Trump vuelve a la carga contra la OTAN: ¿pueden los aliados defenderse si EE. UU. abandona la organización?

¿Estados Unidos podría abandonar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)?

Este miércoles 1 de abril, el presidente Donald Trump aseguró que estaba considerando “seriamente” sacar a su país de la alianza transatlántica, luego de más de un mes de haber iniciado la guerra junto a Israel contra Irán.

En declaraciones al diario británico ‘The Telegraph’, Trump calificó a la organización como un “tigre de papel” y reiteró su descontento por lo que considera una escasa colaboración de la organización en la ofensiva militar que mantiene contra la República Islámica.

“Nunca me emocionó la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel, y Putin también lo sabe, por cierto”, sentenció.

Estados Unidos es socio fundador de la OTAN, que fue conformada en 1949, y es su principal contribuyente. Sin embargo, desde que volvió al poder, Trump ha criticado a sus miembros por no invertir más en defensa y ahora con la escalada en Medio Oriente ha aumentado pugnas contra la alianza.

En diálogo con el periódico sentenció: “Ahí estuvimos automáticamente, incluyendo (la guerra de) Ucrania. Ucrania no era un problema nuestro. Fue un test, y estuvimos ahí, como siempre habríamos estado ahí para ellos. Pero ellos no estuvieron por nosotros”.

Por otro lado, el líder de la Casa Blanca señaló que podría poner fin a la guerra en “dos o tres semanas”, incluso sin un acuerdo.

En una entrevista con Reuters, difundida en las últimas horas, Trump aseveró que Estados Unidos se retirará de Irán “muy pronto”, pero podría regresar para realizar “ataques puntuales” si fuera necesario.

El martes, el secretario de Estado de Estados UnidosMarco Rubio, también se pronunció en contra de la alianza en una entrevista con ‘Fox News‘.

“Desgraciadamente, tras este conflicto vamos a reexaminar nuestra relación (con la OTAN). Si la OTAN solo vale para defender a Europa cuando es atacada, pero nos niegan derechos sobre las bases cuando los necesitamos, pues no es un buen acuerdo”, declaró.

El secretario de Estado se estaba refiriendo a las acciones de múltiples países miembros de la OTAN como España o Francia que han tomado decisiones para desmarcarse de las operaciones estadounidenses, cerrando su espacio aéreo a aviones militares de Washington e Israel relacionados con la guerra.

Se espera que el presidente de Estados Unidos se pronuncie este miércoles a las 9 de la noche (hora de la costa este) para dirigirse a la nación sobre la guerra en Irán.

Irán, ¿la gota que colmó el vaso?

Aunque la guerra en Irán ha reavivado las dudas sobre la relación entre Estados Unidos y la OTAN, no es el origen de la fractura transatlántica, sino su expresión más reciente.

Las tensiones venían acumulándose desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Desde entonces, Washington y países europeos han chocado en distintos frentes que van desde la movida relación comercial con Europa hasta episodios como los intereses expansionistas de Trump sobre Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca y parte del entramado estratégico de la OTAN.

A ello se sumaron las diferencias en torno a la guerra en Ucrania. Aunque Estados Unidos lideró los esfuerzos de negociación, Trump marginó en varios momentos a los aliados europeos en sus acercamientos con Rusia.

En paralelo, desde el propio Gobierno estadounidense se empezó a sembrar dudas sobre la incondicionalidad de Estados Unidos con la alianza transatlántica. En febrero de 2025, el secretario de DefensaPete Hegseth, advirtió en Varsovia que la presencia militar de Estados Unidos en Europa no podía darse por garantizada a largo plazo. “Ahora es el momento de invertir, porque no se puede dar por sentado que la presencia de Estados Unidos durará para siempre”, afirmó.

En ese contexto, la guerra en Medio Oriente ha trasladado esas tensiones al terreno militar y operativo. Estados Unidos ha presionado a sus aliados para que asuman las consecuencias del conflicto, especialmente en lo relacionado con el estrecho de Ormuz, pero varios líderes europeos se han opuesto a esa idea. Una resistencia que se explica en gran parte porque la guerra es ampliamente impopular en varios países europeos.

Así, más que abrir una nueva crisis, el conflicto en Irán ha actuado como una especie de catalizador. Este nuevo capítulo en Medio Oriente ha evidenciado tensiones que ya existían y ha acelerado una discusión de fondo sobre el reparto de responsabilidades dentro de la alianza.

Los escenarios de una eventual salida de Washington de la OTAN

En este contexto, la principal pregunta es qué pasaría si Estados Unidos decidiera finalmente salir de la OTAN o, incluso sin retirarse formalmente, dejara de garantizar plenamente la defensa colectiva de la alianza.

