Nuestros procesos electorales tienen mucho que mejorar para proveer, más y mejores políticos y funcionarios públicos, con más y mayor capacidad o experiencia y con más y mayores deseos de servir a la Patria. Para nosotros los votantes, qué maravilla la internet y todas las redes sociales actuales para enterarnos de inmediato de todo lo que hacen y no hacen los gobiernos de turno. Antes había que depender de periódicos y noticieros apenas para medio enterarse, semanas, meses y años después, de lo que ya se había hecho y que de por sí, ya nada podíamos hacer. También es muy importante la participación cada vez, de más y más costarricenses por medio de todas las redes sociales, ahora que están de moda, para ayudar finalmente a conseguir por fin, una Costa Rica bien administrada o bien gobernada. Usando el término que sea. De suerte que ahora con la existencia de las redes sociales, todos los costarricenses podemos participar de este cuarto poder ampliado de las democracias, para que más pronto que tarde, todos los costarricenses tengamos más y mejores beneficios, de esta nuestra democracia única, nuestra democracia del pura vida. Claro que la internet y las redes sociales son una maravilla, solo hay que tener mucho cuidado con los altísimos niveles de hackeo y de desinformación actuales y futuras.
En estos tiempos de altísima desinformación también son necesarios los debates entre los candidatos a diputados, por lo menos, para votar con conocimiento y no por paquete como todas las elecciones anteriores o como tico básico en las últimas elecciones, por lo menos para elegir los primeros lugares de cada provincia. Recordemos que mientras que el presidente se elige básicamente por su nombre y apellidos, de previo a debates y con base en la totalidad de los votos emitidos en todo el país, los diputados por el contrario se escogen por provincia, sin importar el nombre y apellidos, en el orden en que cada partido lo decidió y se lo comunicó como requisito al TSE y se eligen según la cantidad de votos obtenidos por cada partido en cada provincia y por una aplicación final de cocientes y otros tecnicismos que lleva a cabo el TSE. Al final del día se vota para diputados y quedan electos en el orden en que el partido los escogió. Nada ganamos todos los demás costarricenses con la política del “quítese usted para ponerme yo”. Nada ganamos todos los demás costarricenses con cambiar una red de cuido por otra. Tampoco necesitamos nada de polarización. Lo que necesitamos es fortalecer nuestra democracia única, nuestra democracia del pura vida.
Pero para los partidos y para los candidatos, ahora es más complicado presentar y someter su hoja de vida para el escrutinio de los votantes. Claro que como país, tenemos aún algunos defectos importantes, pero, en ausencia desde hace muchos años, de partidos políticos permanentemente organizados y en ausencia también de políticos ejemplares, contamos ahora con la participación activa de cada vez más y más costarricenses por medio de todas las redes sociales. Recordemos que para estas últimas elecciones presidenciales la votación de los costarricenses significó entre otras cosas, la extinción de varios partidos políticos como el PAC y el PASE, principalmente. También hemos conseguido variantes favorables para la no reelección de diputados y alcaldes, después de años y años permitiendo ver a los mismos partidos y políticos de siempre, como diputados y alcaldes repitentes. Así como hemos obtenido algunas mejoras en este proceso electoral de los gobiernos locales, como eliminar lo vitalicio de algunos funcionarios públicos que se les permitía reelegirse indefinidamente, a permitir ahora, solo dos periodos continuos de cuatro años. Pero tienen que haber más y mejores ideas porque no podemos seguir con estos vergonzosos niveles de abstencionismo. El quiebre del voto que hacemos tradicionalmente los costarricenses que ojalá sea sabiduría, es porque no confiamos en nuestros gobernantes y en los 3 poderes deben conseguir las mayorías necesarias mediante acuerdos entre los diversos partidos políticos. El pilar que le falta a nuestra democracia del pura vida es la eficiencia en todo el sector público. No hemos necesitado elegir mayorías legislativas de ningún partido político para tener malos gobiernos.
Para mejorar y fortalecer nuestra democracia, necesitamos mejorar y fortalecer nuestros procesos electorales. En Costa Rica no podemos seguir mal interpretando nuestras humildes leyes, dado que los recursos económicos de nuestro país solo provienen de dos únicas fuentes: de los diversos impuestos a las personas físicas y jurídicas y de la inmanejable e impagable deuda pública, con la enormidad también de sus intereses. Ahora resulta que también para mejorar la razón financiera de la deuda pública con el PIB, en el Ministerio de Hacienda han encontrado que es más fácil obtener una buena razón financiera, reduciendo la inversión social en la educación pública primaria y secundaria, reduciendo también el presupuesto en seguridad y no pagando la enormidad de deuda que existe desde hace muchos años con la Caja Costarricense del Seguro Social. Está claro que la imperfección de nuestras leyes obviamente procede de la obvia imperfección de los legisladores que humildemente elegimos cada 4 años. No puede pretenderse que leyes perfectas sean el resultado de esos nuestros legisladores de turno. Diputados nuevos unos y repitentes otros, pero primeramente elegidos internamente en cada partido político por unas cuantas decenas de sus familiares y partidarios, antes de que todos los demás costarricenses podamos votar por alguno o por ninguno de ellos. El Tribunal Supremo de Elecciones debería exigir más y mejores requisitos a los partidos para seleccionar mejor a sus candidatos a diputados. Al final del día, son diputados escogidos por los partidos, pero terminan siendo padres de la Patria. Casi nada. OK. A esperar entonces todos los debates entre candidatos a presidente y para diputados para elegir con conocimiento y no por paquetes de diputados ni eligiendo como ticos básicos.