Las lecciones silenciosas son las que más resuenan

» Las escuelas de campo para agricultores adaptadas en Egipto ayudan a los agricultores con deficiencias auditivas a acceder a los conocimientos agrícolas y mejorar su rendimiento.

© FAO/Ahmed Elshemy

En el oasis de Kharga —una media luna verde labrada en el desierto occidental de Egipto—, el calor de la tarde cae como un manto sobre las hileras de palmas datileras. Quince agricultores se reúnen a la sombra, pero no se saludan a gritos ni bromean despreocupadamente. Las manos se mueven en el aire con gestos rápidos y precisos: la conversación se desarrolla en completo silencio.

Están en la escuela de campo para agricultores “Sound of Silence” (El sonido del silencio), financiada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, donde agricultores con deficiencias auditivas y del habla han transformado lo que antes era una barrera en un motor de fuerza colectiva, convirtiéndose en algunos de los más hábiles productores de dátiles del distrito egipcio de New Valley.

El cultivo de la palma datilera sostiene la vida en Kharga. Sin embargo, en los últimos años se ha visto afectado por la escasez de agua, el aumento de las plagas y la propagación del picudo rojo de la palmera. Para los agricultores con deficiencias auditivas y del habla, los problemas se han agravado. La capacitación agrícola convencional se basaba en la instrucción oral, lo que los excluía en gran medida de los conocimientos técnicos, los sistemas de alerta temprana y la orientación para la gestión de plagas.

Khaled Mohamed lleva décadas trabajando esta tierra, interpretando el suelo y las estaciones con la destreza que da la experiencia. Pero durante años, la información más esencial —por ejemplo cómo identificar los primeros signos de infestación, cómo mejorar la salud del suelo y cómo sellar las heridas de poda para evitar la colonización por las plagas— siguió estando fuera de su alcance.

“Por primera vez”, explica por signos Khaled, asistido en la interpretación por su esposa, Nehmedo Riad AbdelHamied, “me sentí realmente visto y escuchado, incluso sin hablar”.

La idea de la escuela comenzó en 2021, cuando Khaled asistió a una reunión de la escuela de campo para agricultores convencional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y se sentó tranquilamente al fondo, estudiando fotografías y vídeos con visible interés. Era propietario de una plantación de palmas datileras y necesitaba soluciones, pero carecía de acceso a estos conocimientos.

Con el apoyo y el aliento de Nehmedo, Khaled se dirigió a la FAO con una propuesta sencilla: adaptar el modelo de la escuela de campo para agricultores de forma que los agricultores con deficiencias auditivas pudieran participar plenamente. El Sr. Ahmed Diab, especialista en agronegocios y desarrollo de programas de la FAO, se dio cuenta de inmediato de la importancia de la petición.

“La verdadera inclusión significa repensar cómo enseñamos, no a quién enseñamos”, afirma. La FAO colaboró con la comunidad para adaptar su enfoque de la escuela de campo para agricultores basado en el descubrimiento —ya articulado en torno al aprendizaje entre homólogos y la experimentación— a un formato accesible para los productores con deficiencias auditivas y del habla.

Como resultado, la escuela de campo para agricultores “Sound of Silence” reunió a 15 agricultores con deficiencias auditivas en un entorno de aprendizaje adaptado a sus necesidades. Nehmedo sirvió de enlace central en la comunicación, traduciendo conceptos técnicos al lenguaje de signos y propiciando el diálogo entre agricultores y facilitadores. Las clases se sustituyeron por instrumentos visuales: guías ilustradas, diagramas dibujados colectivamente sobre el terreno y demostraciones silenciosas en vídeo que reflejaban la aplicación de compost, el seguimiento sistemático de las plagas y la detección precoz de la infestación por picudo rojo de la palmera. El aprendizaje se desarrolló a través de la observación, la repetición y la experimentación compartida, en lugar de la instrucción oral.

A lo largo de todo el ciclo de la escuela de campo para agricultores, los participantes ensayaron prácticas agronómicas mejoradas y el manejo integrado de plagas directamente en sus plantaciones. Introdujeron el compost para mejorar la salud del suelo y la disponibilidad de nutrientes, adoptaron el seguimiento rutinario para detectar las infestaciones en una fase temprana y aplicaron materiales de sellado protector a las heridas de poda para bloquear los puntos de entrada de los insectos.

Los resultados fueron tangibles. Los agricultores informaron de un aumento medio del 20 % en los rendimientos de los dátiles, junto con mejoras notables en la calidad de la fruta —incluidas la uniformidad del tamaño y la dulzura—, ganancias que se tradujeron en precios de mercado más altos y en el aumento de los ingresos familiares.

Igualmente importante ha sido el cambio en la percepción social. Los agricultores con deficiencias auditivas —que antes se consideraban básicamente beneficiarios de ayudas—, ahora son reconocidos como profesionales expertos. Mohamed Abdel Aziz, uno de los participantes, ha empezado a enseñar a sus vecinos con deficiencias auditivas a identificar los daños causados por las plagas y a proteger sus árboles. “Las imágenes y los signos me ayudaron a entenderlo todo con claridad”, explica. “Ahora también enseño a mis vecinos”.

La sencillez del modelo es parte de su fuerza. El costo estimado de dirigir un grupo en una escuela de campo para agricultores inclusiva en Egipto es de aproximadamente 1 000 USD, lo que cubre la facilitación, los materiales de aprendizaje y la logística. Este diseño de bajo costo y gran repercusión ha llamado la atención más allá de Kharga.

Durante el Foro de la ciencia y la innovación de 2024 de la FAO, la iniciativa fue galardonada con el primer Premio a la Innovación de la FAO para escuelas de campo para agricultores. La Oficina de la FAO en Egipto ya ha apoyado la reproducción en el distrito de Minya, y se está examinando la posibilidad de ampliarla mediante proyectos en curso y en tramitación.

Más allá de su efecto en cada agricultor, la iniciativa “Sound of Silence” forma parte del compromiso de la FAO de no dejar a nadie atrás. Al garantizar que las personas con discapacidad no solo están incluidas, sino que contribuyen activamente a las cadenas de valor locales, el programa demuestra que los enfoques inclusivos pueden aprovechar el potencial que permanece sin explotar y reforzar las economías rurales. Su reproducción por todo el país demuestra que el modelo es ampliable, sostenible y pertinente en distintos contextos. Lo que comenzó como una respuesta localizada se ha convertido en un ejemplo nacional de cómo pueden crecer juntas la innovación, la dignidad y las oportunidades.

Al anochecer en el oasis, los agricultores se dispersan, gesticulando con las manos para conversar. En Kharga, el silencio ya no es sinónimo de exclusión. Indica un tipo diferente de diálogo: uno basado en la confianza, el conocimiento compartido y un entorno en el que las voces, aunque silenciosas, ahora se escuchan.

La historia y las fotos relacionadas se pueden encontrar en: https://www.fao.org/newsroom/story/silent-lessons-speak-the-loudest/es.

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