A TODO JAZZ: feels so good

Imagen generada por IA.

Chuck Mangione se ha ido a los 84 años. El trompetista de esa pieza pegajosa que se hizo muy popular “Feels so good”. Todos la conocen. Todos la hemos escuchado alguna vez. Y nadie se queda indiferente ante la sonrisa que aflora cuando suena el “todo está bien” un “pura vida”.

Su salto a la fama internacional lo dio con una melodía que el mundo aprendería a tararear, un tema instrumental y de espíritu optimista, tuvo una acogida extraordinaria y entró en las posiciones mas alta de las listas en los Estados Unidos convirtiéndose en un emblema del jazz mas accesible.

El fliscorno de Chuck ha marcado varias generaciones con un estilo y un sonido propios, cálido y esperanzador. A partir de entonces su nombre quedó asociado a una música que se siente bien, que alegra el ánimo, sin abandonar el buen gusto.

El gusto es un factor determinante, estudiado por la Escuela de Franckford: Adorno y Horkheimer, es decir: por el marxismo cultural —I love Adorno había un afiche en mi Escuela de Comunicación en la UiB, claro eran bromas de fijo, puro cachondeo—. Entonces qué decía esa gente: no podemos combatir las ideas capitalistas burguesas, si la gente es inteligente, si la gente es creyente, si la gente como raza es homogénea —epigenetica— si mezclamos todo, les bajamos el nivel intelectual, ahí podemos penetrarlos con música, con letras de muerte, de locura, que evidentemente hacen bajar el nivel intelectual, moral, emocional de la gente, de las nuevas generaciones.

Nos educa el comunicador chileno Ramón Freire que Diosdado Cabello el vicepresidente de Venezuela creó una productora llamada “rimas” y creó a Bad Bony, a este artista sin talento pero le metieron dos millones de dólares. En corto: harta propaganda. Oye, di que el tipo es bueno. Ahora su empresa vale dos mil millones de dólares. Y dijo ahora Bad Bonny se va a disfrazar de mujer, ahora va a salir como jesucristo. Empezó a robarle a los jóvenes los elementos intelectuales, emocionales, para vivir, para existir, para elegir.

Por tal, los jóvenes muchas veces ya no saben diferenciar lo bueno de lo malo. Y cualquier cosa propagandística que les entre a los ojos lo van a elegir. Una colonización mental. Con este marxismo cultural. ¿Qué mejor arma que ir a desarmar al enemigo y a las futuras generaciones a través de la música? Se pregunta Ramón.

Bellavia una pieza tan bella, una composición que le valió a Mangioni un premio de la academia y que está llena de inflexiones.

El jazz puede ser amable, emocionante y universal, Chuck lograba construir una historia en cada una de sus presentaciones un pequeño viaje con principio desarrollo y final —nos dice el canal del YouTube: El Circo Político.

Chuck estudió en la escuela de música de su ciudad New York con mucha disciplina desarrolló una sólida técnica y sobre todo encontró una manera propia de decir las cosas a través del Fliscorno instrumento que convertiría en su sello personal. No buscaba deslumbrar con un virtuosismo vacío, le interesaba emocionar, construir melodías memorables y acercar el jazz a públicos que quizá jamás se habían asomado al género.

Empezó junto a su hermano con los Jazz Brothers descubrió el placer de la colaboración a la hora de crear.

Compuso la banda sonora la música de la película de 1970: Los hijos de Sánchez protagonizada por Antony Queen, Lupita Ferrer y la mismísima diva del cine de oro mexicano: Dolores del Río.

La música inspirada la que bajaban las musas empezó a cambiar para dar paso a una industria. A una fábrica de salchichas. Industrial todo muy fabricado. Michael Jackson denunciaba en su momento que aquí había algo raro que tenía que ver con el control de las masas que iban a degradar el arte por esa área.

Hoy, tenemos una industria musical que lo penetra todo. Una máquina de control y distorsión mental detrás del arte musical. Usted puede cerrar los ojos ante una obra pictórica pero no puede cerrar los oídos ante el reaggeton – el hip hop – La música penetra todo el rato y va directo al cerebro.

440 son los beats de la música actual. Le cambiaron su velocidad hasta en eso, excepto la música clásica ahora todo tiene un golpe. Y es un golpeteo constante que puede hasta acelerar al ser humano, ponerlo violento.

Chuck el trompetista y compositor que marcó a varias generaciones enfatizó en la importancia de conectar con el público con honestidad y alegría. Fue muy cercano con la audiencia tanto así que se volvió su marca. Con armonías claras melodías armoniosas: un pulso rítmico que invita a respirar.

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