Por Yurany Arciniegas Salamanca
De una ofensiva conjunta a objetivos divergentes.Ā Los recientes cruces de ataques entre Israel, IrĆ”n y HezbolĆ” han revelado discrepancias que hasta hace poco permanecĆan ocultas tras una aparente coordinación estratĆ©gica. Las diferencias ya no se expresan Ćŗnicamente en conversaciones privadas, sino que se han trasladado al terreno pĆŗblico mediante declaraciones, reproches e incluso advertencias directas.
La cuestión ya no es si existen desacuerdos entre Washington y su principal aliado en Medio Oriente: Israel, sino hasta qué punto esas divergencias pueden influir en el futuro de la guerra y en la estabilidad de la región.
Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la guerra contra IrĆ”n el pasado 28 de febrero, la imagen proyectada era la de una alianza plenamente alineada. Netanyahu defendĆa la necesidad de debilitar las capacidades militares iranĆes, destruir sus programas nucleares y de misiles balĆsticos y provocar la caĆda del rĆ©gimen de TeherĆ”n. Trump, por su parte, respaldó inicialmente una estrategia de mĆ”xima presión que parecĆa apuntar en la misma dirección.
Sin embargo,Ā esa convergencia comenzó a erosionarse cuando quedó claro que la guerra no producirĆa una victoria rĆ”pida.Ā La resistencia iranĆ, la continuidad de sus estructuras de poder y el cierre del estrecho de OrmuzĀ transformaron una campaƱa concebida como una operación decisiva en un conflicto prolongado con consecuencias económicas globales.
A partir de ese momento, las prioridades de ambos dirigentes empezaron a separarse. Trump comenzó a buscar una salida negociada que permitiera estabilizar los mercados energĆ©ticos y reducir los costos polĆticos internos de la guerra. Netanyahu, en cambio, mantuvo la apuesta por una presión militar sostenida sobre la RepĆŗblica IslĆ”mica y sobre los grupos armados aliados de TeherĆ”n en la región.
El peso de las elecciones en ambos ladosĀ
Las diferencias estratĆ©gicas tienen una dimensión claramente polĆtica.
Trump afronta un aƱo electoral complejo, con elecciones legislativas en el horizonte, programadas para el próximo noviembre, y una creciente preocupación dentro de sectores de su propio electorado por la prolongación de un conflicto que contradice sus promesas de evitar nuevas guerras, como las que durante aƱos EE. UU. ha protagonizado en el extranjero. El aumento de los precios de la energĆa y las perturbaciones económicas derivadas de la crisis en el golfo han aƱadido presión a la Casa Blanca.
Para el mandatario estadounidense, una reducción de las tensiones regionales y la reapertura completa del estrecho de Ormuz se han convertido en objetivos prioritarios.
Netanyahu se enfrenta a una lógica polĆtica distinta. Su liderazgo continĆŗa condicionado por las consecuencias de los ataques de HamĆ”s del 7 de octubre de 2023 y por la percepción, dentro de amplios sectores israelĆes, de que los principales enemigos de Israel siguen operativos. HamĆ”s conserva presencia en Gaza, HezbolĆ” mantiene capacidad ofensiva y el rĆ©gimen iranĆ permanece en pie.
En ese contexto,Ā un acuerdo negociado sin resultados visibles podrĆa interpretarse como una derrota polĆtica para el primer ministro israelĆ. La presión electoral empuja a Netanyahu hacia una posición mĆ”s beligerante y menos proclive a las concesiones.
LĆbano, el principal foco de fricción
Las discrepancias se han hecho especialmente visibles en torno al territorio libanƩs.
Mientras Trump parece dispuesto a aceptar la inclusión de LĆbano en una negociación regional mĆ”s amplia con IrĆ”n, Netanyahu insiste en mantener separadas ambas cuestiones y continuar la letal ofensiva contra HezbolĆ” hasta neutralizar completamente la amenaza que, asegura, representa para el norte de Israel. En el camino, mĆ”s de 3.000 libaneses, la gran mayorĆa civiles, han muerto bajo el fuego israelĆ.
