El pasado 01 de octubre el soberano fue convocado a las urnas por el TSE, las que abrirán en el país de 6 am a 6 pm el próximo 01 de febrero para votar por la Presidencia, Vicepresidencias de la República y diputaciones, como práctica y consecutivamente ha sucedido cada 4 años desde 1953.
En esos comicios podrán sufragar en el país 3.731.788 costarricenses, es decir, 160.981 más que las personas que podían hacerlo en las elecciones del 2022. Igualmente, 67.270 ciudadanos están autorizados para elegir la Presidencia en el extranjero (en 49 consulados distribuidos en 42 países), y 96.433 recibieron su naturalización y tendrán derecho a votar como costarricenses. Solo en Estados Unidos se empadronaron 44.580 “Ticos”. En https://www.tse.go.cr/comunicado1107.html.
Dicho padrón electoral sigue siendo mayoritariamente femenino (1,881.567 mujeres), lo que significa 31.346 más que los 1. 850. 221 hombres. Además, cerca del 44% (1.65 millones) está compuesto por personas de 18 a 39 años. Históricamente, ellas se abstienen menos o votan más que los hombres.
También el aspecto territorial es crucial, pues San José concentra la mayor porción del padrón (1.191.100 electores, de los que en su Cantón Central hay 238.939), mientras que Limón como provincia registra la menor parte con 313.778 personas (https://www.tse.go.cr/comunicado1107.html ).
En total, habrá 2.130 distritos electorales distribuidos en los 492 distritos administrativos que alojarán las más de 7.000 juntas receptoras de votos que operarán en el país. En San José, Alajuela y Puntarenas se ubica la mayor cantidad de circunscripciones electorales; algunas de estas son especiales porque permitirán el voto de 10.730 personas en centros penales, de 2.743 en hogares de larga estancia y 44.181 ciudadanos en territorios indígenas. (https://www.tse.go.cr/comunicado1107.html ).
El proceso electoral solo es posible con la intervención de las agrupaciones partidistas, solitariamente habilitadas por el régimen “partidocrático” para postular las candidaturas. Ahora, durante el año 2025 el CIEP (ciep.ucr.ac.cr) evidenció en 3 de sus estudios de opinión, que en promedio más del 75% de la ciudadanía no tenía afinidad ni simpatía por los “desconectados” partidos, que cautelados por el “sistema” se tornan resilientes pese a su pobre desempeño, y tienden a reproducirse con alguna facilidad cada ciclo electoral.
Por ejemplo, en el 2010 se registraron 9 partidos para la elección presidencial; en el 2014 lo hicieron 13 al igual que en el 2018, mientras que en 2022 intervino la inédita cantidad de 25 grupos partidistas para la Presidencia, y actualmente lo hacen 20.
Con la ruptura del bipartidismo en 2002, y el reciente advenimiento de liderazgos fuertes no tradicionales, esa proliferación partidaria es procesada como expresión de pluralismo, libertad y profundización democrática al ensancharse la oferta electoral, sin embargo, la escalada de corrupción política y pública, el déficit de representación, la postergada reforma estatal, baja calidad en la prestación de algunos servicios esenciales, demandas estructurales insatisfechas y acumuladas e insuficientes políticas públicas de impacto, ponen en aprietos dicha presunción.
A esas “disfunciones” sistémicas se suma otro indicador poco favorable: de todos los partidos que postulan candidaturas a la elección presidencial y diputadil, pocos son efectivos para alcanzar representación parlamentaria, es decir, no logran la Presidencia ni suelen conseguir una diputación pese al esfuerzo previo para organizarse e inscribirse.
En efecto, durante el periodo legislativo 2006-2010, 8 partidos alcanzaron representación, pero 4 solo con una diputación; en el cuatrienio 2010-2014 se repitió esa cantidad, aunque 3 agrupaciones con un escaño; en las legislaturas del 2014 a 2018, 9 fueron los partidos con representación de los que 3 tenían una diputación, y de 2018 a 2022, 7 partidos llegaron al Legislativo de los que 1 lo hizo con un solo escaño.
La actual Asamblea la integran 6 agrupaciones que original y cuantitativamente eran más homogéneas, pero debido a la simplicidad con la que puede ponerse fin a las divisas por las que libremente votaron los electores, 7 diputaciones se “declararon” independientes y seguidoras de la voz de su consciencia, afectando la integración inicial.
En esas circunstancias puede comprenderse la apatía y el “desalineamiento partidario” evidenciado por el CIEP en reiterados estudios de opinión, y que alimenta en parte el comportamiento electoral de las personas, que paulatina y sostenidamente se ha alejado de las urnas, erosionando de paso la legitimidad de origen de las autoridades electas. Véanse las siguientes cifras.
Según las series históricas de elecciones del TSE www.tse.go.cr (en: elecciones cifras.pdf) el abstencionismo relativo en 1953 fue de 32.8% y en 1958 de 35.3%, no obstante de 1962 a 1994 se visitarían más las urnas pues el abstencionismo en promedio sería de apenas 18.80%. Pero, repuntaría a más del 30% de 1998 a 2022, siendo este el año en el que la ausencia de las mesas de votación en primera vuelta alcanzó el récord del 40%.
En la democracia plena costarricense abundan los partidos, pero escasea la oferta y representación política de calidad; los procesos electorales se han optimizado sin embargo los costarricenses participan menos en ellos, y una longeva institucionalidad precisa cambios que “sin querer queriendo” no llegan desde hace muchos años. Este 01 de febrero hay que salir a votar y hacer historia.