
Tal y como lo señala el encabezado de este artículo, parece ser que las cosas no andan bien a lo interno del Partido Liberación Nacional y además, no dan el brazo a torcer en términos de reflexión y toma de decisiones. Lo cierto es que el PLN viene acumulando desde hace un tiempo, una serie de derrotas políticas que a la luz de hoy, representan una amenaza para la estabilidad del partido y para el interés de llegar eventualmente a Gobierno.
El arrastre de numerosos cuestionamientos éticos hacia miembros activos del partido, vinculados al narcotráfico y a los casos de corrupción, las más recientes prácticas de nepotismo que socavan las bases de un partido que necesitaba renovarse, la pérdida de visión que le lleva a tomar posturas impopulares y más recientemente, una pronosticada tercera derrota electoral, a partir de la representación de un liderazgo muy polémico, que no debió ser en primera instancia.
A todo lo anterior, se suma la renuncia de la expresidenta Laura Chinchilla, al Partido Liberación Nacional, quien no solo reconoce la situación de crisis partidaria que atraviesa, sino que también sostiene que el partido se resiste a tomar discusiones importantes que a la postre, han deteriorado el estado interno del mismo.
Esta decisión tiene una relevancia trascendental en el marco de la situación partidaria que atraviesa Liberación Nacional, precisamente porque su investidura otorga legitimidad a la decisión. Pero sobre todo, recoge y canaliza el sentimiento de un porcentaje amplio de liberacionistas y simpatizantes, así como aquellos que decidieron desde mucho tiempo atrás, dar un paso al lado a raíz del camino que tomó el partido.
Ciertamente, el Partido Liberación Nacional nunca había experimentado una situación de esta magnitud. La idea de replantear la forma con la que se hace Política, es probablemente el elemento que tiene al partido de cabeza y en ese sentido, la renuncia de Laura, es el talón de Aquiles de un partido soberbio, que se resiste a poner las barbas en remojo. Como agrupación política, no ha sabido canalizar las demandas y ha fallado en las respuestas.
El análisis de los resultados electorales demuestran que el PLN, ha perdido su más valiosa característica -ser un maquinaria electoral- y tener la capacidad de movilizar a muchos votantes. Los caudales han disminuido considerablemente y cada que el deber cívico nos convoca, dicho caudal va abriendo una brecha más y cada vez más grande entre el partido y sus adversarios. A modo de ejemplo y para los efectos suscitados, la victoria del partido de turno (Progreso Social Democrático) que sin tener la estructura megalómana que tiene el PLN y pese a los fuertes cuestionamientos de índole moral que sufrió el candidato (ahora presidente de la República) logró aventajarse en los resultados electorales de forma sorpresiva.
El sistema de partidos en Costa Rica atraviesa una coyuntura muy interesante de estudiar, debido a que, de forma muy notoria, el ciudadano común ha empezado a denotar en los partidos emergentes, una oportunidad de cambio para el país, por lo que las tendencias electorales han estado dirigidas en ese sentido. Muchos exdirigentes de los partidos tradicionales, han migrado hacia estos partidos en busca de nuevas soluciones, oportunidades y visiones.
El tradicionalismo en Costa Rica, representado principalmente por el Partido Liberación Nacional (PLN) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) no han logrado desde el 2010, en el caso del primero, llegar al poder. Esto obedece a la acuñada como propia, frase “rompimos con el bipartidismo” del partido Acción Ciudadana (PAC) que valga la pena manifestar, dejó una Costa Rica fuertemente polarizada y su salida quedó enmarcada por una serie de graves cuestionamientos a la falta del deber, la inoperancia y la ilegalidad.
Es posible vislumbrar las decisiones radicales a lo interno del PLN, en busca de brindar la estabilidad político-partidaria que merece, sin duda es una discusión que no se postergará nuevamente en el Directorio Político y que a todas luces comprometerá algunas “cabezas” en el Comité Ejecutivo del partido. Recientes declaraciones como las de los hermanos Arias, algunos exdiputados y la misma Laura Chinchilla, dejan de manifiesto su preocupación por el destino del PLN, pero recalcan aún más, la indisposición del partido por asumir la responsabilidad política, y en lugar de ello, han buscado culpables.
En virtud de la aceptación social que ha recibido la administración Chaves Robles, como efecto de su retórica popularizada, de una auténtica personalidad como gobernante de Costa Rica y de lo que lleva de su gestión, es oportuno señalar que el ciudadano comienza a percibir cada vez, lo que debe ser para el país. Sin mucha trayectoria política y sin muchos logros que atribuirse, el partido de Gobierno ha logrado devolver al ciudadano una confianza que había sido erosionada por partidos ya en mención. A todas luces, Costa Rica vive un fenómeno sociopolítico de gran relevancia, que marcará la historia de estas últimas décadas.
A título personal, si verdaderamente el Partido Liberación Nacional quiere seguir en la arena política, emprender luchas y llegar a Gobierno, deberá presentarse ante la ciudadanía como un partido reestructurado, que ofrezca oportunidades de inserción y formación política a los jóvenes y que el cambio generacional no suponga una simple herencia partidaria dejada por quienes no han sabido administrar al partido, sino que suponga la voluntad de su dirigencia por depositar la confianza en jóvenes que tienen el ánimo y aplomo de transformar al Partido Liberación Nacional.
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