La tensión alcanzó en los Ćŗltimos dĆas un nuevo nivel cuando Israel bombardeó Beirut, pese a las advertencias pĆŗblicas del mandatario estadounidense. Un hecho que causó la respuesta iranĆ con misiles balĆsticos contra territorio israelĆ y abrió un nuevo ciclo de escalada militar.
SegĆŗn diversos reportes, Trump reaccionó con una llamada especialmente tensa a Netanyahu. El propio inquilino de la Casa Blanca reconoció posteriormente su frustración por unas acciones israelĆes que, a su juicio, amenazan las negociaciones en curso con TeherĆ”n.
La frase pronunciada dĆas despuĆ©s āāYo tomo todas las decisiones, no Netanyahuāā reflejó hasta quĆ© punto la disputa habĆa dejado de ser privada.
Y esta semana, Trump remarcó al portal de noticias āAxiosā que advirtió a Netanyahu sobre una reanudación de la guerra. “Le dije: ‘Bibi, (Netanyahu) mĆ”s te vale tener cuidado, o te quedarĆ”s solo muy pronto'”, declaró.
IrƔn, el fondo del conflicto sin resolverse
El desacuerdo de fondo gira en torno al futuro de la República IslÔmica.
Trump parece inclinarse por un acuerdo que limite las capacidades nucleares iranĆes y reduzca el riesgo de una nueva guerra regional. La negociación en curso busca evitar una escalada que obligue a Estados Unidos a involucrarse mĆ”s profundamente en el conflicto.
Pero Netanyahu observa ese escenario con escepticismo. Desde la perspectiva israelĆ, cualquier acuerdo que permita la continuidad del rĆ©gimen iranĆ y preserve parte de sus capacidades estratĆ©gicas dejarĆa intacta la principal amenaza que Israel identifica para su seguridad a largo plazo.
Esta diferencia explica por quĆ© Washington insiste en la moderación mientras Israel mantiene abiertas varias lĆneas de confrontación simultĆ”neas.
La advertencia transmitida por Trump a Netanyahu, segĆŗn la cual el Estado de mayorĆa judĆa podrĆa quedarse solo si decide reanudar una guerra abierta contra IrĆ”n, constituye probablemente la seƱal mĆ”s clara hasta ahora de esa divergencia.
Una alianza bajo tensión y una región atrapada entre dos estrategias
Pese al endurecimiento del lenguaje, la mayorĆa de los analistas considera prematuro hablar de una ruptura entre ambos gobiernos.
La cooperación militar, diplomĆ”tica y estratĆ©gica entre Estados Unidos e Israel sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la polĆtica regional. AdemĆ”s, el lĆder del Likud ha evitado desafiar abiertamente a Washington en cuestiones que puedan comprometer el respaldo estadounidense.
Sin embargo, el episodio actual refleja una transformación significativa. Las tensiones, habituales en la historia de las relaciones bilaterales, rara vez se habĆan desarrollado de forma tan pĆŗblica y personal.
Las descalificaciones, las filtraciones sobre conversaciones privadas y las declaraciones contradictorias muestran una relación cada vez mĆ”s compleja entre dos lĆderes acostumbrados a ejercer el poder desde posiciones dominantes.
La disputa entre Trump y Netanyahu va mĆ”s allĆ” de un desencuentro personal. Representa el choque entre dos cĆ”lculos polĆticos distintos sobre cómo gestionar una guerra que ambos ayudaron a iniciar.
Mientras el presidente estadounidense busca consolidar una salida negociada que reduzca los costes económicos y electorales del conflicto, el primer ministro israelĆ considera que todavĆa no se han alcanzado los objetivos estratĆ©gicos que justificaron la ofensiva.
Esa diferencia explica la fragilidad del actual alto el fuego y las dificultades para avanzar hacia una estabilización duradera.
Por ahora, ninguno de los dos lĆderes parece dispuesto a ceder completamente. Y mientras Washington y JerusalĆ©n mantienen visiones distintas sobre el final de la guerra, el riesgo de nuevas escaladas seguirĆ” condicionando el futuro de Medio Oriente.
Con Reuters y AP