¡Cambiemos miedo por amor!

» Por Ricardo Castro Calvo - Abogado y asesor Asamblea Legislativa

Nadie migra sin motivos. Se sueña con una vida mejor para sí, para las hijas, para los hijos, para la familia. Trabajo, alimento, agua, libertad, paz, salud, educación, reunión familiar son algunas de las causas de esperanza que nos hacen migrar.

En esta crisis provocada por la pandemia COVID-19, vivimos una segunda ola, en algunas zonas del país. Una de las causas para el aumento del contagio es la llegada de migrantes. La mayoría de estos seres humanos, huyen por la incertidumbre y falta de solidaridad mostrada por sus gobernantes. 8,000 personas fueron invitadas, por empresas que se encuentran en suelo costarricenses, a trabajar en sus fincas agrícolas. Otra motivación de las familias, es reunirse cuando el miedo les golpea.

Costa Rica tiene un 6% de población extranjera, especialmente nicaragüense, que vive permanentemente en el país. Son parte de la familia. Son hombres, mujeres, niñas, niños y personas adultas mayores que se han integrado a la vida nacional, como ha sucedido, desde todas las generaciones para atrás.

Pensemos y reflexionemos. Si estuviéramos en su situación ¿qué haríamos? Huir o esperar la muerte. Es obvio que, de la mano de nuestros hijos e hijas, caminamos a lugar seguro para sobrevivir.

Desechemos el corazón de piedra. Por miedo se culpa a los migrantes de la situación que se vive. No es así. Eso lo sabemos. La incertidumbre produce respuestas falsas aunque no tengan sentido. Los migrantes que recibimos huyen de lo mismo. No faltan camas ni espacios en las áreas de cuidados intensivos de los hospitales. Tenemos un sistema de salud robusto que nos brinda tranquilidad. Somos un pueblo educado que responde al llamado de los especialistas en salud.

Sí investigamos nuestro árbol genealógico descubriremos que somos migrantes. En alguna generación llegamos de otras tierras. Nuestros tatarabuelos, abuelos o los padres que dieron la vida, llegaron de suelos lejanos. Aquí estamos gracias a ellos.

No somos mejores pero podemos serlo. Nuestro amor puede ser más elevado que el miedo. Desde la cumbre del amor seamos mejores seres humanos.

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