Por Mia Bucher (dpa)
Berlín, 27 oct (dpa) – La televisión alemana experimenta actualmente un auge vampírico con series como “Love Sucks”, sobre un atractivo seductor con problemas de identidad; “City of Blood”, protagonizada por un elegante hombre de negocios o “Oderbruch”, sobre un luchador de la resistencia.
En el cine sucede algo similar. A fines de octubre se estrena en Alemania “Die Blutgräfin” (La condesa sangrienta), dirigida por la alemana Ulrike Ottinger, en la que Isabelle Huppert interpreta a la famosa vampira asesina, y a finales de noviembre se emitirá la miniserie de comedia británico-alemana de iniciación “The Reluctant Vampire”. El personaje del pálido portador de desgracias es imposible de matar, y esto lleva así desde hace décadas.
Para tratar de comprender a qué se debe esto, vale la pena echar primero una mirada a finales del siglo XIX, a la época en la que nació el vampiro moderno: el Conde Drácula. El escritor Bram Stoker (1847-1912) publicó su novela “Drácula” el 26 de mayo de 1897. Para su lanzamiento, se distribuyeron unos 3.000 ejemplares del libro de 390 páginas, encuadernado en tela amarilla y con el título en rojo.
Para su personaje, Stoker se inspiró en el gobernante Vlad III, nacido en 1431 y conocido como “el Empalador”. Vlad mandaba empalar a sus enemigos en estacas de varios metros de altura y se calcula que se cobró la vida de casi 100.000 víctimas en su lucha contra los otomanos. Sin embargo, los historiadores subrayan que no fue más cruel que otros príncipes de su época.
El Drácula de Stoker aportó un conjunto de características que definen al vampiro típico hasta el día de hoy, según explica Marcus Stiglegger, estudioso del cine y la cultura con sede en la ciudad alemana de Mainz. “El vampiro tiene colmillos, bebe sangre, duerme en un ataúd, es alérgico al ajo y no tiene reflejo en el espejo”, señala. Stiglegger ha publicado este año un libro de 400 páginas sobre cine de terror y conoce prácticamente todas las películas de vampiros.
El Conde Orlok versus Drácula
El director alemán Friedrich Wilhelm Murnau creó la primera gran película alemana de vampiros en 1922 con “Nosferatu: una sinfonía del horror”. Aunque la película es en blanco y negro y muda, sigue siendo bastante aterradora. El vampiro de la película, el Conde Orlok, tiene dedos largos como garras, orejas enormes y puntiagudas e incisivos centrales largos y afilados. Stiglegger afirma que se parece “a una rata” y que es “feo”.
Muy diferente se muestra el actor Bela Lugosi como Drácula en la película homónima de Tod Browning de 1931. “Para el público, es el vampiro dandi que es inmortal, que con su poder de seducción somete a sus víctimas y vive de su sangre”, aclara. Tiene algo atractivo. “Mientras que la criatura monstruosa y entre simiesca y ratonil de ‘Nosferatu’ tiene algo aterrador, y en ella la inmortalidad es una maldición”, señala el profesor de estudios cinematográficos.
Estos dos ejemplos bastan para entender por qué la figura del vampiro es tan atractiva para los cineastas. “El vampiro es una imagen, una metáfora para contextos siempre nuevos”, explica Stiglegger.
Poderoso, melancólico y superior
“Existe una ambivalencia”, continúa el experto. Por un lado, el vampiro es poderoso y soberano, vive según sus propias leyes y, en cierto modo, contra el tiempo o fuera de él. Un ejemplo es la película “Only Lovers Left Alive”, de Jim Jarmusch y protagonizada por Tilda Swinton y Tom Hiddleston, una historia de amor melancólica que se extiende a lo largo de varios siglos. “Pero también está la idea del empoderamiento violento, del disfrute de la superioridad vampírica con películas como ‘Near Dark’, ‘Underworld’ o ‘Blade'”, agrega.
Un ejemplo actual en el que se mezclan estos dos modelos es la serie “City of Blood”. Los vampiros de esta serie de Disney+ son brutales, matan personas y buscan el poder político. Al mismo tiempo, luchan contra su propia inmortalidad y el tener que vivir de noche.
El vampiro se puede trasladar a todo tipo de contextos, según afirma Stiglegger. Hay wésterns, thrillers y películas de gánsteres o dramas románticos con vampiros. Dado que los vampiros viven eternamente, a través de ellos se pueden retratar la historia y el pasado una y otra vez.
Al mismo tiempo, el vampiro resulta para los humanos tan fascinante como repugnante. Se trata de algo similar a lo que sucede con las historias de “true crime”, en las que hay mujeres que escriben cartas de amor a asesinos en serie. “Existe una fascinación por dominar a la bestia arcaica para uno mismo”, explica.
Algo similar ocurre en el clásico juvenil “Crepúsculo”. El vampiro Edward (Robert Pattinson) es atractivo y atento, pero al mismo tiempo un depredador que podría matar a su novia humana Bella (Kristen Stewart). Lucha constantemente contra su sed de sangre. Bella se siente atraída por él a pesar de que su razón se lo advierte.
Inmortal e increíblemente bello
¿Es casualidad que precisamente ahora se estrenen tantas películas y series nuevas de vampiros? Vivimos en una época en la que el vampiro resulta especialmente fascinante para las personas por diversas razones, sostiene Stiglegger. “La idea de la longevidad y la perpetuación de la juventud está muy de moda actualmente debido a nuestro culto al cuerpo”, señala. “Muchos de estos vampiros no son solo inmortales, sino también inmortalmente bellos”, añade.