Porque anda repartiendo la palabra “fascismo” como si fuera un insulto genérico, sin siquiera entender qué significa. Y eso, en alguien que pretende dar lecciones políticas, no es menor… es grave.
Vamos a lo básico —porque claramente hace falta—:
El fascismo, al igual que el nacional-socialismo, es una forma de colectivismo.
No pone al individuo en el centro, lo subordina al Estado.
No cree en la libertad, cree en el control.
No cree en el mercado, cree en la planificación.
Y aquí es donde su discurso se cae:
esa raíz es la misma que comparten las ideologías socialistas que usted defiende.
Sí, leyó bien.
Como explicaba Ayn Rand, el eje no es izquierda o derecha, sino libertad vs. colectivismo. Y en ese eje, fascismo y socialismo no son opuestos… son primos ideológicos: ambos subordinan al individuo a un supuesto “bien común” definido por el poder político.
Así que cuando usted grita “fascista”, en realidad está describiendo una lógica de poder que se parece mucho más a su propia visión del mundo que a la de quienes defendemos la libertad individual.
Ahora, pasemos del manual teórico a la realidad —esa que a usted le incomoda—:
Las ideas colectivistas que usted romantiza no son inocuas.
Las estimaciones históricas más citadas hablan de decenas de millones de muertos bajo regímenes comunistas en el siglo XX. No es propaganda: es historia documentada.
Y hoy, en el mundo real:
- En Cuba y Venezuela, no hay justicia social: hay pobreza, control y dependencia.
- En Irán, disentir no es un derecho: es un riesgo de cárcel o muerte.
- En múltiples regímenes autoritarios, las mujeres y las personas LGBT no viven libertad… viven represión.
Pero usted decide ignorar todo eso, porque no encaja con el relato.
Y entonces comete el acto más cínico de todos:
llamar “fascista” a un presidente como Rodrigo Chaves, elegido democráticamente, que ha hecho algo que a usted le resulta insoportable: abrir el debate, incomodar a las élites y romper con el statu quo.
Eso no es fascismo.
Eso es democracia funcionando, aunque a usted no le guste.
Porque en democracia, señor Acuña, la disidencia no se elimina… se enfrenta con argumentos.
Y cuando los argumentos no alcanzan, aparece lo que usted está haciendo: etiquetas, caricaturas y miedo.
Así que antes de volver a usar la palabra “fascismo”, estudie lo que significa.
Porque si la entiende de verdad… se va a dar cuenta de algo incómodo:
que el problema no está donde usted señala.
Está mucho más cerca de lo que cree.