Reportaje

Yakarta corre riesgo de hundirse en el mar

Josh Haner/The New York Times

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Por Michael Kimmelman

Yakarta, 6 ene (NYT) – Rasdiono recuerda cuando el mar estaba a una buena distancia de su puerta, bajando la colina desde su tendajo abarrotado y alegremente pintado, llamado Blessed Bodega, donde él y su familia venden cabezas de bagre, huevos picantes y pollo frito.

Año tras año, el agua se acercaba más. La colina desapareció de forma gradual. Ahora, el mar se elevaba por encima de la tienda, a sólo unos pasos de distancia, detenido únicamente por un muro con fugas.

Con el cambio climático está subiendo el nivel del Mar de Java y el clima ahí se vuelve más extremo. Hace unas semanas, otra tormenta anormal convirtió brevemente a las calles de Yakarta en ríos y paralizó esta extensa área de casi 30 millones de habitantes.

Irvan Pulungan, un investigador climático local y asesor del Gobernador de la Ciudad, teme que las temperaturas puedan elevarse varios grados y que el nivel del mar suba hasta un metro en la región durante el próximo siglo.

Por sí solo, eso significa desastre para esta saturada metrópolis.

Sin embargo, el calentamiento global resultó no ser el único culpable detrás de las inundaciones históricas que rebasaron la tienda de Rasdiono y gran parte del resto de Yakarta en el 2007. El problema, resultó, era que la Ciudad misma estaba en vías de hundirse.

Yakarta se hunde con más rapidez que cualquier otra ciudad grande en el planeta, más rápido incluso que el aumento del nivel del mar causado por el cambio climático —con una rapidez tan surreal que en ocasiones la corriente de los ríos circula hacia arriba, lluvias comunes y corrientes inundan vecindarios y edificios desaparecen lentamente bajo el suelo, al tragárselos la tierra.

La causa principal: los habitantes de Yakarta excavan pozos ilegales y merman, gota por gota, los acuíferos subterráneos sobre los cuales descansa la Ciudad —como si desinflaran un gigantesco colchón bajo ella. Alrededor del 40 por ciento de Yakarta se encuentra hoy por debajo del nivel del mar.

Distritos costeros como Muara Baru, cerca de la Blessed Bodega, se han hundido hasta 5 metros en años recientes.

El cambio climático actúa en Yakarta igual que en otras partes, al exacerbar veintenas de otros males. Y en el caso de Yakarta, un tsunami de problemas creados por el hombre —urbanización desenfrenada, una falta casi absoluta de planeación, casi ninguna red de drenaje y sólo una red limitada de agua potable confiable y entubada— representa una amenaza inminente para la supervivencia de la Ciudad.

Edificios que se hunden, el crecimiento desordenado, aire contaminado y algunos de los peores embotellamientos del mundo son síntomas de otros problemas profundamente arraigados. La desconfianza hacia el Gobierno es un padecimiento nacional. Conflictos entre extremistas islámicos e indonesios laicos, entre musulmanes y chinos étnicos, han obstaculizado el progreso, ayudado a derrocar a líderes con mentalidad reformista y complicado todo lo que sucede, o no sucede, ahí para evitar que la Ciudad se hunda.

Los hidrólogos dicen que sólo le queda una década a la Ciudad para detener su hundimiento. Si no lo logra, Yakarta Norte, con sus millones de residentes, terminará bajo el agua, junto con gran parte de la economía de la nación.

Yakarta, capital de la nación con la mayor población musulmana del mundo, es una maraña llena de smog de autopistas y rascacielos esparcidos a lo largo de la costa noroeste de Java.

Los problemas más apremiantes están en Yakarta Norte, una mezcla de puertos, rascacielos, mercados de pescado, barrios bajos, centrales eléctricas, centros comerciales y los restos de un asentamiento colonial holandés.

Algunos de los canales y ríos más contaminados del mundo tejen una telaraña a través de esa zona. Y es donde la Ciudad se hunde más rápido. Eso se debe a que urbanizadores y otros en Yakarta excavan ilegalmente cantidades incalculables de pozos porque menos de la mitad de la población recibe agua corriente a precios que reportes publicados señalan son extorsionantes, suministrada por compañías privadas a las que se les otorgan concesiones del Gobierno.

