
“María, la excelsa hija de Sión, ayuda a todos los hijos —donde y como quiera que vivan— a encontrar en Cristo el camino hacia la casa del Padre. Por consiguiente, la Iglesia, a lo largo de toda su vida, mantiene con la Madre de Dios un vínculo que comprende, en el misterio salvífico, el pasado, el presente y el futuro, y la venera como madre espiritual de la humanidad y abogada de gracia”.
De esta forma, San Juan Pablo II, en su Encíclica Redemptoris Mater (numeral 47), nos expresa parte de lo que representa la Virgen María en la historia de salvación, ella es la llena de gracia, dijo sí a Dios, concibió a Jesucristo, y con ello la humanidad entera alcanzó la plenitud de los tiempos.
Por eso, la Fiesta Nacional alrededor de la Virgen de los Ángeles es motivo de orgullo para los costarricenses y tantos y tantos peregrinos de otras latitudes que reconocen en ella el camino para llegar a Cristo.
A 384 años del hallazgo que marcó un hito para nuestra nación y para nuestra fe, vivimos momentos en que no podemos ser tibios con las convicciones que profesamos. Nos debemos precisamente al Verbo encarnado que dio la vida por nuestra salvación y se nos llama a ser mensajeros de Buena Noticia en medio de la sociedad.
Hoy más que nunca se nos invita a que como María digamos sí al Señor para que haga su voluntad en nosotros y en nuestra sociedad.
La Iglesia, fiel al mandato del Señor y a su propia misión, enseña a sus hijos y a las personas de buena voluntad de acuerdo a las verdades de la revelación de Dios y a la enseñanza constante y permanente de la misma Iglesia, pues ella busca el bien y la salvación de todas las personas que el Señor le ha encomendado. Esta es una misión indiscutible y un compromiso inclaudicable de parte nuestra.
Por eso, al proclamar la vida y defenderla desde su concepción hasta la muerte natural, verdades sobre las cuales se fundamenta nuestra fe, la Iglesia no hace más que cumplir su misión. En esta novena, camino a la solemnidad en honor a la Señora de los Ángeles, la Iglesia en Costa Rica ha proclamado el lema “con María celebramos la Vida” y lo hacemos orgullosos del don más sagrado que Dios nos ha dado.
También, celebraremos en agosto el mes de la familia, y por ello, hemos querido en la Iglesia acoger este don precioso para la sociedad y ponerlo a los pies de nuestra querida Negrita, Patrona de Costa Rica, que intercede con maternal afecto.
Cabe decir, una palabra más, sobre la misión que la Iglesia y sus pastores tenemos en medio de sectores que plantean una sociedad sin Dios.
“Se plantea así a toda la Iglesia el deber de una reflexión y de un compromiso profundos, para que la nueva cultura que está emergiendo sea íntimamente evangelizada, se reconozcan los verdaderos valores, se defiendan los derechos del hombre y de la mujer y se promueva la justicia en las estructuras mismas de la sociedad. De este modo el «nuevo humanismo» no apartará a los hombres de su relación con Dios, sino que los conducirá a ella de manera más plena”, decía San Juan Pablo II en Familiaris Consortio (numeral 8).
Pedimos a María, Reina de los Ángeles, como madre atenta y solícita, que interceda por nosotros ante Dios, para que cuide y acompañe siempre, proteja y bendiga abundantemente a esta nación.
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