¿Por qué un sistema de becas termina excluyendo a los estudiantes más pobres? Me pasó a mí: en el TEC me dieron una beca parcial, pero igual debo hacer actividades informales para pagar mis estudios. No soy una excepción.
El problema no es la falta de dinero, sino cómo se reparte. Las universidades estatales miden la pobreza con formularios donde el ingreso familiar pesa más de la mitad. No importa si usted vive en una región cara, si sus padres no pueden firmar un papel o si su familia tiene deudas. El sistema aplica la misma regla para todo el país. Por eso miles de estudiantes calificados quedan fuera cada año.
La trampa más grande es el fiador. El programa de beca-préstamo del TEC exige dos codeudores con ingresos sólidos. ¿Y si su familia no los tiene? No entra. Punto. Mientras tanto, un estudio del propio TEC reveló algo contraintuitivo: dar un préstamo que se paga después funciona mejor que regalar una beca. ¿Por qué? Porque el compromiso de devolver el dinero incentiva al estudiante a no abandonar. Otro estudio de la Universidad Nacional confirmó que los jóvenes más pobres son los que más desertan. Justo los que más necesitan ayuda son los que menos se gradúan.
Las universidades no publican cuántos becados abandonan. Esa falta de transparencia es parte del problema. En la UNED, las becas de estímulo mejoran la graduación (38% frente a 14% de los no becados), pero el dinero solo no resuelve la deserción. Factores vocacionales, motivacionales y de acompañamiento pesan igual o más. La beca ayuda, pero resulta insuficiente si no se complementa con mecanismos que generen compromiso.
Aquí entra mi propuesta: migrar a un préstamo contingente al ingreso. El Estado presta el dinero sin fiador (el propio Estado actúa como garante), y el estudiante solo paga después de graduarse, y solo si gana más de un salario mínimo. Si se queda sin trabajo o gana poco, paga cero. Así funciona en Australia, Reino Unido, Nueva Zelanda y Chile. Los estudios de la economista Lorraine Dearden (University College London) demuestran que el Estado recupera el 94% de su inversión, los egresados pagan solo el 3.9% de sus ingresos en promedio, y si pierden el trabajo, no pagan nada.
Ya tenemos un paso adelante en Costa Rica: CONAPE presta sin fiador a población vulnerable a través del Fondo de Avales, con tasa 0% durante el estudio. Solo falta ampliar esa lógica a todo el sistema universitario estatal.
No se trata de quitar las becas, sino de usar mejor la plata. El préstamo contingente al ingreso no elimina la deuda, pero la hace justa: solo se paga si el graduado tiene ingresos suficientes. Si le va bien, aporta. Si no, no paga nada. Así no hay mora, no hay acoso de cobradores, y el dinero vuelve al sistema para financiar a otros.
La pregunta no es si podemos hacerlo. La pregunta es: ¿por qué seguimos sin hacerlo?