Los acuíferos no se reabastecen, a pesar de lluvias intensas y la abundancia de ríos, debido a que más del 97 por ciento de Yakarta está sofocada ahora por concreto y asfalto. Los campos abiertos que alguna vez absorbieron lluvia han sido pavimentados. Manglares que solían ayudar a desahogar ríos durante monzones han sido invadidos por barriadas y torres departamentales.

Las construcciones se han disparado al tiempo que han llegado empresas y extranjeros y también debido a que indonesios rurales han huido de las tierras bajas de Sumatra y Kalimantan, la parte indonesia de Borneo. Las minas de carbón y granjas de tabaco los han empujado a irse. El efecto sobre el campo ha sido desastroso, con la quema de bosques tropicales para ceder terreno a productores de aceite de palma y fábricas textiles que han causado que la contaminación ambiental repunte tan lejos como en Malasia.

Estas fábricas también tiran toneladas de desechos y químicos en las vías acuáticas, lo que contamina el suministro de agua potable.

Y muchos de los pobres de zonas rurales se han instalado en Yakarta en asentamientos informales, o kampungs, que se aglomeran a lo largo de canales, balanceándose sus casas sobre el agua en pilotes, mientras las vías acuáticas debajo se convierten en drenaje por default.

Para detener el hundimiento, la Ciudad necesita detener la excavación de pozos, lo que significa que Yakarta debe brindar a los residentes agua confiable, limpia y entubada, así como limpiar las vías acuáticas y, de algún modo —a un costo incalculable de miles de millones— acondicionar a una de las ciudades más grandes del mundo con un sistema de alcantarillado y drenaje.

Limpiar los canales y ríos también exigirá vigilar a las fábricas que desechan químicos, lo que significa lidiar con la corrupción —y reasentar a muchas de las comunidades informales. Pero el reasentamiento depende de encontrar terreno y luego construir miles de hogares nuevos para residentes desplazados, cuya mayoría, para empezar, no quiere mudarse.

Un hombre llamado Topaz, de 31 años, voz suave y organizador de eventos, se describió a sí mismo como residente de tercera generación de lo que solía ser un próspero kampung en la costa llamado Akuarium. Entonces, llegaron los bulldozers. Akuarium se vio reducido a montones de escombros.

“El Gobierno dijo que el desalojo tenía que ver con la limpieza del río, pero yo creo que se trató de política y urbanización”, dijo Topaz, reflejando una creencia ampliamente sostenida entre los residentes. Por encima de su hombro, se veían varias torres departamentales de lujo en construcción en la costa.

Basuki Tjahaja Purnama, el ex Gobernador de Yakarta, conocido como Ahok, ordenó el desalojo. Es de etnia china y tiene formación como ingeniero geológico. Como Gobernador, abordó varios de los grandes problemas de Yakarta, o trató de hacerlo. Intentó, infructuosamente, arrebatar el control del suministro de agua a las compañías privadas. Formó un equipo de sanidad, llamado Ejército Naranja, para retirar sedimento y basura de ríos y canales.

Y eliminó algunos de los kampungs que obstruían las vías acuáticas. Los esfuerzos comenzaron a marcar una diferencia. Lluvia que alguna vez causaba días de inundaciones se drenaba a las pocas horas.

Sin embargo, mucha gente obligada a irse, como Topaz, se resistió a los traslados. Akuarium se convirtió en el semillero de protestas contra el Gobernador.

Ahok perdió su intento de reelección y los islamistas, quienes explotaron el enojo en su contra, lo arrestaron bajo cargos por blasfemia. Ahora cumple una condena de dos años en prisión.

JanJaap Brinkman, un hidrólogo holandés que estudia a Yakarta, dijo que el desalojo no es una cura. Al mismo tiempo, dijo Brinkman, trasladar a la gente es necesario y los desalojos mal implementados despilfarran una escasa reserva de buena voluntad y tiempo valioso. “Necesitamos ahora grandes pasos”, dijo. “Si todos los debates se ven empantanados con pescadores y urbanización, a la larga habrá una calamidad masiva y muertes y no habrá más opción que renunciar a partes enteras de Yakarta”.

Se habla ocasionalmente de que el Gobierno indonesio traslade la capital a otra parte para reducir el tamaño de la Ciudad. Los políticos emiten decretos que prohíben que urbanizadores excaven pozos e imploran a residentes que almacenen el agua de lluvia. La implementación es mínima.

