Tiroteo en Copenhague estremece a un tranquilo vecindario familiar

CopenhagueREPORTAJE Por Nick Rigillo (dpa)

Copenhague, 14 feb (dpa) – Al igual que en años anteriores, el café “Krudttoenden” en Copenhague tenía previsto celebrar una fiesta de carnaval para niños. Pero no podrá llevarse a cabo como estaba programado el domingo.

“‘Krudttoenden’ está cerrado indefinidamente por el incidente del tiroteo del 14 de febrero”, señala actualmente su página en la red social Facebook.

El área aún estaba acordonada por la policía, varias horas después de que se abriera fuego este sábado contra la entrada principal, en un aparente ataque terrorista perpetrado este sábado, en coincidencia con el Día de San Valentín.

Mientras se realizaba una persecución a gran escala por toda la capital danesa, se veía a agentes forenses en overoles blancos, ayudados por perros rastreadores, que entraban y salían del café, ubicado al interior de un edificio de ladrillos rojos frente al parque Faelledparken.

Al momento del ataque se celebraba en el café un evento titulado “Arte, blasfemia y libertad de expresión”. Uno de sus participantes estrella era Lars Vilks, un caricaturista sueco que indignó al mundo musulmán al representar al profeta Mahoma como un perro, así como la líder del grupo feminista Femen Inna Shevchenko.

También estaba entre los invitados el embajador francés, quien tenía previsto hablar sobre el sangriento ataque contra “Charlie Hebdo” en París el mes pasado.

Tanto Vilks -quien ya sufrió otros atentados en el pasado- como el embajador francés en Dinamarca Francois Zimeray resultaron ilesos en el hecho, al que el gobierno danés calificó de atentado terrorista.

En el centro de la cartelera cultural, el café realiza regularmente fiestas para niños. Esto es así porque tiene una ubicación ideal para familias. Allí cerca se encuentra una popular pileta de natación, y no lejos de allí está además Telia Parken, sede del FC Copenhague, el equipo de fútbol local.

“Este es un vecindario agradable, tranquilo, y el café es popular entre familias con niños, ya que frecuentemente se realizan allí mercados de pulgas y fiestas”, cuenta Christina Christinsen, una trabajadora social de 47 años que vive en un bloque de viviendas justo detrás de “Krundttoenden”.

Christinsen dice que solo se dio cuenta de que algo estaba mal cuando abandonó su vivienda para sacar a pasear a su perro y notó el gran despliegue de fuerzas de seguridad.

“Estoy un poco conmocionada, pero éste es el mundo en el que vivimos hoy”, agregó, aliviada de que finalmente la policía le permitiera regresar a su casa.

En el cercano café “Kapers”, una estudiante, Maria, da su opinión sobre lo que ha sucedido.

“Es raro pensar que tras lo que sucedió en París, algo similar ocurra aquí en Dinamarca”, asevera Maria. “Pero no cambiaremos la forma en que vivimos”, agrega mientras finaliza su postre.

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