Por Ana Lázaro Verde (dpa)
Madrid, 6 jun (dpa) – A lo largo de un año, el transcurrido desde la abdicación del rey Juan Carlos I, mucho ha cambiado el mapa político de España: el bipartidismo que hizo posible el relevo en el trono español está hoy en la cuerda floja, pero la fuerte irrupción de un nuevo partido republicano nada tuvo que ver con la decisión del monarca.
Así lo defiende la periodista Carmen Enríquez, autora del libro “Felipe VI. La monarquía renovada” (Planeta), quien descarta que el sorpresivo resultado del partido de izquierda Podemos en las elecciones europeas celebradas el 25 de mayo de 2014, en las que cosechó más de un millón de votos, influyera en el anuncio del entonces rey, hecho público tan solo una semana después.
“Pablo Iglesias no fue el detonante de la abdicación de Juan Carlos, ni siquiera la precipitó”, asegura en entrevista con dpa la autora del libro en alusión al líder del partido surgido en España hace un año al calor del movimiento de los indignados.
“La decisión estaba tomada desde hacía tiempo y se había comunicado muchísimo antes (a los implicados)”, asegura la periodista, corresponsal de la casa real española para la televisión pública del país de 1990 a 2007.
Enríquez explica en su obra que Juan Carlos quiso abdicar en 2012 y que no se decidió porque temía que la esposa del heredero al trono, hoy la reina Letizia, no estuviera lo suficientemente preparada.
“El rey estaba convencido de que no era la persona adecuada. La sintonía entre ambos no fue buena desde el principio”, señala.
Los meses previos a aquel histórico 2 de junio de 2014, en el que el jefe del gobierno español, Mariano Rajoy, anunció a través de una declaración institucional la decisión de Juan Carlos de dejar el trono en manos de su hijo, el entonces príncipe Felipe, se asemejaron a “un thriller político”.
Pocas personas sabían lo que se estaba fraguando desde enero entre los muros del Palacio de la Zarzuela: entre los privilegiados estaban Rajoy y el entonces líder de la oposición, el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, quien tuvo un “papel crucial” en la maquinaria del relevo, según Enríquez.
“En la casa real había muchísimo interés en sacar adelante la ley de abdicación no solo con el apoyo del Partido Popular (el PP de Rajoy), sino también con el del Partido Socialista (PSOE). Para eso era importantísimo que Rubalcaba estuviera al frente del PSOE”, recuerda la periodista.
Pero los resultados de los comicios europeos habían sido demoledores para la formación de Rubalcaba y éste anunció su dimisión. Para materializarla, tuvo que esperar a que se produjera la renuncia del rey, con el fin de evitar la posibilidad de que el PSOE, un partido de raíces republicanas, rompiera su compromiso con la Corona tras su retirada.
“Tuvo que soportar las críticas de su partido, que le acusaba de aferrarse al cargo. La verdad es que no hubiera sido ni parecido que la abdicación se hubiera aprobado solo con el apoyo del Partido Popular, que es el partido conservador”, valora Enríquez.
En “Felipe VI. La monarquía renovada”, la periodista esboza la poco conocida trastienda de la abdicación de Juan Carlos, pero también analiza el primer año de los reyes Felipe VI y Letizia, marcado por una serie de cambios que pretenden dotar a la institución monárquica de mayor transparencia y hacerla más cercana a los ciudadanos.
“Se han hecho muchas cosas. Lo que hace falta ahora es que se apliquen y no se queden en un papel escrito. Hay que cumplir esas normas para que la monarquía recupere el papel de ejemplaridad que debe tener”, advierte Enríquez.
Tras los últimos años de reinado de Juan Carlos, cuya imagen quedó manchada por los escándalos y sus problemas de salud, la valoración del jefe del Estado ha pasado de un suspenso a un notable alto en las encuestas. Pero, ¿han conocido los españoles a Felipe VI en este primer año en el trono? “Seguimos sin conocerle porque apenas le oímos hablar”, asegura Enríquez.
“Una cosa es un discurso y otra cosa es una entrevista, donde podría responder de forma mucho más espontánea. Me da pena que no se haga, porque creo que lo haría especialmente bien. Yo creo que la gente se quedaría con la boca abierta y pensaría: Qué suerte tener una persona tan válida en la jefatura del Estado”, asegura.
