Por Alvise Armellini (dpa)
Roma, 14 jun (dpa) – El ex presidente italiano Giorgio Napolitano podría considerarse como decano de los hombres de Estado europeos. Los principales líderes del bloque siempre tuvieron oídos para él durante su mandato récord que terminó en enero, tras casi nueve años.
En una entrevista con dpa en vísperas de que el próximo 17 de junio reciba el Premio Kissinger de manos del ex secretario de Estado norteamericano, Napolitano habló de los retos a los que se enfrenta actualmente Europa y de su convulsa etapa como presidente.
“En su último libro, (Henry) Kissinger dice que Europa tendrá que decidir si participa en la construcción de un nuevo orden mundial o se pierde en sus cuestiones internas. Creo que es una observación excelente, y muy cercana a mi punto de vista”, afirmó el casi nonagenario ex jefe de Estado.
Napolitano (Nápoles, 1925) insta a Europa a buscar “una unidad plena y efectiva”, dejando atrás los clichés que envenenaron el debate de la crisis del euro presentando a italianos, griegos y españoles como unos perezosos y aprovechados frente a unos alemanes sin corazón y obsesionados con la austeridad.
El ex mandatario recordó la celebración de un encuentro ítalo-germano en diciembre, unas semanas antes de su dimisión, durante el que discutió mucho “sobre los malentendidos y clichés sobre los alemanes que perviven en Italia y sobre los italianos en Alemania”.
“Es vital que superemos estas actitudes para desarrollar relaciones constructivas entre Italia y Alemania o, más en general, entre las naciones europeas del norte y el sur”, añadió, mostrándose esperanzado en un acuerdo con Grecia.
Además, el ex presidente italiano se mostró optimista sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea, pese al notable euroescepticismo que impera en las islas. Según sugirió, habría que lograr acuerdos flexibles que se adapten a las demandas británicas de permanecer al margen en los esfuerzos futuros por la integración del bloque.
No obstante, Napolitano criticó la actitud “minimalista” de Londres hacia Bruselas. “Ningún país puede definir su participación en la UE sólo en términos de cláusulas de opciones: a veces, uno se pregunta qué queda después de tantas cláusulas”, declaró.
Ex comunista convertido en socialdemócrata moderado, Napolitano tiene a sus espaldas una carrera de más de 60 años. Y esa experiencia le hace ser precavido ante la actitud de Occidente hacia Rusia. Según subrayó, la crisis de Ucrania podría “poner en peligro los enormes logros de una estrategia de cooperación de más de una década entre Rusia y Europa, Rusia y Estados Unidos y Rusia y la OTAN”.
“Esa estrategia no debe abandonarse, porque no hay alternativas. Aislar o castigar a Rusia no puede ser una alternativa ni una medida exitosa y, sinceramente, resulta un tanto grotesco hablar de ‘contención’ como si estuviéramos en 1946”, añadió.
Durante su etapa como presidente italiano, entre 2006 y 2015, Napolitano fue confidente de varios líderes mundiales, desde Barack Obama a la reina Isabel II, el anterior papa, Benedicto XVI, o la canciller alemana, Angela Merkel. Es bien conocido que Kissinger solía referirse a él como su “comunista favorito”.
En casa, es recordado principalmente por lidiar con una situación cercana a la quiebra en 2011, que se resolvió después de que un equipo de tecnócratas liderados por Mario Monti sustituyera al gobierno salpicado de escándalos de Silvio Berlusconi y emprendiera dolorosas medidas de austeridad.
Con todo, muchos italianos y observadores internacionales agradecen a este hombre de Estado haber evitado el caos en la tercera mayor economía de la eurozona. Uno de los libros publicados sobre él lleva como título “Il comunista che salvò l’Italia” (el comunista que salvó Italia).
“Tengo el suficiente sentido de la modestia para rechazar ese tipo de títulos o caer en la autocelebración”, declaró. Lo que más lamenta de su presidencia es no haber logrado convertir Italia en una democracia plenamente estable y que funcione correctamente, y manifestó sus dudas sobre si la ley electoral y las reformas constitucionales del actual gobernante, Matteo Renzi, lo lograrán.
“Estamos todavía a medio camino”, señaló. “No creo que pueda decir que Italia se ha convertido en una democracia madura de alternancia de gobiernos, donde las fuerzas rivales compiten de forma transparente y están dispuestas a cooperar cuando el interés nacional está en juego”.
