El fallido experimento cambiario
Desde hace casi dos décadas, el Banco Central de Costa Rica (BCCR) aplica un experimento cambiario que, lejos de brindar estabilidad, ha multiplicado la incertidumbre. En el 2006, se abandonó las minidevaluaciones para dar paso a las bandas cambiarias y, posteriormente, a metas de inflación con “flotación administrada” —en realidad, se trata de una “flotación arbitraria”—, donde el tipo de cambio no se determina libremente en el mercado. Por el contrario, se define de manera discrecional, a través de intervenciones frecuentes, opacas y agresivas del BCCR, bajo la sombra de “metas de tipo de cambio” no reveladas explícitamente, pero claramente reflejadas en los datos.
El manejo arbitrario por parte del BCCR genera, injustamente, ganadores y perdedores. A algunos sectores —especialmente aquellos con acceso privilegiado a información o capacidad de especulación— los beneficia. A todos los otros, en algunos momentos los perjudica y en otros los perjudica. Lo relevante es que esa redistribución de riqueza que resulta de las intervenciones del BCCR ocurre sin transparencia, justificación técnica, ni rendición de cuentas.
Como consecuencia, nuestro mercado cambiario diminuto e ineficiente dificulta, casi imposibilita, el cálculo económico, eleva el riesgo de invertir y convierte la planificación empresarial y personal en un ejercicio de adivinación. Un tipo de cambio manipulado envía señales distorsionadas, las cuales, a su vez, se traducen en malas decisiones con serias consecuencias económicas y sociales.
Tres posibles salidas
Frente a este panorama, es urgente discutir con seriedad las alternativas para abandonar el fallido experimento cambiario del BCCR:
- Dolarización oficial. Definir un tipo de cambio de conversión y sustituir el colón por el dólar, como lo hizo Ecuador en el año 2000. Sin embargo, en Costa Rica esta vía parece políticamente inviable, pues quedaría atrapada en la disputa política en la Asamblea Legislativa sobre cuál debería ser el tipo de cambio de conversión.
- Libre flotación. Permitir que el tipo de cambio se determine libremente en el mercado, sin intervenciones del BCCR. Aunque conceptualmente atractivo, en la práctica podría abrir la puerta a episodios de manipulación por parte de grandes jugadores, en un mercado ineficiente.
- Competencia de monedas. La opción más viable y de mayor impacto inmediato: aprobar el expediente legislativo N.° 24.877, que otorga poder liberatorio al dólar en todas las transacciones con el Estado. La aprobación del proyecto permitiría que personas y empresas paguen impuestos, cargas sociales, tasas y tarifas en colones o dólares, según prefieran. En otras palabras, el colón y el dólar pasarían a competir en igualdad de condiciones.
El miedo a flotar
Si la teoría y la experiencia internacional han demostrado que nadie puede determinar con certeza cuál debería ser el “tipo de cambio correcto”, ¿por qué Costa Rica no avanza hacia un régimen de mayor libre flotación? La respuesta corta es el “miedo a flotar”.
Este miedo no es exclusivo de nuestro país. Numerosos bancos centrales en economías emergentes lo comparten: temen que, al soltar el tipo de cambio, la volatilidad se dispare y los desequilibrios macroeconómicos se vuelvan inmanejables. En nuestro caso, hay tres razones de fondo:
- Un mercado pequeño e ineficiente. El mercado cambiario costarricense no cuenta con la profundidad suficiente. Pocos jugadores concentran grandes operaciones y, con mejor información, pueden manipular el tipo de cambio en perjuicio de los agentes más pequeños y menos informados.
- Exceso coyuntural de divisas. Al menos en el corto plazo, la oferta de dólares es mayor que la demanda. Si el BCCR dejara de intervenir, el tipo de cambio caería fácilmente por debajo de los ₡500 por dólar, con efectos disruptivos para quienes dependen de exportaciones o reciben ingresos en dólares.
- Temor político y social. El BCCR sabe que los ajustes bruscos —ya sea hacia arriba o hacia abajo— generan presiones sobre precios, salarios y deudas. Eso alimenta la tentación de intervenir para “suavizar” movimientos, aunque lo que en realidad ocurre es que se perpetúan las distorsiones y se posterga la adaptación natural del mercado.
En otras palabras, el miedo a flotar es comprensible, pero también es una excusa para continuar manteniendo un régimen arbitrario que solo multiplica la incertidumbre y perpetúa distorsiones con efectos nocivos en la actividad económica.
La experiencia internacional demuestra que lo verdaderamente riesgoso no es la flotación en sí misma, sino el intervencionismo discrecional—la manipulación política de la moneda—que distorsiona señales, redistribuye riqueza de manera injusta y erosiona la confianza en la moneda nacional.
Ventajas de la competencia de monedas
La competencia de monedas se presenta, entonces, como la alternativa más pragmática, con viabilidad técnica y política, para salir del experimento cambiario sin los riesgos que acompañarían a una libre flotación. Esta reforma no significa imponer el dólar ni eliminar el colón, sino, simplemente, permitir que ambas monedas compitan en igualdad de condiciones.
Actualmente, en una economía bimonetaria, quienes reciben ingresos o ahorran en dólares se ven forzado a cambiarlos a colones para cancelar sus deudas con el Estado, generando costos de transacción por cambio de moneda que enriquecen a bancos, casas de cambio y al propio BCCR, además de inundar artificialmente el mercado de dólares los días 15 y 30 de cada mes—el famoso “efecto planilla”, distorsionando el tipo de cambio.
Hora de actuar
El BCCR ha demostrado que no puede determinar cuál es el tipo de cambio “correcto”. Solo un mercado transparente y libre de intervenciones arbitrarias puede hacerlo. La competencia de monedas en igualdad de condiciones permitirá eliminar varias de las distorsiones que impiden que el tipo de cambio pase a refleje las verdaderas preferencias de los agentes económicos.
El país no puede seguir atrapado en un esquema que redistribuye riqueza de forma arbitraria, que politiza la moneda y que genera incertidumbre innecesaria. La aprobación del proyecto de competencia de monedas sería un paso firme hacia un sistema más justo, transparente y eficiente, donde prevalecerá la moneda que mejor sirva a los ciudadanos, no a los intereses de unos pocos.
Costa Rica necesita, de una vez por todas, poner fin al fallido experimento cambiario del Banco Central.
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El autor es presidente de IDEAS Labs y asociado de la Academia de Centroamérica, investigador y consultor senior, con experiencia de más de 25 años en el diseño, implementación y análisis de políticas públicas, tanto en el ámbito nacional como internacional.
lloria@ideaslabs.org