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Los ahorros, los préstamos y la resiliencia son tarea de todos

» En Côte d’Ivoire, la capacitación y las asociaciones de ahorro y préstamo de las aldeas permiten que las mujeres practiquen la agricultura de manera sostenible en medio de la crisis climática.

© FAO/Candida Villa-Lobos

Los padres de Victorine Akoua solían interpretar el cielo: observaban las nubes y seguían el ritmo de las estaciones para saber cuándo sembrar.

Victorine cultiva la misma tierra que ellos, pero dice que esas pautas con las que creció han perdido toda validez. Las estaciones han cambiado, las lluvias han cambiado, la agricultura ha cambiado.

Pero algo que no ha cambiado es el costo de pedir dinero prestado para solucionar estos problemas. En Aniassué, en el este de Côte d’Ivoire, un préstamo común podía duplicar su deuda.

“Si te prestaban 10 francos, tenías que devolver 20”, recuerda Victorine.

Las agricultoras de Côte d’Ivoire suelen enfrentarse a un doble problema: las condiciones climáticas extremas y los créditos. Tienen acceso limitado a préstamos asequibles, e incluso cuando los consiguen, los fenómenos meteorológicos extremos y los cambios en los regímenes de precipitaciones pueden poner en riesgo su inversión y toda una cosecha.

La respuesta a los múltiples desafíos del cambio climático, la seguridad alimentaria y la vulnerabilidad económica radicaba en sus propias redes y recursos mediante las asociaciones de ahorro y préstamo de las aldeas.

El proyecto sobre aceleración de la adaptación para la seguridad alimentaria y la agricultura (SAGA 2) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ejecutado con el apoyo técnico y financiero del Gobierno de Quebec, fomenta prácticas respetuosas con la biodiversidad que integran los conocimientos tradicionales, haciendo hincapié en el papel vital de las mujeres y los jóvenes rurales para abordar el cambio climático y adaptarse a este.

En la región de Indénié-Djuablin, en Côte d’Ivoire, la FAO colabora con Carrefour International y Génération Femme du 3ème Millénaire para fortalecer las asociaciones de ahorro y préstamo de las aldeas existentes, a fin de que puedan desempeñar un papel más importante en la financiación de soluciones de adaptación al cambio climático dirigidas por mujeres.

Los miembros del grupo de ahorro de la aldea ahorran juntos y pueden pedir préstamos de un fondo común en los términos acordados por el grupo.

“Si nos prestamos dinero entre nosotros y los intereses vuelven a nosotros, eso es algo bueno”, afirma Victorine.

Actualmente es secretaria de una asociación de ahorro y préstamo y presidenta de una federación que agrupa a varios grupos de Aniassué y aldeas cercanas. Victorine también ha utilizado el sistema: tomó un préstamo de 100 000 francos CFA para cultivar okra, tomates y pimientos sin insumos químicos, un paso importante para que su explotación agrícola sea más sostenible y resiliente.

La demanda local de productos cultivados de forma sostenible le permitió vender sus hortalizas a precios más altos que las producidas de manera convencional. Tras devolver el préstamo, Victorine obtuvo el doble del monto prestado, además de conservar parte de la cosecha para su familia.

El acceso a la financiación es solo una parte de la ecuación. Las mujeres también necesitan conocimientos y opciones prácticas para seguir produciendo cuando cambian las condiciones climáticas, por ejemplo, la diversificación de la producción, que puede ayudar a reducir la dependencia de un único cultivo o de una sola fuente de ingresos cuando las condiciones climáticas se vuelven difíciles.

La financiación y capacitación sobre agricultura sostenible respaldada por proyectos también ha permitido a las mujeres invertir colectivamente en otros tipos de actividades, como la horticultura comercial y la cría de aves de corral.

Sonia France Boa y otras mujeres de la asociación de ahorro y préstamo de la aldea de Aniassué utilizaron un préstamo para labrar un campo compartido.

Cuando venden sus productos, una parte de los ingresos se utiliza para cubrir los gastos del campo, mientras que otra parte se destina al ahorro y al apoyo a las actividades futuras del grupo.

Para Sonia, el grupo también significa algo más: al trabajar con otras personas, no se enfrenta sola a las dificultades que plantea la agricultura.

“Cuando vendemos, dividimos el dinero en tres partes: una para los gastos del campo, otra para los ahorros del fondo de la asociación de ahorro y préstamo de la aldea, y otra para el grupo”, explica.

“La asociación de ahorro y préstamo ha sido una gran ayuda, ya que los tipos de interés no son elevados. El grupo fija sus propios tipos”, añade Sonia.

Para Sonia y las mujeres con las que trabaja, el apoyo también ha sido de carácter práctico. Aprendieron a producir compost y tratamientos de origen vegetal para sus cultivos. Sonia recuerda con orgullo los resultados que obtuvieron en sus tomates tras aplicar estas prácticas sostenibles.

Para Victorine, la capacitación en materia de agricultura resiliente ha cambiado su forma de trabajar.

“Antes de la capacitación, cultivaba sin conocer técnicas de ahorro de agua. Gracias al recubrimiento orgánico y el compost, mis hortalizas están creciendo mejor. Vendo más en el mercado y también consumimos algunas en casa”, señala. “Además, mis productos tienen un sabor distinto y muy bueno”.

Esa combinación de finanzas y capacitación también se refleja en el hogar de Victorine. Cuando lleva a casa hortalizas producidas de forma sostenible, su familia no necesita comprarlas en el mercado. El dinero ahorrado puede destinarse a otras cosas, como educación, salud y otros gastos del hogar. “Las mujeres queremos ser autónomas”, asegura.

Otros hogares también se benefician, pues lo que producen las mujeres les permite alimentar a sus familias y ayudar a la comunidad en general.

“Producimos para alimentar a la familia, a nuestras hermanas, a nuestros hijos”, señala Sonia.

Lo que comienza como ahorros en un fondo común se convierte en inversión en la comunidad y en una mayor capacidad de las mujeres para aumentar la resiliencia y conformar su propia adaptación a la crisis climática.

Este artículo forma parte de una serie dedicada a las agricultoras de todo el mundo, desde productoras, pescadoras y pastoras hasta comerciantes, científicas agrícolas y empresarias rurales. El Año Internacional de la Agricultora (2026) reconoce su contribución esencial a la seguridad alimentaria, la prosperidad económica y la mejora de la nutrición y los medios de subsistencia, a pesar de la mayor carga de trabajo, las condiciones laborales precarias y el acceso desigual a los recursos. Con él se exhorta a la acción colectiva y a la inversión para empoderar a las mujeres, en toda su diversidad, y construir un sistema agroalimentario más justo, más inclusivo y sostenible para todos. 

La historia y las fotos relacionadas se pueden encontrar en: https://www.fao.org/newsroom/story/savings–loans-and-resilience–it-takes-a-village/es.

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