“Chavestias”: El insulto más arrogante de esta campaña electoral

Imagen generada por IA.

En cada campaña electoral emergen apodos, etiquetas y motes que buscan ridiculizar al adversario. Pero hay términos que revelan mucho más que un simple afán de burla. Son palabras que, al ser repetidas sin pensar, dejan al descubierto prejuicios profundamente arraigados. Uno de ellos es, sin duda, el insulto más arrogante de esta contienda: “Chavestias”.

Este término, usado despectivamente para referirse a los votantes del rodriguismo, encierra una falacia peligrosa: la idea de que quienes apoyan ese movimiento son ignorantes, manipulables y carentes de formación. En pocas palabras, condensa un clasismo disfrazado de intelectualismo; una forma sutil pero devastadora de desprecio hacia los sectores populares que, con toda legitimidad, ejercen su derecho al voto.

El que insulta es el verdadero ignorante

Muchos de quienes repiten esta palabra lo hacen desde trincheras opositoras al rodriguismo, con un aire de superioridad académica o moral. Se presentan como defensores de la democracia, del pensamiento crítico o del “voto informado”, pero al mismo tiempo insultan a miles de costarricenses por su nivel educativo o su condición social.

Ese gesto no solo es ofensivo: es profundamente arrogante, antidemocrático y clasista.

Una república no se construye sobre la burla al pueblo, sino sobre el respeto a la igualdad de todos ante la ley, incluyendo el derecho a decidir en las urnas sin ser etiquetado como “bestia” por no pensar igual.

El resentimiento de las élites desplazadas

La fuerza del rodriguismo no nació en laboratorios ideológicos ni en aulas universitarias. Nació del cansancio profundo de miles de costarricenses que se sintieron ignorados, burlados y humillados durante años por una élite política, económica y mediática que hablaba de igualdad, pero gobernaba con privilegios.

Rodrigo Chaves conectó con ese malestar. Fue disruptivo, irreverente y desafió el discurso políticamente correcto. Y en lugar de analizar por qué ese mensaje caló tan hondo en el pueblo, muchos prefirieron burlarse de quienes lo recibieron con esperanza.

Ahí nace “Chavestia”: no como análisis político, sino como expresión de frustración elitista. Una válvula de escape emocional para quienes creían que el pueblo siempre votaría según los valores de una clase ilustrada que hoy se ve políticamente desplazada.

El insulto como estrategia

Lo irónico es que esta casta embriagada de arrogancia intelectual, son absolutamente iletrados en materia de estrategia política. Porque en democracia, insultar al votante es la forma más eficaz de perderlo para siempre.

¿Acaso alguien cree que se convence a una persona diciéndole “bruto”, “manipulado” o “bestia”? ¿Ese es el lenguaje de quienes pretenden educar, ilustrar o transformar un país?

Llamar “Chavestias” a quienes simpatizan con el rodriguismo no eleva el debate: solo alimenta el odio y el resentimiento político de quienes se creen los dueños de la democracia.

La desconexión emocional de la casta politiquera es alucinante: miran con desprecio al pueblo costarricense porque no soportan aceptar que los costarricenses hemos despertado para ponerle un alto a la corrupción.

El Rodriguismo es una causa popular, no una torre elitista

Quienes creemos en la libertad y en el respeto a la dignidad de cada persona debemos hacer una pausa. No para cambiar de principios, sino para responder a estos insultos con valentía y determinación, porque el destino de Costa Rica no puede ser una causa elitista, tiene que ser una causa popular.

Si no somos capaces de conectar con el clamor de un pueblo que grita “¡basta ya de corrupción y de escandalosos privilegios!”, entonces no merecemos representarlo.

Burlarse del votante por su condición social o nivel educativo es despreciar la inteligencia que demuestra un emprendedor, una ama de casa, un joven de barrio o un campesino cuando se empoderan y deciden que la libertad también le pertenece. Porque la libertad no es propiedad de ninguna casta ilustrada, ni privilegio reservado para las élites pseudo intelectuales.

Conclusión

“Chavestias” no es solo un insulto: es un espejo. Y lo que refleja es la distancia entre el discurso de superioridad de algunos sectores opositores al rodriguismo y el pueblo que clama por una Costa Rica diferente.

Si de verdad queremos un país libre, justo y digno, empecemos por respetar la inteligencia y la voz de cada ciudadano, incluso —y sobre todo— cuando no vota como la casta política espera.

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