Asesores electorales: un rol invisible que sostiene nuestra democracia

» Por Fernando Ulloa - Politólogo y Director de Programa IPADES

En las repúblicas democráticas suele afirmarse que la democracia funciona y es valiosa gracias a su ciudadanía. Son los ciudadanos quienes participan, se involucran políticamente y forman parte de las diversas fuerzas vivas de sus comunidades. También se aplaude el buen funcionamiento de las instituciones y la labor de sus jerarcas, lo cual es justo reconocer. Sin embargo, durante los procesos electorales solemos olvidar a un grupo de personas que hacen posible el desarrollo de esas jornadas cívicas. Son quienes, entre banderas y emblemas partidarios, permanecen en gran medida invisibles, aunque gracias a ellos en nuestro país libre y democrático podemos ejercer el derecho al voto.

El Código Electoral establece que los asuntos registrales y electorales corresponden al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). A partir del artículo 32 del Código aparece una figura fundamental mencionada en repetidas ocasiones: el asesor electoral. Este agente, designado por cantón y, en algunos casos, varios asignados por cantón debido a la extensión territorial. Este agente cumple un papel esencial en la organización y el éxito del proceso electoral.

El asesor electoral es responsable de instalar las Juntas Cantonales y las Juntas Receptoras de Votos (JRV). Sin estas juntas, ninguna elección podría llevarse a cabo; y sin el trabajo del Asesor Electoral, dichas instancias no podrían ofrecer el servicio electoral de calidad que merecen los costarricenses debidamente empadronados y dispuestos a ejercer su voto.

Entre sus múltiples labores destacan: la instalación y capacitación de las Juntas Electorales, la formación de los miembros de las JRV designados por los partidos políticos, la preparación de los auxiliares electorales y de accesibilidad, la ratificación de los centros de votación, y la coordinación de la recepción, revisión y entrega del material electoral. Además, la noche de las elecciones, debe garantizar la recolección y retorno seguro de cada tula al TSE.

Detrás de estas tareas existe un trabajo arduo y silencioso: largas jornadas, múltiples giras cantonales lejos de la familia, coordinación con la Fuerza Pública y el Cuerpo Nacional de Delegados, y una avalancha de trámites y documentos que exigen precisión y compromiso. Son días sin descanso y noches sin sueño, donde el cansancio y el hambre ceden ante la responsabilidad de que todo esté listo a tiempo. Es una labor de sacrificio pocas veces reconocida, pero que merece el aplauso sincero de cada costarricense. Los Asesores Electorales son, en muchos sentidos, un Atlas que sostiene sobre sus hombros la democracia de nuestra nación.

Sin duda, el trabajo de todo funcionario del TSE merece reconocimiento, especialmente en los procesos registrales y el día de las elecciones. No obstante, la figura del asesor electoral debe ser particularmente destacada. Contratados y capacitados por el Departamento de Procesos Electorales (DPE), estos profesionales son la cara visible del TSE en cada cantón y el pilar que asegura que la democracia costarricense funcione con transparencia y orden. Reconocer su esfuerzo es honrar el espíritu cívico y la integridad de nuestra amada Costa Rica.

Este artículo va dedicado a ustedes mis amigos Asesores Electorales, son los héroes cívicos ante los cuales me quito el sombrero. Felicidades, lo lograron a pesar de las adversidades.

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