
Ing. Carlos Roldán*
Definitivamente las declaraciones de Doña Christiana Figueres son ciertas: Costa Rica ha sido un ejemplo digno de emular en el aprovechamiento de energías renovables para producir electricidad. Según datos de la CEPAL, del año 1980 a 2014, Costa Rica generó 207,3 TWh de la cual, el 80,85% fue hidroeléctrica, el 2,48% eólica, el 10,19% geotérmica, un 0,29% con biomasa y tan solo un 6,19% fue producida quemando combustibles derivados del petróleo.
Utilizando datos tomados del sitio The Shift Project Data Portal; se tiene que, en el mismo periodo, a nivel mundial se produjeron 485 mil TWh: 18,45% hidroeléctrica, 0,81% eólica, 0,82% geotérmica, 1,18% con biomasa, 0,12% con otras fuentes renovables, 14,91% nuclear, 38,66% a partir de carbón mineral, 17,32% con gas natural y 7,74% con derivados del petróleo. En otras palabras, mientras en Costa Rica se generó el 93,81% con fuentes renovables, el mundo produjo un 63,72% quemando combustibles fósiles.
Al considerar las emisiones de CO2 que se producen al obtener la electricidad con cada tipo de fuente bajo el concepto de ciclo de vida, se podría concluir que, si todo el planeta hubiese generado la electricidad producida del año 1980 al 2014 de la misma forma que lo hizo Costa Rica, se habrían dejado de emitir 164 mil millones de toneladas de CO2, que representan el 6,0% de todo el CO2 que existe en la atmósfera.
Sin embargo, el compromiso nacional de generar el 100% de su electricidad a partir de fuentes renovables tiene su costo.
Las inversiones iniciales necesarias para transformar las fuentes renovables en electricidad son generalmente más altas que las necesarias para obtener electricidad a partir de gas natural, carbón o derivados del petróleo. Por esta razón, mientras se recuperan las inversiones, los usuarios deben enfrentar costos más altos cuando la matriz energética se basa en fuentes renovables que si contempla energías fósiles. La EIA (US Energy Information Administration), estima que los consumidores de electricidad con gas natural y carbón mineral deberán pagar solo 0,015 US$/kWh y 0,060 US$/kWh, respectivamente, para cubrir las inversiones iniciales de nuevas plantas de generación eléctrica con este tipo de energías. En cambio, los que consumen electricidad a partir de fuentes renovables deberán pagar: 0,071 US$/kWh si es hidroeléctrica, 0,058 US$/kWh si es eólica y 0,11 USS$/kWh si es solar.
Adicionalmente, existe un gran el riesgo de depender de una matriz energética 100% renovable. En países en donde se produce electricidad con fuentes fósiles, inmediatamente después de que una planta eólica, solar o hidroeléctrica entra a operar, toda la electricidad que produzca se podrá colocar en las líneas de transmisión desplazando plantas de carbón o gas natural, y como el consumo de estos combustibles se reduce, entonces el usuario final obtiene un ahorro.
En Costa Rica, la generación térmica promedio de los últimos 5 años fue de 808 GWh, sin embargo, del 2011 a la fecha entraron a operar las plantas Pirris, Pailas, Balsa Inferior, Chucas, Chiripa, Torito, etc., que junto con Reventazón y las otras plantas que entrará a operar en el 2016, generarán más de 3500 GWh.
Estimaciones propias, indican que, en el presente año, nuestras plantas a partir de energía renovable podrían generar casi 2000 GWh por encima de la demanda nacional, lo que representa la generación conjunta de Reventazón, Chucas y Orosí, y que de acuerdo con datos del ICE, representan un costo anual de US$ 240,5 millones de los cuales, un 91% (US$ 218,6 millones) corresponden al pago de la inversión inicial, adicionalmente, debemos pagar la inversión y los costos correspondientes a la planta térmica de Garabito, los que le sumaría al menos unos US$ 20 millones más.
Tomando en cuenta que la demanda proyectada por el ICE para el 2017 será de 11118,4 GWh, se tiene que deberemos destinar 0,0243 US$/kWh a pagar plantas de generación que estarán subutilizadas o que, si se ponen a operar a máxima capacidad, provocarán que otras plantas del sistema nacional de generación tengan que desperdiciar energía.
Considerando que cada hogar costarricense consume en promedio 220 kWh/mes; cada familia deberá destinar casi 35 mil colones para contribuir a pagar la inversión en plantas de generación con energías renovables que no operarán debido a que no desplazarán energía térmica, y si bien existe la posibilidad de exportar electricidad a Centroamérica, debido a limitaciones en las líneas de transmisión de Nicaragua, la ARESEP estima que tan solo será posible exportar menos de la quinta parte de la capacidad de Reventazón.
