Salvar nuestros suelos: encontrar formas de detener la erosión

Roma, 16 may (elmundo.cr) – El viento, la lluvia y las técnicas de agricultura industrial aceleran la erosión del suelo, pero se pueden mitigar antes de que el mundo se enfrente a una pérdida catastrófica en términos de rendimiento agrícola y funciones críticas de los ecosistemas.

“Las consecuencias negativas de la erosión del suelo son cada vez más evidentes y la necesidad de trabajar conjuntamente es cada vez más urgente”, dijo hoy María Helena Semedo, Directora General Adjunta de la FAO y responsable de Clima y Recursos Naturales, en la inauguración de un simposio de tres días que se centra en mejorar la forma en la que el mundo mide y gestiona la erosión del suelo, así como en su coste económico.

“Tenemos soluciones”, afirmó. “La prevención de la erosión del suelo a través de la educación, la promoción y las acciones concretas sobre el terreno son la mejor manera de mantener la salud de los suelos y de ayudar a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Hoy en día, una superficie equivalente a un campo de fútbol de tierra se erosiona cada cinco segundos, y el planeta se encuentra en una situación que podría conducir a la degradación de más del 90 por ciento de todos los suelos de la Tierra para 2050, dijo Semedo. La erosión, provocada por la agricultura intensiva, la labranza, el monocultivo, el sobrepastoreo, la expansión urbana, la deforestación y las actividades industriales y mineras, contribuye a acelerar la erosión del suelo, lo que puede provocar pérdidas en el rendimiento de los cultivos de hasta el 50 por ciento, agregó.

Dado que las partículas de carbono orgánico son las más vulnerables a ser arrastradas, la erosión también reduce el potencial del suelo para ayudar a mitigar y adaptarse al cambio climático, provocando un “círculo vicioso” en el que los fenómenos meteorológicos extremos y la erosión del suelo se refuerzan entre sí, dijo Semedo.

El Simposio Mundial sobre la Erosión del Suelo está coorganizado por la FAO, la Asociación Mundial para el Suelo, el Panel Técnico Intergubernamental sobre los Suelos, la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación y un programa conjunto dirigido por la FAO con la Asociación Internacional de la Energía Atómica para desarrollar usos de las técnicas nucleares para la alimentación y la agricultura.

En un programa en el que están previstas más de 20 sesiones y más de 100 presentaciones, los oradores incluyen científicos, expertos académicos, agricultores, funcionarios gubernamentales e incluso un astronauta que describirá la erosión del suelo desde el espacio.

El mayor reto

Durante el simposio, la FAO lanzó La erosión del suelo: el mayor desafío para la gestión sostenible del suelo.

El libro, de 100 páginas, con Dan Pennock, profesor de la Universidad de Saskatchewan de Canadá como autor principal, evalúa el estado actual del conocimiento sobre la erosión del suelo. Se han publicado más investigaciones sobre el tema en los últimos tres años que en todo el siglo XX.

Si bien el conocimiento de cómo se produce la erosión del suelo y cómo controlarla está firmemente consolidado, se necesita más investigación sobre cómo medir las tasas de pérdida de suelo y sigue el debate sobre el presupuesto necesario para las medidas para reducirlas. De hecho, no existe consenso sobre si la erosión convierte el suelo en una fuente o sumidero para las emisiones de carbono, y hay distintas fórmulas para evaluar la relación entre el tamaño de las salpicaduras de las gotas de lluvia y la probabilidad de que separen las partículas del suelo y las eliminen.

Aún así, hay clara evidencia de que las tasas de erosión del suelo en terrenos agrícolas arados de forma convencional o en pastizales de pastoreo intensivo son notablemente mayores que la erosión bajo la vegetación nativa -y mucho más altas que las tasas de formación de los suelos-, lo que implica que estamos agotando un recurso no renovable.

La cubierta vegetal – incluyendo arbustos, árboles, pastos resistentes, cultivos de cobertura y rastrojos – puede reducir la erosión eólica en más del 80 por ciento y también mejorar la capacidad de absorción de agua, mitigando la compactación del suelo e impidiendo la creación de arroyos que impiden el trabajo agrícola. Las prácticas sin labranza o de labranza reducida también son efectivas, especialmente en las regiones más secas.

Para muchos agricultores, las medidas de control de la erosión tardan mucho tiempo en dar frutos. De hecho, las terrazas, un enfoque de gran intensidad de capital y altamente efectivo practicado durante miles de años, hoy en día son propensas a fallar debido a una mala gestión y diseño, así como al abandono (generalizado en casi todas las regiones donde se encuentran), lo que hace que las soluciones naturales sean un herramienta lógica para la gobernanza del suelo.

Al mismo tiempo, muchos de los impactos de la erosión ocurren lejos de la fuente, como demuestra la escorrentía de agroquímicos que puede contaminar y eutrofizar las fuentes de agua aguas abajo, lo que hace aún más importante considerar el control de la erosión del suelo como un problema que justifica un apoyo público tangible.

Entre los resultados previstos del simposio se encuentran la identificación de los “puntos críticos globales” que justifican acciones prioritarias en la gestión del suelo, una base de datos sobre las mejores prácticas de control de la erosión y un mayor consenso sobre cómo realizar análisis de coste-beneficio de las posibles intervenciones para prevenir, remediar y mitigar la erosión del suelo.

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