Otra vez a resolver un tema de inmunidad, solo que esta vez a resolverse entre Navidad y Año Nuevo. Entre las vacaciones de fin y principio de año de los diputados y las próximas elecciones. Dentro del período electoral más decisivo. Con la ineficiencia típica de nuestros 3 poderes de la República. Qué podemos esperar, casi nada bueno, sencillamente solo podemos esperar más y más y más polarización. El problema es nuestra típica justicia lenta e incumplida. Ojalá que ocurra el milagro de que por lo menos la indeseable polarización pase desapercibida. Está claro que la imperfección de nuestras leyes obviamente procede de la obvia imperfección de los legisladores que humildemente elegimos cada 4 años. No puede pretenderse que leyes perfectas sean el resultado de esos nuestros legisladores de turno. Diputados nuevos unos y repitentes otros, pero primeramente elegidos internamente en cada partido político por unas cuantas decenas de sus familiares y partidarios, antes de que todos los demás costarricenses podamos votar por alguno o por ninguno de ellos. El Tribunal Supremo de Elecciones debería exigir más y mejores requisitos a los partidos para seleccionar mejor a sus candidatos a diputados. Al final del día, son diputados escogidos por los partidos políticos, pero terminan siendo padres de la Patria. Casi nada. La mayoría legislativa de un solo partido puede cambiarlo todo. ¿Para bien o para mal? No hemos necesitado elegir mayorías legislativas de ningún partido para tener malos gobiernos. Por el contrario, necesitamos que por fin, todos los funcionarios públicos y todas las instituciones públicas hagan todo lo que se supone tienen que hacer. Obvio. Pero siguiendo los procedimientos y leyes establecidas. Lo contrario es anarquía. Muy importante el tema este de defender la institucionalidad de nuestro país. Pero también es muy necesario fortalecer los controles internos y externos para que todas nuestras instituciones públicas sigan cumpliendo con sus objetivos, propósitos y metas para las que fueron creadas, en beneficio de todos los costarricenses. Hace muchos años todas las instituciones públicas se preocuparon por definir y poner por escrito, la visión y la misión de cada institución. Ojala que tanto esa visión como la misión sean objeto de actualización, seguimiento y evaluación de cumplimiento, por lo menos anualmente.
En la Asamblea Legislativa, los diputados tienen mucho que hacer, mucho que arreglar, mucho que corregir. Empezando por recordar que según el TSE, los diputados electos, representan a las diferentes comunidades del país, excepto los mal llamados diputados nacionales, que son escogidos a dedo por el candidato presidencial, que antes era uno y ahora el PUSC quiere que sean dos. Lo importante es que tengamos trabajo productivo en beneficio de nuestro país y en beneficio de todos los costarricenses. No puede ser que los diputados sigan reeligiendo hasta por 8 larguísimos años a magistrados y jueces en el poder judicial, habiendo miles de costarricenses hasta con más requisitos y hasta con más deseos de servir a la Patria, para esos mismos puestos. Desde la antigüedad siempre se nos ha insistido con el cuento de que la justicia es ciega. La verdad es que en la actualidad y con tantos avances en todos los campos de las ciencias y las tecnologías, ya no se justifica que la justicia siga siendo ciega y, menos en un pequeñísimo país como Costa Rica, de escasísimos recursos económicos. Está claro que todas nuestras instituciones adolecen de muchos defectos, pero es que si de defectos se trata, también los 3 poderes de la República tienen muchos defectos. Entonces, por dónde empezamos, quién arregla a quién? Es el poder ejecutivo quien nombra a sus ministros y viceministros, también es el poder ejecutivo quien nombra juntas directivas y presidentes de instituciones públicas, embajadores y un sin número más de funcionarios públicos. Los partidos políticos son quienes escogen a los futuros diputados. Los diputados son quienes eligen y reeligen a magistrados y jueces del poder judicial hasta por 8 larguísimos años. Por dónde empezamos, quien arregla a quien? Para eso es un cambio de gobierno. Para que el nuevo gobierno arregle lo que haya que arreglar. Todos esos funcionarios también tienen montones de asesores que los pagamos todos los costarricenses.
Ahora resulta que gobernar, en el presente, significa estar planeando un futuro gobierno y encima de eso, depender de la obtención, casi nada, de 38 o más diputados, para ser y hacer un supuesto gobierno exitoso. Suponíamos que un cambio de gobierno significaba que el nuevo equipo de gobierno traía un nuevo y completo plan de gobierno para arreglar todo lo que había que arreglar y hacer todo lo que había que hacer, que no habían hecho o habían dejado de hacer los últimos gobiernos. Pero no, por lo visto, gobernar en el presente, significa estar planeando qué hacer en un futuro próximo gobierno y, dependiendo de si se obtiene mayoría absoluta de diputados, casi nada. El quiebre del voto que hacemos tradicionalmente los costarricenses es porque no confiamos en nuestros gobernantes y en los 3 poderes deben conseguir las mayorías necesarias mediante acuerdos entre los diversos partidos políticos. No puede ser que todas las sanciones que hay que ejecutar para defender al Estado y por ende a sus habitantes, a todos los demás costarricenses, tarden años y años y hasta prescriben: la trocha, el cementazo, el caso cochinilla, el caso diamante, ahora el caso barrenador y otros casos en este gobierno, los privilegios de las convenciones colectivas del sector público, el combustible de los diputados y otros funcionarios públicos, las pensiones de lujo, los pagos de más dizque por errores en las planillas del ministerio de educación y otras instituciones públicas, las repúblicas independientes, el abandono de la educación pública primaria y secundaria por privilegiar al FEES, carreteras y hospitales en lento proceso, en fin. El problema es nuestra justicia lenta e incumplida. Son las personas, no nuestras instituciones ni nuestra institucionalidad. Necesitamos mucha más acción y mucha menos polarización.
Ya no es suficiente que el TSE siga solo garantizando el conteo de los cada vez menos votos de nuestras elecciones nacionales. Ya no es suficiente que la Asamblea Legislativa siga produciendo leyes con una gran cantidad de portillos que las hacen ineficientes. Ya no es suficiente que el Poder Judicial insista en seguir compitiendo con la CCSS alargando las interminables listas de espera, en este caso, de resolución de expedientes judiciales. Ya no es suficiente que la Defensoría de los Habitantes insista en hacer estudios para solo emitir opiniones y recomendaciones que nadie le hace caso. Ya no es suficiente que la Sala IV insista en seguir esperando que seamos los demás costarricenses los que les digamos lo que tienen que hacer para que nuestras leyes y los artículos constitucionales cumplan con su obvio propósito de defender a Costa Rica y a todos los costarricenses. Las personas que tienen el honor de recibir sus salarios, honorarios y privilegios en todas esas instituciones también son ciudadanos costarricenses, que con más conocimiento de causa, saben qué hay que hacer y cómo hacerlo para cumplir con la misión y la visión original en la creación de esas instituciones. Ya no es suficiente para estas instituciones públicas solo cumplir y celebrar aniversarios. Es obvio que la eficiencia requiere de mucha capacidad o mucha experiencia. No hemos necesitado elegir mayorías legislativas de ningún partido para tener malos gobiernos.El problema es nuestra justicia lenta e incumplida. Son las personas, no nuestras instituciones ni nuestra institucionalidad. Necesitamos mucha más acción y mucha menos polarización. El quiebre del voto que hacemos tradicionalmente los costarricenses es porque no confiamos en nuestros gobernantes y en los 3 poderes deben conseguir las mayorías necesarias mediante acuerdos entre los diversos partidos políticos.