Según Reuters, cualquier señal por parte de Estados Unidos de que podría no estar dispuesto a defender a los aliados de la OTAN en caso de un ataque de Rusia u otro adversario podría debilitar gravemente la alianza. La agencia recuerda que, incluso si Trump no lograra retirar formalmente a su país de la alianza—algo que podría requerir el consentimiento del Congreso—, una postura estadounidense más ambigua o condicionada ya tendría efectos desestabilizadores sobre la OTAN.

De hecho, expertos citados por Reuters advierten que las declaraciones que sugieren que Washington podría no cumplir sus compromisos podrían alentar a Rusia a poner a prueba la disposición de los miembros del bloque para hacer cumplir el Artículo 5, que establece que un ataque contra un aliado es un ataque contra todos.

Por otra parte, también se estima que una retirada estadounidense implicaría un esfuerzo económico considerable para Europa. Según un informe citado por la organización independiente Bruegel, esto exigiría elevar el gasto en defensa en unos 250.000 millones de euros anuales, hasta alrededor del 3,5 % del PIB, aunque asegura que es un cálculo difícil de hacer. En ese sentido, el análisis señala que “un aumento de los pedidos debería traducirse en una mayor eficiencia de los procesos de producción, lo que reduciría los precios unitarios. Sin embargo, un rápido incremento de la demanda provocará sin duda un aumento de los precios a corto plazo”.

Ahora bien, el costo de reemplazar la contribución militar estadounidense no sería solo inmediato, sino estructural y de largo plazo. Un artículo del Atlas Institute, un think tank y editorial de acceso abierto, asegura que sustituir las capacidades estadounidenses costaría alrededor de un billón de dólares en 25 años. Sin embargo, el problema no se limita a comprar equipamiento. Así, subraya que también habría que reconstruir el conocimiento, la coordinación y el “lenguaje operativo común” que permite a los aliados actuar rápidamente bajo presión.

Además, insiste en que el verdadero aporte de Estados Unidos no está solo en la cantidad de armamento, sino en su capacidad de integrar inteligencia, comunicaciones satelitales y ataques de precisión dentro de una misma arquitectura operativa.

Igualmente, Europa necesitaría un refuerzo masivo de tropas para compensar el vacío que dejaría Washington. Según Bruegel, sería necesario alcanzar una capacidad equivalente a la de combate de 300.000 soldados estadounidenses, con especial atención a las fuerzas mecanizadas y blindadas.

“Una estimación realista podría indicar que se necesita un aumento de las capacidades europeas equivalente a la capacidad de combate de 300.000 soldados estadounidenses, con especial atención a las fuerzas mecanizadas y blindadas para reemplazar las unidades pesadas del Ejército estadounidense. Esto se traduce en aproximadamente 50 nuevas brigadas europeas”, señala Bruegel.

El vacío no sería solo humano, sino también material. Europa tendría que reconstruir capacidades militares pesadas a gran escala. Así, el mismo análisis sostiene que para una disuasión creíble el continente necesitaría 1.400 tanques, 2.000 vehículos de combate de infantería y 700 piezas de artillería, entre otros armamentos.

“Esto representa una capacidad de combate superior a la de las fuerzas terrestres francesas, alemanas, italianas y británicas combinadas”, advierte la organización.

Aun así, varios análisis advierten que el rearme europeo, aunque ya está en marcha, no garantiza por sí solo que el continente pueda sustituir a Estados Unidos en el corto plazo. Atlas Institute sostiene que el actual proceso de rearme en Europa es el más significativo desde la década de 1950 y destaca, por ejemplo, el aumento del gasto militar en países como Polonia —que supera el 4 % de su PIB— y la reforma constitucional en Alemania para impulsar la defensa. La pregunta es si sería suficentemente potente y rápido para cubrir una eventual salida de Estados Unidos de la OTAN.

Más allá de las cifras: las grietas a nivel operativo

Aunque uno de los principales problemas que tendría Europa estaría en el plano material, expertos también advierten que una salida de EE. UU. condicionaría el funcionamiento operativo de la OTAN.

Estados Unidos aporta a la alianza capacidades que Europa no desarrolló plenamente porque dependió de Washington durante décadas. El artículo de Atlas Institute insiste justamente en ese punto. El aporte estadounidense no reside solo en tropas o armamento, sino también en su capacidad de integrar inteligencia, comunicaciones satelitales y ataques de precisión dentro de una misma arquitectura operativa.

“Lo que aportan los Estados Unidos no es solo capacidad, sino un lenguaje operativo común, que permite a las fuerzas aliadas coordinarse rápidamente bajo presión”, asegura Atlas Institute.

