Oslo, 9 oct (dpa) – Túnez 2013: disturbios y asesinatos sacuden el país, que está al borde de una guerra civil y pone en riesgo los logros de la “primavera árabe”. Sin embargo, un cuarteto de mediadores logra calmar la situación y contribuye a que allí, donde comenzaron los levantamientos en el norte de África, se ponga en marcha un proceso político pacífico.
El Cuarteto de Diálogo Nacional de Túnez, integrado por el sindicato Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), la patronal de empresarios UTICA, la Liga Tunecina de Derechos Humanos (LTD) y la cámara de abogados, fue galardonado hoy con el Premio Nobel de la Paz 2015.
Sorpresivamente, pero conscientemente, el jurado en la Noruega profundamente socialdemócrata no honró a un mediador occidental, que mira desde afuera un país en crisis, sino que premió a fuerzas locales de la sociedad civil que asumen la responsabilidad con el fin de lograr la paz en su país.
Y no se los premia de forma individual, expresamente se hace hincapié en su labor conjunta. Su función es “comparable a los congresos de la paz a los que Alfred Nobel hace referencia en su testamento”, indicó el jurado al anunciar el premio.
El galardón llega en un momento en el que el desarrollo de los países vecinos a Túnez, desgarrados y amenazados por la milicia terrorista Estado Islámico (EI), va en otra dirección.
“Túnez es la única flor que aún sobrevive de la Primavera Árabe”, señala el director del Instituto Sueco de Investigación para la Paz SIPRI, Dan Smith.
El jurado ve el premio como un incentivo para otros países en Medio Oriente y África del Norte, para que fortalezcan sus sociedades civiles. El comité espera que el premio contribuya a salvaguardar la democracia en Túnez y “sea una inspiración para todos aquellos que buscan promover la paz y la democracia en Oriente Próximo, el norte de África y el resto del mundo”.
El Nobel de la Paz, que a diferencia de lo que se esperaba no gira en torno a una de las grandes crisis en Europa y por lo tanto se especulaba que podría haber recaído en la canciller alemana Angela Merkel, se puede entender también como una señal a Occidente.
El premio celebra muchas veces “a un tercero que milagrosamente viene de afuera y ayuda a la gente a entender lo que es mejor para ella”, señala el investigador de la paz en Oslo, Kristian Berg Harpviken.
“Este galardón nos puede ayudar a ser más sensibles con el papel de las organizaciones locales e individuos en la gestión de conflictos”, agrega.
Demuestra también que el diálogo con islamistas en los procesos de paz puede ser necesario, subraya explícitamente el jurado. A pesar de los grandes desafíos, de la amenaza de terrorismo, del alto desempleo y la crisis económica, el pueblo tunecino debe seguir luchando por la paz y no desanimarse, agrega.
Una debilidad del premio es sin embargo que por tercera vez en cinco años se concede a organizaciones y no se honra a personas individuales, apunta Berg Harpviken.
“Los premios a organizaciones desatan mucho menos entusiasmo” y por lo tanto la señal no es tan fuerte, agrega.
El Premio Nobel de la Paz concedido el año pasado a la activista paquistaní Malala Yousafzai, entonces de 17 años, generó gran entusiasmo en todo el mundo.
