Al Frente Amplio le gustan los rótulos para callar… y más Estado para controlarte

El Frente Amplio repite la etiqueta “extrema derecha” para ocultar su extremo real: más aparato estatal, más filas, menos libertad. El antídoto es sencillo: límites al poder, ley pareja y libertad responsable.

Usan la etiqueta como mordaza para acallar a quien no piensa como su ala más dura. Pero el efecto es boomerang: en lugar de discutir ideas y resultados, tapan su propio extremo. ¿Cuál? Más Estado y menos ciudadano.

Ser liberal en lo económico y conservador en lo social significa reglas claras para producir sin pedir favores; familias fuertes que enseñan responsabilidad; seguridad con límites —orden sí, pero bajo Estado de Derecho—; y ley pareja que no distingue entre amigos del poder y ciudadanos de a pie.

Lo verdaderamente extremo es engordar el aparato como fin en sí mismo; castigar al que produce con trámites e impuestos (muchas veces progresivos); administrar la pobreza con discursos mientras quienes presumen “superioridad moral” conservan privilegios. Te hablan de “justicia social” y te topás con ventanillas duplicadas, permisos que no sirven y un “vuelva mañana” que devora horas que son vida: menos tiempo con tus hijos, menos tiempo para emprender, menos justicia pronta y cumplida.

La única contundencia que vale es anticorrupción sin espectáculo: debido proceso, sanciones proporcionales, inhabilitación real y recuperación íntegra de lo robado, con seguimiento público. Sin nuevos feudos burocráticos que solo cambian de ventanilla el mismo privilegio. Propiedad privada y contratos cumplidos: sin seguridad jurídica no hay inversión, empleo ni movilidad social. Apertura comercial y menos barreras: la competencia baja precios, mejora calidad y rompe monopolios.

Otro espantajo es decir que “privatizamos todo”. Falso. La regla es clara: competencia donde se pueda, Estado donde haga falta y cuando haga falta, intervención pública solo ante fallos probados, limitada en alcance y tiempo, evaluada de forma independiente y con salida predefinida si no supera en costo y calidad a las alternativas privadas o mixtas. Justicia, seguridad y garantías de derechos se refuerzan, pero se gestionan con métricas de desempeño; en el gasto no esencial, presupuesto base cero.

En lo social, firmeza sin gritos: libertad de conciencia y de asociación; reconocimiento del rol de la familia como primera escuela de virtudes cívicas; cero ingenierías sociales desde el Estado. Orden con libertad, no orden sin libertad. El que roba, paga; el que trabaja, avanza.

¿Y cómo se ve en la práctica? Dejando producir sin tramititis; fin de exenciones y pensiones de privilegio con recuperación de bienes a corruptos; compras públicas por desempeño; reguladores que midan costo–calidad, no que repartan permisos; seguridad profesional evaluada por resultados y justicia con plazos que se cumplan. Menos tarima; más tablero de control.

Por eso necesitan los rótulos: para callar el debate y encubrir resultados pobres. Si cuestionás la tramititis, sos “extremo”. Si pedís cortar privilegios, sos “extremo”. Si querés medir presupuesto por resultados, sos “extremo”. No es cuestión de tonos ni de etiquetas: o entregás resultados sin romper libertades, o estorbás.

A quienes desde el Frente Amplio y curules afines usan la etiqueta como descalificativo, les recuerdo algo básico: la inteligencia de millones de decisiones libres supera a cualquier oficina que pretende centraliza poder. Cada intento de dirigirlo todo termina en colas, costos y clientelismo. Su extremo es el estatismo para controlarte.

Frente al mantra de “extrema derecha”, ponemos en la mesa lo esencial: límites al poder, responsabilidad personal y ley pareja.

Que sigan con los rótulos si quieren. Nos quedamos con lo que importa: devolver control al ciudadano. Devolver tiempo —el que hoy se va en filas—, salario —el que se diluye en trámites y cobros extra (tasas, timbres, cánones y “aportes” obligatorios)— y decisión sobre la propia vida. Con reglas claras, competencia abierta, instituciones que sirven y un Estado que deja de estorbar.

Ley pareja, camino libre. Lo demás, estorba.

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