En 1926, hace 100 años, específicamente el 14 de marzo, la estación del tren al Atlántico se convirtió en una morgue improvisada.
Cientos de muertos esparcidos ahí, en un hacinamiento macabro.
A las 8 y 17 minutos de aquel 14 de marzo de 1926,
El puente sobre el río Virilla se convirtió en una trampa mortal.
El conteo de muertos nunca fue oficial, pero se cree que fueron más de 400,
Convirtiendo al Virilla en la mayor tragedia ferroviaria de la humanidad hasta ese momento.
La Costa Rica de los polvorientos caminos, de tradiciones y leyendas.
La Costa Rica de 1926, con aproximadamente 400 mil habitantes, acaba de perder de un solo zarpazo a 400 de sus hijos.
En la Estación del Atlántico todos quieren ayudar.
Es una humana, pero desgarradora labor.
Cientos de cuerpos sin vida vienen del Virilla.
Y desde la Estación del Atlántico son trasladados al Hospital San Juan de Dios, donde son inyectados con formalina para su conservación e identificación.
El puente del rio Virilla, esta poderosa estructura fue puesta en este lugar en 1901, y que se conoció desde entonces como el Puente Negro, y fue testigo y parte de uno de los accidentes más grandes del mundo y el mayor de la historia de nuestro país.

Estamos en la estación del ferrocarril en Alajuela.
Son las 7 y 30 de la mañana del domingo 14 de marzo de 1926.
Un tren repleto de excursionistas se pone en marcha con destino a Cartago.
La locomotora número 40 arrastra tres vagones llenos de pasajeros que cantan, gritan y lo festejan todo a su paso.
La mayoría es gente de campo que se ha puesto sus mejores trajes.
Han dejado la pala, el surco y las labores domésticas con la esperanza de verle por primera vez el rostro a la negrita de Los Ángeles.
También van a colaborar con el asilo de ancianos de Cartago.
El boleto de tren es baratísimo, solamente un colón 50 céntimos.
Monseñor Volio, Yuno López y muchos otros colaboradores los vendían en todos los barrios de Heredia y Alajuela.
El convoy se detiene en Heredia para recoger tres atestados vagones más.
Ya para ese momento se empezaba a escribir una de las posibles causas del percance.
A una velocidad vertiginosa según las crónicas, en un ambiente de algarabía total, la máquina y los seis vagones se asientan pesadamente sobre los rieles.
Las declaraciones existentes revelan que el tren debió efectuar un abordaje más en Río Segundo de Alajuela.
Sin embargo, el tren pasó por la estación sin detenerse, a una velocidad que alarmó a los frustrados excursionistas.
El tren sigue su marcha, veloz, diferente, sin saber que tiene una cita con la muerte.
El abismo del Virilla espera.
El hierro del puente afina sus dientes para destrozar cientos de vidas y sueños.
De pronto,
Los tres últimos vagones quedan a la deriva.
La alegría se ha eclipsado en un segundo.
La tragedia está en la cara.
Un grito supremo de horror brota de todas las gargantas.
Saltan los carros sobre los rieles, crujen las estructuras, bajo un estruendo mortal…