Araya y el Derecho a la Felicidad ¿Una ocurrencia?

Resulta que en el plan de gobierno de Costa Rica Justa y Rolando Araya, se propone reconocer un derecho a la felicidad que motivó la duda y la broma de muchas personas. Sencillamente les pareció poco serio. Pensaron, con toda seguridad, que se había fumado la hectárea de cáñamo con la que bromeó en uno de los debates de la pre campaña liberacionista.

Puede que a Araya le fallara la comunicación al exponer la idea, como le ha sucedido a casi todos los candidatos con alguna de sus propuestas, pero ¿de verdad la felicidad es un objetivo ridículo?

Imagínense que si de verdad fuera algo digno de burla, ni siquiera sería algo nuevo. La primera vez que la felicidad se planteó expresamente como uno de los ideales orientadores de un proyecto político fue en la Constitución de los Estados Unidos de América, que reconoce que:

“todos los Hombres son creados iguales, que su Creador los ha dotado de ciertos Derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad”

Esta declaración no es simple retórica para adornar el texto, sino una demostración de pragmatismo a la hora de plantear la justificación del contrato social que sustentaba aquel experimento político.

El Diccionario de la Lengua Española define la Felicidad en tres sentidos. La describe como “el estado de grata satisfacción espiritual y física”, como “la persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a ser feliz” y también como la “ausencia de inconvenientes o tropiezos”.  Es decir, no la entiende únicamente como un estado de ánimo, sino también como el conjunto de condiciones materiales para lograrlo, y como si esto no fuera suficiente, la definición alude también a la necesidad de eliminar los obstáculos para alcanzarla. Podemos ver esto en términos individuales pero también colectivos, y en este último caso estaríamos hablando ni más ni menos que de desarrollo humano.

Perseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible que promueve la ONU y discutir sobre todo lo necesario para que se materialicen en la vida de cada persona y comunidad, es plantearse la felicidad que define el Diccionario de la Lengua Española como objetivo político, tal y como lo hicieron en su tiempo los redactores de la Constitución de Estados Unidos de América. Cada uno en su contexto, pero se trata de lo mismo

El tema se estudia cada vez más y ya se acepta como parámetro para medir y comprender la realidad de un país en materia de calidad de vida y salud mental. Convergencia donde reside su justificación. Hablar de la felicidad como objeto de la política pública es hablar de las condiciones materiales del desarrollo humano y Sostenible en el contexto de la salud mental.

El Informe Mundial de la Felicidad, así como se lee, que se publica anualmente por la Red de Soluciones para un Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, señala que Finlandia ha sido uno de los países que mejor se ha adaptado a los desafíos del coronavirus, que no son únicamente sanitarios, sociales y económicos.

Hoy la felicidad se admite como un factor vital al evaluar la calidad de vida de las sociedades modernas.

Hablar de lo que se necesita para reactivar la economía, estimular la creación de empleo en un medio seguro y de igualdad en materia de oportunidades, hablar de educación, de su crisis actual y de cómo superarla, hablar de conservación de la naturaleza y cómo aprovechar sus recursos para mejorar las condiciones de vida, en el contexto de la pandemia y sus secuelas sobre la salud mental, es hablar de cómo alcanzar la felicidad.

En conclusión, yo no sé si usted amigo lector votará o no por Rolando Araya, pero yo no descartaría a un candidato que está hablando de aquello que todos buscamos para nosotros y nuestras familias.

Al final de cuentas, devolverle al pueblo una Costa Rica Justa es imposible si no se tiene como objetivo la felicidad de los costarricenses.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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