La lucha contra el hongo enemigo del preciado banano

» Los agricultores venezolanos están aprendiendo a cultivar y convivir con una fitopatología devastadora.

©FAO
Una sombra se cernió sobre los campos de la República Bolivariana de Venezuela, donde el banano se ha considerado un símbolo de sustento y tradición durante generaciones. En 2023, el Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (INSAI) de la República Bolivariana de Venezuela declaró el estado de emergencia fitosanitaria: el hongo Fusarium raza 4 tropical (R4T) (Fusarium oxysporum f. sp. cubense raza 4 tropical; syn. Fusarium odoratissimum) había llegado a las zonas productoras de los estados de Aragua, Carabobo y Cojedes.

Este hongo, considerado una enfermedad devastadora para los bananos y los plátanos (Musaceae), puede permanecer en el suelo durante más de dos decenios, poniendo en peligro la producción y la vida de quienes dependen de su cultivo.

En el estado de Aragua, al norte del país, la comunidad Renacer llevaba desde 2018 cultivando bananos y plátanos en una superficie de 20 hectáreas. Hasta que llegó el Fusarium.

“Cuando irrumpió la enfermedad, toda la plantación empezó a deteriorarse. Nos negamos a ‘morir’ con los árboles porque ese era nuestro medio de vida. En las visitas del INSAI nos confirmaron que teníamos que talar los bananos. Lloré mucho porque llevaba años trabajando con mis bananos”, recuerda con la voz quebrada la agricultora Lesbia Margarita García.

En respuesta, el INSAI puso en marcha medidas destinadas a eliminar las plantaciones afectadas y mejorar la salud del suelo mediante la sustitución del banano por otros cultivos que ayudaran con la recuperación de la producción agrícola. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) brindó su apoyo proporcionando semillas de maíz, herramientas, insumos de bioseguridad y capacitación, con equipos de expertos que ayudaron a los agricultores a empezar de nuevo.

“El cultivo del maíz, gracias al programa del INSAI y la FAO, nos reportó una cosecha que benefició a todo el mundo. Y hemos mejorado el suelo”, dice Lesbia Margarita con una sonrisa. “Ahora rotamos los cultivos, vigilamos la salud del suelo y hemos aprendido a utilizar abonos orgánicos. La ayuda de los expertos ha sido fundamental”.

En el marco del proyecto piloto se trabaja directamente con los productores afectados de las zonas de alto riesgo, mediante la promoción de cultivos alternativos como cereales y hortalizas, la entrega de insumos y herramientas para mitigar los daños y la aplicación de medidas de bioseguridad para una contención segura y eficaz.

“Además del maíz recibido, ya hemos plantado mandioca, chile, frijol y calabaza. Esperamos que para finales de año [2025] hayamos diversificado nuestros cultivos y que en cada campaña tengamos algo que vender. Estas tierras no se rinden”, afirma Lesbia Margarita con convicción.

La comunidad de Renacer está empezando a ver los frutos de su trabajo. Sus productos están llegando a los mercados locales, generando ingresos y reconstruyendo sus medios de vida.

Se están adoptando medidas esenciales para hacer frente a la R4T de Fusarium, entre las que se incluyen actividades de seguimiento periódico, capacitación continua, coordinación interinstitucional, actualización del plan nacional, campañas de información y evaluaciones de las repercusiones sobre los productores. El INSAI mantiene medidas reglamentarias y de vigilancia y actividades de capacitación —con el apoyo de la FAO— como parte de una estrategia general a largo plazo.

En el plano mundial, la FAO presta apoyo a las iniciativas de sensibilización, fomento de la capacidad y colaboración internacional en la lucha contra la R4T de Fusarium facilitando el Foro Mundial Bananero y su Red Mundial sobre R4T.

“El objetivo consiste en que los países fortalezcan su capacidad operacional y técnica, mediante el establecimiento de medidas articuladas entre el sector público, el sector privado y los agricultores familiares”, explica Raixa Llauger, Oficial agrónoma de la FAO en Mesoamérica. “La FAO y los asociados locales han promovido este enfoque en la República Bolivariana de Venezuela”.

Como parte esencial de las actividades, se desarrolló un amplio programa de capacitación con actividades en las que se enseñaba a los agricultores a detectar la enfermedad, contenerla y proteger los cultivos. Además, la FAO ha proporcionado al INSAI equipos de laboratorio, herramientas de bioseguridad y un dron de visión multiespectral. Los drones son un instrumento eficaz y rentable para la vigilancia fitosanitaria, ya que ofrecen un sistema de seguimiento rápido y de alta resolución, y permiten la detección precoz de plagas y enfermedades de las plantas.

En líneas generales, gracias al proyecto se reforzaron las medidas de bioseguridad contra el hongo Fusarium mediante la aprobación del Plan de acción nacional y el establecimiento de asociaciones con instituciones nacionales e internacionales. Además, gracias a la iniciativa piloto de apoyo a los pequeños agricultores en las principales zonas de producción y a una campaña de sensibilización de ámbito nacional y amplio alcance, se mejoraron las capacidades de vigilancia, diagnóstico y respuesta fitosanitaria en todo el país.

 

La historia y las fotos relacionadas se pueden encontrar en: https://www.fao.org/newsroom/story/fighting-the-fungus-foe-of-the-beloved-banana/es

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