La acción más ambiciosa de la Ciudad es la construcción de lo que se llama el Muro Costero, que ahora se eleva cual acantilado negro desde la Bahía de Yakarta. Es una barrera semitemporal para contener al mar al alza y compensar el hundimiento —construido con altura adicional debido a que, al igual que el resto de Yakarta Norte, se anticipa que también se hunda. Con el hundimiento al ritmo actual, el Muro Costero en sí podría quedar bajo el agua para el 2030.

Aún más alarmante es que hay un punto a lo largo de la costera donde termina el muro y todo lo que contiene al mar es un terraplén de concreto, de poca altura y en proceso de derrumbarse. El agua está a sólo un metro por debajo de la parte superior.

El Muro Costero pertenece a un proyecto más grande que las autoridades indonesias emprendieron hace tres años en colaboración con el Gobierno holandés. Llamado el programa de Desarrollo Costero Integrado de la Capital Nacional, imagina complementar al Muro Costero con una segunda barrera, un Rompeolas Gigante, o dique masivo, kilómetros mar adentro, que cierre totalmente la Bahía de Yakarta.

El dique no sólo bloquearía el agua en ascenso. De acuerdo con el plan original, también se convertiría en la columna vertebral para un inmenso megadistrito nuevo y anillo periférico, una urbanización de 40 mil millones de dólares —y una entrada de dinero para magnates inmobiliarios y consultores holandeses— diseñada en la forma de una garuda, el símbolo nacional.

La Gran Garuda, tal como se le llegó a llamar, era la Gran Idea de Yakarta.

O lo fue, hasta hace poco.

Ahora el Gobierno ha dado marcha atrás a la idea del megadistrito, mientras que aún contempla al dique en sí —cuya simple idea ha provocado un escepticismo comprensible. Como lo han señalado los ambientalistas, si la Ciudad no limpia primero sus ríos y canales, un dique convertirá a una Bahía de Yakarta cerrada en la fosa séptica más grande del mundo.

El esquema de urbanización también estuvo vinculado a planes desacreditados para islas recuperadas al interior de la bahía. Postergadas durante años por la recesión y disputas legales, las islas comenzaron a ser construidas en el 2013, comercializadas como oasis lujosos de condominios, marinas para yates y campos de golf principalmente entre clientes en lugares como Malasia y Singapur.

Pescadores enfurecidos demandaron, al afirmar que las islas destruían sus pecas tradicionales. Cuando un urbanizador quedó al descubierto por sobornar a funcionarios locales, estalló un escándalo y la construcción fue detenida.

Y al mismo tiempo, las islas se han visto vinculadas con la Gran Garuda. Varios funcionarios, entre ellos Ahok, el ex Gobernador de Yakarta, se dieron cuenta de que un impuesto a los urbanizadores de las islas podría ayudar a Indonesia a pagar el dique gigantesco, junto con otras iniciativas costosas para limpiar vías acuáticas y detener el hundimiento.

Ardhasena Sopalheluwakan se encuentra entre los científicos del clima en Yakarta que piensan que el mejor enfoque nunca fue construir un dique gigantesco, sino “devolver parte de Yakarta Norte a la naturaleza”. La idea sería “reintroducir manglares y rejuvenecer algunas de las docenas de embalses que de hecho eran parte de la antigua Yakarta”.

Desde la perspectiva de Brinkman, simplemente “contrarrestar el hundimiento representará el 90 por ciento de lo que esta Ciudad necesita hacer para lidiar con el cambio climático”.

Le gusta señalar que Tokio se vio en un predicamento similar tras la Segunda Guerra Mundial. Se había hundido alrededor de 4 metros desde 1900. Pero la Ciudad destinó recursos a nueva infraestructura y estableció normas más estrictas sobre urbanización y, en el curso de una década o dos se convirtió en modelo global de innovación urbana, más capaz de hacer frente a los efectos del cambio climático.

“Yakarta podría convertirse en una versión del siglo 21 de Tokio en el siglo 20, un ejemplo para la reurbanización”, dijo Pulungan, el asesor de cambio climático para el nuevo Gobernador de la Ciudad.

Pero “una ciudad que no puede brindar servicios básicos es una ciudad fallida”, añadió. “Encima de problemas convencionales como inundaciones y urbanización ahora tenemos el cambio climático inclinando la balanza. Y a este ritmo, la gente estará peleando en las calles por recursos cada vez más limitados como agua limpia y espacios seguros para vivir”.

Al igual que Tokio hace un siglo, Yakarta se encuentra en un punto de inflexión, dijo: “La naturaleza ya no esperará”.

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