Por otro lado, es conveniente mencionar que desde antes del año 2011, Costa Rica cuenta con turbinas de gas con una capacidad de generación de 300 MW, que podrían generar hasta 450 MW si se convierten a ciclo combinado y si estuviéramos produciendo gas natural como lo hacen la mayoría de los países desarrollados, estas plantas junto con garabito estarían en capacidad de generar alrededor de 5000 GWh y la electricidad que habrían tenido que producir habría costado, deduciendo los ahorros por no generar con fuel oil y sin considerar los ingresos que el ICE habría obtenido por concepto de exportaciones, cerca de 230 millones de US$ incluyendo el pago de las inversiones requeridas, lo que equivale a cerca de US$ 32 millones por año. En cambio, del 2011 al 2016 la inversión total en plantas de energía renovables superará los US$ 3500 millones y equivaldrían a un costo anual de US$ 418 millones. En resumen, en el año 2017, la diferencia entre generar con gas natural en vez de utilizar fuentes renovables habría generado un ahorro de US$ 386 millones que equivale US$ 0,035/kWh. Por lo tanto, el costo de generar el 100% de nuestra electricidad en vez de utilizar gas natural nacional le cuesta a cada familia casi de 50 mil colones/año.
Esta es una de las razones por las cuales, la electricidad en los países que generan electricidad con fuentes fósiles propias, ofrecen la energía eléctrica al sector productivo a menos de 0,07 US$/kWh, mientras que en Costa Rica deben pagar más de 0,15 US$/kWh, lo que evidentemente, le resta competitividad a las empresas nacionales y les dificulta generar nuevos empleos.
El ICE estima que, en el año 2017, solo un 0,6% de la electricidad será obtenida quemando combustibles, pero para esto, se requiere que en el verano operen plantas hidroeléctricas que en invierno no tendrán a quien venderle la electricidad. Definitivamente, estaremos muy cerca de que el 100% de la electricidad sea renovable, pero debemos presionar para que otros países también hagan el sacrificio, de lo contrario, nuestra economía correrá un gran riesgo.
En cuanto al sector transporte, si bien Costa Rica depende prácticamente en un 100% de los derivados del petróleo, a nivel mundial la situación es similar: según la “Global Transport Scenarios 2050”. World Economic Forum, 2011, el 96% de la energía requerida por el sector transporte corresponde a derivados del petróleo. Por esta razón, antes de proponer reducir nuestra dependencia del petróleo produciendo biocombustibles como lo proponen prácticamente todos los políticos nacionales, se debe considerar seriamente, el impacto que tendrá en la competitividad nacional.
El costo producir diésel en Costa Rica podría ser inferior a 68 col/litro e incluye tanto el costo de producción de petróleo como el costo de refinación. En estos momentos el precio del diésel debería ser cerca de 395 col/litro (la Aresep está devolviendo ganancias de RECOPE equivalentes a 50 col/litro), de los cuales: 93 col/litro corresponden a la ganancia del productor de petróleo y la refinería que lo procesa, 138 col/litro son impuestos, 40 col/litro corresponde a los gastos de RECOPE para su distribución, 56 col/litro es el margen del transportista y la estación de servicio.
Actualmente, los biocombustibles se obtienen a partir de productos alimenticios como el maíz, la caña de azúcar y el aceite vegetal. En el caso del aceite, el que posee el menor costo de producción en Costa Rica es el obtenido a partir de la palma africana, y actualmente el precio internacional de este aceite es de US$ 560/tm, lo que equivale a 288 col/litro de diésel, al cual se le deben agregar al menos 30 col/litro para transformarlo en biodiesel, por lo que, aún en las condiciones actuales, costaría alrededor de 150 col más de lo que nos cuesta importar un litro de diésel.
En otras palabras, considerando que la demanda nacional de diésel es de 1130 millones de litros por año, el pretender producir y utilizar el aceite de palma en transporte, nos costaría 169 500 millones de colones por año, (313 millones de dólares) y que tendría que ser cubierto mediante aumentos en las tarifas de los autobuses, taxis y el costo final de todos los productos de consumo diario que, de una u otra forma, deban ser transportados utilizando vehículos de diésel. Justamente, este es uno de los aspectos por los que solo el 2% de la energía que requiere el sector transporte a nivel mundial, proviene de biocombustibles.
Definitivamente, debemos establecer acciones para reducir las emisiones de CO2 a nivel mundial, pero pretender que solo Costa Rica asuma el costo asociado a no depender del petróleo, es sencillamente un suicidio para nuestra economía.
* Investigador del TEC
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