño: “São José da Costa Rica, coração civil”. Para Milton, nuestra capital era el corazón civil de América Latina: el país sin ejército, el país de la paz, la utopía hecha república.
Cuarenta y cinco años después, esa imagen merece una respuesta. Porque el corazón civil de la región ya no late, necesariamente, aquí. Permítanme responderle a Milton con la propia rima de su canción:
Quiero la soberanía, quiero el pan y más, quiero la justicia que no llega jamás. Quiero que el que sufre pueda resurgir, quiero que en América reine el buen vivir. No quiero niños en pobreza, cada vez cientos de miles más, ni hogares sin comida ni un futuro al cual asir.
Pero la noche no quiere pasar, la tortura sin fin, el pueblo que clama, el desempleo, el hambre y el confín. Y al chavismo, señor Milton, mire usted qué ironía: el pueblo que antaño combatió con gallardía hoy posa con Donald “Walker” en el Escudo de las Américas para las fotografías.
Y en la ONU, señor Milton, otro golpe a la verdad: contra el bloqueo a Cuba el mundo entero votaba, y la Costa Rica de Juanito Mora, que un día fue bravía, se alineó con el imperio y actuó con cobardía. Y en casa, mientras tanto, el gobierno recorta la economía y el bienestar: menos escuelas, hospitales, viviendas y justicia. Algunos políticos solo buscan su propio interés y no les importa entregar el país al filibustero extractor y vender la paz en pro de la codicia.
Pero al sur, en Brasil, algo nuevo se encendió: Lula devolvió el pan, el trabajo y el calor. El desempleo cayó, la pobreza se fue, y el salario otra vez por encima del hambre quedó.
São José da Costa Rica, corazón civil, hoy me inspiro en otro sueño, en el de Brasil. Si el poeta es quien sueña lo que será real, yo sueño con un sur que ya es ideal. Parabéns, Brasil: el corazón civil hoy late en el Amazonas o en las tierras raras de Brasil, y no en San José.
El contraste es doloroso porque Costa Rica lo planteó todo: nuestra identidad entera se construyó sobre la idea de que la dignidad humana es innegociable. Por eso duelen ver las violaciones graves de derechos humanos armados al servicio del Estado nacional y del Estado invasor. La región entera parece dispuesta a cerrar los ojos. El llamado “Escudo de las Américas”, esa coalición militar multinacional anunciada en marzo de 2026 bajo impulso de Washington, se está probando precisamente en Venezuela, con un régimen sin legitimidad democrática cuya Fuerza Armada reprime a los ciudadanos en lugar de protegerlos.
Hoy es Brasil el que nos inspira a nosotros. El corazón civil de América Latina, el que sueña con justicia, con salud, con trabajo, con dignidad, ya no se detiene en San José, es el corazón que late en el pueblo brasileño, se oxigena en los pulmones boscosos y se nutre de las tierras raras amazónicas. Son el cariño, la justicia, la conciencia y el trabajo los verdaderos latidos fuertes del corazón civil.