
El abandono prematuro de las aulas es uno de los fenómenos más preocupantes del sistema educativo nacional. La deserción escolar o abandono estudiantil, es uno de los problemas más agudos, según datos del VII Informe del Estado de la Educación Costarricense.
Es un inconveniente que afecta a todos los niveles académicos, desde la primaria hasta el mismo nivel universitario.
El MEP da seguimiento y genera datos sobre el tema, no obstante, parece ser que la estrategia no está dando efectos y la dificultad se acelera.
Aunado a la situación, la pandemia se encargó de producir un “apagón educativo” sin precedentes que profundizó la exclusión y la desigualdad educativa, entre los que sí tenían los medios de conectividad y tecnología para seguir adelante con sus clases, y los que no. La teoría de los “arriba” y los de “abajo” se materializó.
Esta crisis de calidad educativa se ha visto acrecentada por la huelga de 3 meses del sector educativo en el año 2018, la eliminación del bachillerato y toda la serie de torpezas sucedidas con la realización de las malogradas pruebas faro.
Ahora no hay pruebas de 6to grado al final de la primaria, ni pruebas de 9no año para la salida del III Ciclo de la Educación General Básica, ni tampoco tenemos pruebas de Bachillerato ni pruebas Faro, al concluir la secundaria, para que al final de todo el sistema formal los costarricenses podamos al menos saber cómo salen nuestros jóvenes. Si bien una prueba estandarizada no evalúa todo el aprendizaje, si es un parámetro importante para saber el estado de la situación.
Retomando el tema de la deserción, queda claro que entre más bajo es el nivel educativo donde ocurre, peor es el problema posterior. Sus implicaciones sociales son inmensas y contribuyen a la exclusión, potencia la pobreza, la desigualdad y la inequidad en al menos dos generaciones.
La deserción se define como la interrupción o desvinculación prematura de los estudiantes de sus estudios. Puede ser temporal o definitiva. Es un evento que, aunque le ocurre al estudiante, tiene repercusiones en la institución educativa, la familia y el sistema en su conjunto. No obstante, la que más sufre las consecuencias es la sociedad.
CAUSAS
Entre las principales causas que propician el abandono de los estudios, está la variable económica: muchas personas deben dedicarse a trabajar para llevar sustento a sus hogares, o padres de familia que no pueden hacer frente a las obligaciones económicas que significa tener un estudiante en las aulas. También hay variadas causas internas y externas tales como: dificultades propias del aprendizaje, falta de materiales e insumos, problemas de conectividad, acceso a recursos audiovisuales y de apoyo académico, deficiente formación docente en las universidades, poca atención a las necesidades educativas especiales, precaria infraestructura educativa, limitado servicio de transporte estudiantil, problemas de drogas, desinterés y desmotivación. La desintegración familiar, el abuso, la violencia en el hogar o en la comunidad, así como el embarazo adolescente, son también causas comunes de la deserción.
DATOS
Datos del MEP revelan que la deserción estudiantil en el año 2019 alcanzó en el país, el 7%. Mientras tanto, en los años 2020 y 2021 el porcentaje se acercó al 10%, sin embargo, por la pandemia y las clases virtuales que debieron improvisarse, estos datos no son estadísticamente creíbles. Habrá que esperar los resultados del regreso a las clases presenciales en este año 2022.
Costa Rica a pesar de invertir el 8% del PIB en educación, el doble del presupuesto constitucional que los demás países de la OCDE, obtiene resultados muy por debajo de la media de países de este selecto grupo. En el tema de la deserción tampoco ha sido eficiente en controlar esta dificultad y tener al mayor número posible de niños y adolescentes en las aulas. Datos del VII Informe Estado de la Educación, indican que el 8% de la población que debería asistir al tercer ciclo se encuentra fuera del sistema; a esto se suma un 23% que debería estar cursando la educación diversificada y no lo está.
POSIBLES SOLUCIONES
- Capacitación docente: el modelo educativo debe cambiar, no se debe seguir con un modelo basado en la enseñanza, debe enfocarse en un modelo centrado en el aprendizaje. El actor del proceso educativo no debe ser el educador, debe ser el estudiante. Esto trae implicaciones vitales sobre la evaluación. Si cambia la forma de enseñar y aprender, debe cambiar la forma de evaluar. Se debe promover más la resolución de problemas, trabajo en equipo, proyectos de investigación, más construcción cognitiva y mayor creatividad – versus – modelo memorístico y repetitivo tradicional. Nuestro cuerpo docente no está preparado para dar este salto como lo han logrado los países escandinavos, por ejemplo. Nuestras universidades no forman al personal docente para este cambio de paradigma.
Desde ahí debe intervenirse. Por el momento la capacitación para las actuales cohortes docentes será más que esencial.
- La institución educativa y el docente deben promover estrategias de aprendizaje, analizar el tipo de inteligencia de sus estudiantes con test de valoraciones psicopedagógicas. Esto orientará como aprenden los estudiantes. Las técnicas de aprendizaje son un enorme apoyo hoy día. Talleres de autoestima y motivación son esenciales en estos nuevos escenarios.
- Se debe enfocar el apoyo socioeconómico evaluando si las ayudas actuales están llegando a los estudiantes que más lo necesitan. Seguir haciendo lo mismo nos conducirá a lo mismo.
- La institución en conjunto con las autoridades, debe hacer los esfuerzos necesarios para contar con la mejor infraestructura, equipo, conectividad, bibliotecas, materiales, espacios para la recreación, el arte y el deporte. Todo visto de forma integral.
- El hogar: es esencial el papel de la familia, venido a menos. Si los padres siguen viendo a las instituciones como una guardería, no habrá cambio, ni mejora. Los valores más esenciales para salir adelante en el mundo académico se forjan en el hogar. La escuela solo los fortalece. No olvidemos el hogar es la primera escuela, y la escuela el segundo hogar. Achacarles a los docentes la culpa por el comportamiento de los niños y jóvenes es ilógico.
Ocupémonos todos de atender este tema, sino tendremos otra generación perdida, con daños colaterales irreparables.
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