Breve reflexión de la contienda electoral

» Por Marco Salas Alvarado - Estudiante de Relaciones Internacionales

Indudablemente la reciente campaña electoral quedará en la memoria de muchos costarricenses y será analizada durante varios años, la misma representa un antes y un después en la vida política del país y generó una polarización entre un sector progresista y otro conservador, llegando incluso a niveles casi peligrosos para la estabilidad social del país. Ninguno de los candidatos supo manejar dicha fragmentación y dirigir la temática electoral a una materia que generara menos división.

La misma estuvo enrumbada hacia temas de Derechos Humanos y religión, temas que no deberían ser resueltos mediante la vía electoral, alejando la contienda de argumentos que debían ser sustantivos para el electorado como el creciente déficit fiscal, la preocupante situación de seguridad, educación, infraestructura y salud. Ninguno de estos temas fue el verdadero eje sobre el que gravitó la competencia electoral.

Más allá de los temas circunstanciales que marcaron la decisión del pasado 2 de abril, cabe resaltar la importancia de hacer un minucioso análisis a los acontecimientos. No solo para subsanar las heridas que esta dejó en la sociedad costarricense, también como un llamado de atención hacia las agrupaciones políticas, recias a realizar una muy necesaria restructuración de su organización.

Teniendo claro que todo gobierno —indistintamente del partido del que provenga— sufre un desgaste producto de las interacciones políticas al estar a cargo del Poder Ejecutivo, y considerando que el PAC va a tener 4 años más al frente de esta dinámica, resulta fundamental que el resto de los conjuntos políticos se renueven y se refuercen de cara a  los próximos comicios. La prueba serán las elecciones municipales del 2020, afrontando esta realidad, el PLN y PUSC son los que tienen la tarea más grande.

Los partidos tradicionales que conformaron el binomio de la política costarricense durante gran parte del siglo XX ya no cuentan con los niveles de apoyo del pasado, los casos de corrupción que ambos grupos han sufrido ocasionaron que sus bases se hayan visto fraccionadas, naciendo de esas escisiones nuevas ofertas partidarias. La falta de nuevos liderazgos ha limitado la oferta democrática frente a una sociedad que ya no elige con los parámetros del pasado. No han logrado comprender el cambio social y las exigencias que esta transformación requiere.

Dentro de los partidos políticos queda la interrogante: ¿Qué hacer? Con el entendido de que los retos de dicha restructuración programática se deben hacer lo antes posible, advirtiendo que los espacios de discusión política actual son distintos a los del pasado, estos no derivan solamente desde los cuadros partidarios, de igual manera la movilización social (especialmente a través de redes sociales) constituye un factor de peso a la hora de tomar decisiones y por supuesto, teniendo muy claro que para las nuevas generaciones,   los referentes históricos antiguos son figuras lejanas que ya no tienen la misma relevancia a la hora de tomar una decisión en las urnas.

El pluripartidismo actual y las diversas propuestas partidarias no son perjudiciales y representan un indicio de una democracia consolidada y madura, sin embargo, la solidez, estabilidad y adaptabilidad de las mismas es pilar fundamental de nuestro sistema electoral y democrático. Estas características fungen como protección para que nadie pueda atentar desde la obtención del poder contra uno de los Derechos Humanos esenciales para la forma de vida pacifica característica de la sociedad costarricense: La Libertad.

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