Reportaje

Ofrece pueblo recatado una atracción inusual

Rich Addicks/The New York Times

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Por Brooks Barnes

Montana, 6 ene (NYT) — Cuando un estudio halló recientemente que Great Falls era la ciudad de Montana menos amigable con los gays, un hombre escribió en un sitio de noticias local, “vamos a mantenerlo así”.

Sin embargo, las sirenas son totalmente tolerables.

Great Falls, hogar de 59 mil ciudadanos, en su mayoría conservadores, puede ser un lugar que insensibiliza el alma. Supermercados y restaurantes de cadena bordean la cansada calle principal.

La principal fuente de empleo es la Base Malmstrom de la Fuerza Aérea, que da mantenimiento a depósitos de misiles nucleares. Se ha registrado una sensación térmica de 40 grados bajo cero.

Pero no se puede contener la vida. Siempre se abre paso —a veces de maneras involuntariamente chistosas— aún en los lugares más inusitados.

No sé de qué otra manera explicar Sip ‘n Dip, un bar oculto dentro del motel O’Haire Motor Inn aquí.

Para encontrar este tesoro, hay que pasar frente a un montón de periódicos en la recepción y subir unas estrechas escaleras alfombradas. Allí, nadando tras un cristal seis noches a la semana en turnos rotativos, hallará a 12 mujeres disfrazadas muy convincentemente de sirenas.

A decir verdad, de momento sólo hay nueve. Tres tienen incapacidad por maternidad.

“Estoy contratando”, dijo Sandra Johnson-Thares, la gerente de Sip ‘n Dip. “¿Sabes de alguien? Estoy desesperada. Pero tienen que sentirse cómodas en top de bikini y una cola”.

El cavernoso Sip ‘n Dip tiene dos ventanas grandes que dan directamente a la piscina del O’Haire. De día se puede espiar a los huéspedes del motel que están nadando.

La piscina cierra más o menos al iniciar la hora feliz, y mujeres en disfraces de sirena, con goggles y largas pelucas, empiezan su actuación en parejas. Dan maromas, contonean las caderas y soplan burbujas, subiendo a la superficie (que no está a la vista) más o menos cada 20 segundos para tomar aire.

Claudia, una de las sirenas, dijo que la parte más difícil del trabajo es no salirse de personaje. “Al final de un turno de cuatro horas, tu mente puede empezar a divagar”, afirmó.

Johnson-Thares, cuya familia es propietaria del O’Haire, recientemente generó atención en los medios estatales al ir en contra de la idea aceptada de masculinidad en Montana: colocó un aviso de ocasión en línea en busca de un sireno —los martes en la noche en el Sip ‘n Dip es ladies night— y la publicación se volvió viral.

Aportando a la atmósfera está una cantante de 85 años: “Piano Pat”. Pat Spoonheim ha sido una institución en el Sip ‘n Dip desde 1963. (El bar fue inaugurado en 1962). Se presenta tres noches a la semana y puede ser un poco cascarrabias: está harta de “Sweet Caroline”. Pero de vez en cuando acepta complacencias.

Por motivos que deberían ser claros para ahora, el Sip ‘n Dip se ha convertido en una visita obligada para los fans del folclor estadounidense desbordado —los lugares estrafalarios donde el espíritu humano sale a borbotones a la superficie como un géiser inesperado.

“Estos pequeños lugares raros por lo general tienen mucho corazón”, dijo Kenneth Smith, cofundador de Roadside America, una compilación de atracciones poco convencionales de todos los Estados. “Y creo que es por ello que la gente acude a ellos”.

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