Luis Espinal, el jesuita que «gastó la vida» por los bolivianos

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Por Mario Roque Cayoja (dpa)

La Paz, 7 jul (dpa) – “Gastar la vida en los demás” o “Callar es lo mismo que mentir” formaban parte del postulado del sacerdote jesuita Luis Espinal, recordado y querido por los bolivianos por haber ofrendado su vida para la recuperación de la democracia, y que será homenajeado por el papa Francisco en su visita a Bolivia.

Espinal, que nació en España pero se estableció en Bolivia a los 36 años, era múltiple. Era cura de barrio, docente, crítico de cine, militante de la Teología de la Liberación, activista de derechos humanos y ante todo periodista.

Barrios de El Alto y La Paz llevan su nombre, al igual que decenas de escuelas en diferentes municipios de Bolivia.

El papa Francisco hará este miércoles un alto en su recorrido de 12 kilómetros desde El Alto a La Paz para orar por el jesuita y bendecirá una inmensa cruz que recordará por siempre a “Lucho” en la curva del Plan Autopista, donde fue hallado muerto hace 35 años.

“El pueblo boliviano ya ha declarado santo a Lucho, ahora que lo haga la Iglesia católica”, proclamó la activista de derechos humanos Isabel Viscarra, de la agrupación Café Semilla Juvenil, del barrio paceño de San Pedro.

Para el sindicalista minero Filemón Escóbar, el jesuita “era un cura de ‘pelotas’ (valiente), que denunció el narcotráfico y enfrentó a los milicos”.

Su amigo y compañero jesuita Víctor Codima recordó que Espinal fundó en 1979 el semanario político “Aquí” para “denunciar la injusticia, la pobreza, la falta de libertad de la dictadura, las masacres, los exilios, el colaboracionismo cómplice de muchos con la dictadura, el narcotráfico, y el silencio culpable de miembros la Iglesia”.

La última actividad de Espinal como crítico de cine fue asistir la noche del 21 de marzo de 1980 a la película “Los desalmados”. Luego fue secuestrado, torturado, acribillado de 17 disparos y apareció muerto al día siguiente en un acceso al nevado de Chacaltaya.

Los bolivianos no olvidan la participación del sacerdote español-boliviano en una huelga de hambre iniciada por cuatro mujeres mineras y sus 15 hijos, que terminó forzando el regreso a la democracia.

La denuncia sobre los vínculos con el narcotráfico de la dictadura de Hugo Banzer (1971-1978) y la cúpula militar de la época derivaron en el brutal asesinato de Espinal. La Paz nunca antes había asistido a un funeral en medio de un llanto colectivo.

El informe oficial señaló que Espinal murió a los 48 años por “deshidratación”. Sus asesinos nunca fueron castigados. Pero su recuerdo permanece vivo. Cada marzo hay una peregrinación hasta el sitio donde se halló su cuerpo muerto en las faldas del nevado Chacaltaya.

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