
Hoy el país está en huelga. Muchas personas acuden a las calles, buscando amparo en el derecho de expresión, para ejercer presión en decisiones políticas que en definitiva marcarán el futuro próximo de nuestro país. Muchos otros pagan esta factura, enfermos, trabajadores privados, estudiantes, micro empresarios, muchísimos ciudadanos que dependen del frágil equilibrio socio económico, también hoy, tratan de salir adelante en medio del paro nacional.
No es un escenario fácil de leer, es complicado adoptar una posición entorno de un clima dónde ha reinado la desinformación. Pero aún sin establecer una postura con respecto al plan fiscal, resulta necesario reflexionar sobre las pasadas elecciones.
Aquellas, dónde algunos partidos políticos irresponsables, redujeron la importancia del tema fiscal, para dar espacio a discusiones que, si bien son importantes, en definitiva, no justificaban el mayor espacio dentro del debate público, reduciendo a un par de respuestas populistas, las dos o tres preguntas que se relacionaban a la crisis que hoy enfrentamos.
El gran tema en las elecciones, debió ser la tarea fiscal. La decisión del electorado, debió responder a la mejor propuesta de solución y no respecto a temas que, en ocasiones, ni le competen al poder ejecutivo.
Las alternativas a esta crisis, debieron ser expuestas, estudiadas y debatidas de manera pública en la prensa, en los debates televisivos, en los programas radiales, en las redes sociales, en la academia, en las casas y en los centros de trabajo. Pero el pueblo costarricense, estaba obnubilado en discusiones que, en retrospectiva, no merecían ese porcentaje de importancia.
Vemos el panorama y es más complejo que hace un año, cuando los debates electorales divagaban torpemente entre banalidades y espejuelos, y en este momento, la desinformación ciudadana es sin duda el mayor aliado de ambas tendencias, que han hecho del grito de emergencia una gruesa cortina de humo para evitar un diálogo público y transparente.
Pero no vengo a defender ninguna postura, vengo a reclamar a los responsables de ignorar durante las elecciones el tema fiscal.
Primero a esos partidos políticos que, en buscaron capitalizar votos, prefirieron ignorar un tema desagradable para la población, preocupándose por discutir cuestiones más populares, aunque menos trascendentes.
Al igual, interpelo a muchos medios de comunicación, que cubrieron y enfatizaron temáticas secundarias, para ganar audiencia y para no complicarse, porque al fin de cuentas, hablar de la crisis requería sin duda, mayor esfuerzo de investigación que, por decir algo, el tema del Estado laico.
Pero ante todo, el llamado de atención es a nosotros mismos como país, por ingenuos, pasivos, manipulables y domesticados, permitiendo que el odio dividiera Costa Rica, en tiempos que requeríamos consenso y diálogo.
Porque quizá hace algunas décadas, resultaba imposible la organización ciudadana, pero hoy, los medios tecnológicos abren el acceso a la información y al diálogo, como nunca antes. Por eso como ciudadanos, también debemos asumir en esto, nuestra cuota de responsabilidad. Y es que muchos, prefirieron inundar sus redes sociales de odio, en vez de sostener una conversación asertiva.
Ahora debe ser mayor el esfuerzo por resolver el problema de manera democrática, atendiendo el interés común y la justicia tributaria. Demostrar capacidad de diálogo es urgente, que la información se transmita de manera transparente y ética, es quizá el mayor de los retos. Y sin duda, aprender de nuestros propios errores, la principal de las tareas, con el fin de adoptar posiciones más críticas y de asumir nuestras responsabilidades.
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