China sí, pero no a cualquier precio

El comercio entre Costa Rica y China ha crecido de manera sostenida desde la firma del Tratado de Libre Comercio. Hoy, China es un proveedor clave de tecnología, maquinaria y bienes de consumo, mientras que Costa Rica exporta café, piña, chocolate, dispositivos médicos y otros productos de alto valor agregado. Esta relación es relevante para la economía nacional, pero no puede convertirse en dependencia.

Cuando un país concentra sus importaciones en un solo socio, aumenta su vulnerabilidad económica y política. La diversificación no es solo una recomendación técnica: es una estrategia de soberanía. Países vecinos como El Salvador han logrado equilibrar sus relaciones comerciales, ampliando proveedores y fortaleciendo su industria local. Costa Rica puede —y debe— avanzar en esa dirección.

El comercio bilateral ofrece beneficios claros: acceso a bienes estratégicos, oportunidades para la industria local y nuevos mercados para productos costarricenses. Sin embargo, también plantea riesgos que requieren atención. La calidad variable de algunas importaciones puede afectar la salud y la confianza del consumidor. La dependencia económica limita la autonomía del país. Y cuando lo importado desplaza lo que Costa Rica podría producir, se frena la innovación y la creación de nuevos negocios.

Costa Rica tiene capacidad para sustituir parte de lo que hoy importa de China. Sectores como juguetes, artículos escolares, utensilios domésticos, textiles y alimentos procesados premium pueden desarrollarse localmente con estándares de calidad y diseño propios. Al mismo tiempo, productos como café gourmet, piña orgánica, chocolate y artesanías pueden fortalecer la balanza comercial y proyectar identidad nacional en mercados internacionales.

La estrategia debe pensarse en tres horizontes. En el corto plazo, diversificar proveedores y reforzar controles de calidad. En el mediano, incentivar la innovación y sustituir importaciones de baja calidad. En el largo plazo, construir una industria competitiva y sostenible, capaz de exportar productos de alto valor agregado y proteger la soberanía económica.

El comercio con China ofrece oportunidades reales, pero Costa Rica no debe elegir entre China y el resto del mundo. La verdadera decisión es entre dependencia o autonomía. Diversificar, innovar y fortalecer la producción local es el camino hacia un futuro económico sólido y soberano.

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La autora es analista de política económica y desarrollo productivo.

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