¿Big Mac costaría ₡20.000 si la Sala Constitucional se trae abajo la reforma fiscal? ¿Ya tiene el gobierno Plan B?

Pese a la polarización que sufre el país, yo creo que todos coincidimos en algo: el déficit es real, y las consecuencias de no tomar decisiones económicas ya, pondría en riesgo la calidad de vida de todos los costarricenses.

Costa Rica es ese hogar donde por años se endeudó para gastar a manos llenas, y cuando veía que ya no tenía plata para pagar los préstamos, iba y sacaba otro para “refundir las deudas”. Gravísimo error, dicho sea de paso. Ninguna familia sale adelante endeudándose para pagar deudas ya existentes.

Ese hogar asfixiado por las tarjetas de crédito y los préstamos, ya no puede endeudarse más porque sencillamente ya llegó al tope de su capacidad de pago. Los bancos no le quieren prestar porque saben que esa familia no tiene de donde pagar, y además ya le han tenido que meter tasas de intereses altísimas para poder asegurarse recuperar su dinero.

Pues resulta que esa familia llegó al acuerdo de pedirle a cada integrante que aporte un poco más para poder salir adelante. Sin embargo, esa familia sabe que su acuerdo, a pesar de alcanzar mayoría, no está seguro, y su plan para rejuntar más plata, podría verse boicoteado por un tercer personaje: la Sala Constitucional.

Muy probable la Sala Constitucional se traiga abajo la reforma fiscal alegando “vicios de procedimiento”. Por ello el gobierno debe ir pensando en un Plan B para generar recursos frescos: ventas de activos. Vehículos, edificios, empresas, bancos y demás posesiones que no sean necesarias para el Estado.

Estamos de acuerdo en que esta reforma fiscal no es la mejor. Yo particularmente me opuse en que se grabara la canasta básica, la educación y los medicamentos mientras se exoneran grandes grupos de capital, como las cooperativas. Pero esta reforma fiscal es la que hay, y es un reflejo de los políticos que tenemos: incapaces y faltos de liderazgo para decir “este es el rumbo económico que requiere Costa Rica”. Amantes de “patear la bola hacia adelante” y expertos en no tener la capacidad de llegar a acuerdos políticos por el bien del país. Débiles antes grupos de precisión. Y últimamente, populistas que quieren quedar bien con Dios y con el diablo.

En síntesis: esto no es una reforma fiscal, es un rejuntado de textos sin planificación técnica -o al menos sin la mejor- que constituyen un parche al hueco presupuestario de proporciones kilométricas. Este parche es reflejo de la brillantez y capacidad de nuestros políticos. Si no se aprueba este parche, o la Sala Constitucional se lo trae abajo, el gobierno debe tener listas ya las medidas económicas a seguir para poder conseguir recursos frescos. De lo contrario el tipo de cambio del dólar se iría por las nubes, la inflación se dispararía y a todos un casado de ₡1.000 nos podría costar un día de trabajo y el alquiler de ₡37.000 un salario mínimo.

¡No quiero ni imaginar un Big Mac a ₡20.000!

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