En ese sentido, la verdadera falencia operativa de Europa es que no tiene todavía una defensa integrada, sino una suma de capacidades nacionales. Y una integración de este tipo depende, además, de un entorno político complejo. Las divisiones internas entre países europeos, las diferencias frente a Rusia y la falta de consenso sobre cuestiones sensibles como la disuasión nuclear hacen que la autonomía estratégica siga siendo una meta lejana.

Además, Europa también depende en gran medida de la aportación de EE. UU. en inteligencia y en otras capacidades estratégicas.

Así, una retirada estadounidense del liderazgo de la OTAN no solo abriría un vacío militar, sino también uno operativo que Europa no podría llenar de inmediato.

Rusia, ¿la más beneficiada?

Uno de los puntos más críticos de una eventual salida de Estados Unidos de la OTAN tendría que ver con la amenaza de Rusia en plena guerra contra Ucrania. Diversos análisis advierten que Moscú ha ampliado buena parte de su capacidad militar tras más de cuatro años de guerra y sin un apoyo de EE. UU., Europa tendría que estar en condiciones de defenderse autónomamente.

Ese escenario, según Bruegel, plantea un reto enorme. Así pues, señala que la presencia rusa en Ucrania a finales de 2024 ascendía a unos 700.000 soldados, una cifra muy superior a la fuerza de invasión inicial de 2022. A esto, añade, se suma un fuerte aumento de la producción militar. Solo en 2024Rusia produjo y reacondicionó aproximadamente 1.550 tanques, 5.700 vehículos blindados y 450 piezas de artillería, además de desplegar 1.800 municiones merodeadoras Lancet de largo alcance. El mismo análisis sostiene que, frente a 2022, esto representa un aumento del 220 % en la producción de tanques, del 150 % en vehículos blindados y artillería y del 435 % en municiones merodeadoras de largo alcance.

A esto se suma la posibilidad de que Rusia aproveche políticamente el deterioro de la alianza. Según recoge Kyiv Independent, expertos consideran que las recientes declaraciones de Trump constituyen “otro regalo” para el presidente ruso, Vladímir Putin. El medio también advierte que las dudas sobre el compromiso de Washington ponen en riesgo el artículo 5 de la OTAN, es decir, el principio de defensa colectiva que ha servido durante décadas como principal elemento de disuasión frente a Moscú. En esa misma línea, el experto François Heisbourg declaró a ese medio que el artículo 5 está “en muy grave peligro”.

Además, Kyiv Independent señala que el problema no sería solo una eventual retirada formal de Estados Unidos, sino también las señales contradictorias que, según exfuncionarios y analistas citados por el medio, pueden alentar al Kremlin a desafiar a la alianza.

El exfuncionario de la OTAN Jamie Shea advirtió para ese medio que estos mensajes “mandan las señales incorrectas a Rusia y alientan al Kremlin a socavar y cuestionar a la OTAN”.

Así pues, esta fractura podría incluso golpear primero a Ucrania, que todavía depende de inteligencia y equipamiento estadounidense difícil de reemplazar.

Una eventual salida de Washington no abriría solo un vacío dentro de la OTAN, sino también una posibilidad de dejar a Europa más vulnerable frente a Rusia que podría estar más dispuesta a poner a prueba los límites de la alianza.

Líderes europeos se mantienen firmes con la OTAN  

Las declaraciones de Trump no pasaron desapercibidas en Europa y múltiples líderes políticos se pronunciaron al respecto. Ese fue el caso del primer ministro británico Keir Starmer, que aseguró que la OTAN sigue siendo “la alianza militar más efectiva que el mundo haya visto nunca”, y resaltó que seguirá defendiendo los intereses británicos “pese al ruido”.

“Sea cual sea la presión sobre mí y sobre otros, sea cual sea el ruido, voy a actuar en el interés nacional británico en las decisiones que tome”, declaró Starmer.

Por su parte, la viceministra francesa de las Fuerzas Armadas, Alice Rufo, aseguró que la OTAN es una alianza militar encargada de garantizar la seguridad del área euroatlántica y reiteró que no está diseñada para llevar a cabo operaciones en el estrecho de Ormuz.

“Permítanme recordar qué es la OTAN. Es una alianza militar centrada en la seguridad de la región euroatlántica. No está diseñada para llevar a cabo operaciones en el estrecho de Ormuz, lo que supondría una violación del derecho internacional”, sentenció Rufo durante la conferencia War & Peace en París.

Además, un portavoz del Gobierno alemán reafirmó el compromiso de Berlín con la OTAN y se desmarcó de las declaraciones del presidente de Estados Unidos.

“No me corresponde comentar las palabras del presidente estadounidense. Simplemente quiero afirmar, en nombre del Gobierno alemán, que por supuesto, estamos comprometidos con la OTAN”, añadió.

Con Reuters, AP y medios locales

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