
Redacción, 28 may (elmundo.cr) – Hablando de los riesgos que correrá la humanidad en el próximo futuro, el Informe de riesgos globales 2020 del Foro Económico Mundial afirma que entre los diez riesgos globales más probables, los cinco principales están relacionados con el ambiente. Entre los diez riesgos globales con mayor impacto destructivo, los riesgos ambientales están en primer, tercer y cuarto lugar.
Los cambios climáticos se manifiestan en la multiplicidad de sus efectos en diferentes regiones del mundo: aumento de las temperaturas, derretimiento de los glaciares, aumento de los niveles marinos, sequías, amenazas a la biodiversidad, migraciones humanas masivas. Entre estos desastres naturales, hay uno no menos dramático de los anteriores: el derretimiento del permafrost; según los escenarios más optimistas, para el 2100, el 30% del permafrost desaparecerá.
El permafrost es la capa del subsuelo de la corteza terrestre que se encuentra congelada y se ubica en las regiones frías o periglaciares. El proceso del derretimiento de esta capa geológica, compuesta de hielo y materia orgánica origina un fango que libera dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4). Este último gas es el más nefasto para el calentamiento atmosférico, su liberación a la atmósfera aumentará el calentamiento global aún más rápido de lo esperado.
Pero no es todo, el permafrost también conserva muchos virus, bacterias y microbios, enterrados durante milenios, desconocidos y potencialmente peligrosos para los seres humanos.
Debe considerarse que debajo del hielo hay hombres y animales que murieron hace miles de años y que algunos patógenos también podrían estar enterrados con ellos, estos microorganismos que han permanecido en “hibernación” durante milenios, podrían ser liberados en la atmosfera: hablamos de viruela, ántrax e incluso de la peste bubónica, además de otras enfermedades totalmente desconocidas. Esto sucede porque, en condiciones normales cada verano el permafrost se derrite de aproximadamente 50 cm, que en invierno vuelve a formarse, con el calentamiento global la capa de hielo está disminuyendo incesantemente.
Desde hace varios años los científicos están estudiando estos organismos durmientes, pocos meses atrás la NASA anunció haber descubierto microbios que datan de 50,000 años, incrustados en cristales de selenita en la Cueva de Cristal de Naica, en el norte de México. Observaron que los microbios se revitalizaron de inmediato y comenzaron a reproducirse.
Otra investigación realizada en la cueva de Lechuguilla (Nuevo México), reveló organismos ocultos durante 4 millones de años, allí no hay luz solar y está tan aislada que el agua de superficie tarda 10 mil años en llegar a ella. Sin embargo, uno de estos organismos, el Paenibacillus sp. LC231, demostró ser resistente a diferentes tipos de antibióticos, incluidos los “seguros”, demostrando una sorprendente potencia genética para resistir al 70% de los antibióticos existentes.
El estudio de estos organismos ancestrales nos ayudará a comprender mejor la naturaleza de los mismos y abrirá nuevas fronteras para discernir sobre el delicado equilibrio existente entre el hombre y los microrganismos y que peligra de verse afectado irremediablemente por los cambios climáticos y la destrucción de los ecosistemas en acto.