La ciencia de la uva

» Una joven vuelca su pasión por la ciencia en la vinicultura en Georgia.

© FAO/Guram Saqvarelidze

Pese a criarse en Kakheti, una conocida región vinícola y núcleo agrícola de Georgia, Sophio Khutitdze tenía previsto dedicarse a la medicina. Siempre se sintió atraída por las ciencias, y en el instituto sintió especial predilección por las asignaturas de química y biología. Incluso llegó a presentar una solicitud para ingresar en la Facultad de Medicina e hizo el examen nacional, pero poco a poco empezó a darse cuenta de que la medicina no era lo suyo.

Buscó una nueva perspectiva para su vida, algo que le permitiera combinar su amor por la ciencia y por la naturaleza, y decidió matricularse en la Universidad de Agricultura. Llegado el momento de elegir especialidad —agronomía, vinicultura, química o biología—, optó por la viticultura y la vinicultura.

Ahora, a sus 25 años, trabaja de viticultora y vinicultora para una empresa privada de elaboración de vinos en los viñedos de Kakheti, donde gestiona 40 hectáreas de viñas.

Sophio comprendió que el vino, al igual que los seres humanos, se compone de biología y ciencia. “El vino es un producto vivo, que cobra forma gracias a la levadura, los procesos biológicos y las prácticas de gestión de viñedos coordinadas con esmero”.

Y para Sophio, eso significaba empezar por el principio, por el componente básico del vino: la uva.

“Para elaborar un vino de calidad se necesita uva de calidad. El proceso comienza en el viñedo”.

Sophio abordó la vinicultura con el mismo enfoque científico que había utilizado en sus estudios.

“Me centro en aprender a diario y en aplicar nuevos enfoques tanto al viñedo como a la bodega”, añade. Su trabajo depende de la estación: en primavera, supervisa el crecimiento y el control de enfermedades; en verano, gestiona las plagas; en otoño, supervisa la cosecha y la fermentación, a la vez que planifica el cuidado del viñedo de cara al invierno.

Seis hectáreas del viñedo que gestiona ya son orgánicas, y prevé contribuir a convertir también en orgánicas las 34 restantes en el plazo de tres años. Sophio hace hincapié en el vínculo entre la viticultura y la vinicultura: “Un vinicultor debe conocer su materia prima. Para hacer buen vino, lo más importante es disponer de uva de gran calidad”.

La reducción de las plagas mediante feromonas

La ciencia es un componente esencial de la agricultura, hecho que se pone de manifiesto especialmente en la lucha contra las plagas de las plantas. Los vinicultores de Georgia se enfrentan a una gran plaga que afecta al rendimiento y la calidad de la uva: la polilla europea del racimo (Lobesia botrana). Sus larvas se alimentan de las uvas, con lo que causan lesiones que a su vez propician infecciones fúngicas secundarias como el moho gris. Ambos factores reducen el rendimiento, deterioran la calidad de la uva y aumentan el riesgo de inseguridad alimentaria.

En su búsqueda de alguna manera de combatir esta plaga sin recurrir exclusivamente a los plaguicidas, en 2023 Sophio se sumó a un proyecto ejecutado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Este proyecto, financiado por la Unión Europea y Suecia como parte del Programa Europeo de Vecindad relativo a la Agricultura y el Desarrollo Rural (ENPARD IV), se basa en el enfoque de la interrupción del proceso reproductivo, que conlleva la utilización de difusores de feromonas sintéticas para prevenir la reproducción de las polillas, gracias a lo cual se reduce considerablemente el número de polillas y, por consiguiente, disminuyen los daños en los cultivos.

“Venimos aplicándolo desde hace dos años. Con eso se ha reducido al mínimo la presencia de la polilla en nuestros viñedos”, explica Sophio. “Y lo que es más importante: hemos eliminado el uso de plaguicidas químicos. El Programa de interrupción del proceso reproductivo se ajusta perfectamente a nuestro plan de transición hacia la producción orgánica”, añade Sophio.

Aprender sobre el terreno

Para Sophio, la capacitación práctica, que comprende muy diversos temas, desde la aplicación de feromonas hasta técnicas de poda minuciosa, ha sido uno de los componentes más importantes del programa. Sobre esta base y con miras a seguir divulgando esos conocimientos, la FAO organizó sesiones de formación de instructores que englobaron todos los aspectos de la gestión integrada de viñedos.

“Aprendimos directamente en el viñedo”, afirma Sophio, quien se ha convertido ella misma en uno de los nuevos instructores formados gracias al programa. “Además, he compartido esos conocimientos con mis colegas, y ahora los estamos poniendo en práctica; las cepas jóvenes respondieron bien, y con el tiempo se observarán resultados incluso en las cepas más viejas”.

Por otra parte, la FAO, además de crear oportunidades educativas en relación con la gestión integrada de viñedos, organiza periódicamente distintas sesiones de capacitación para el sector vinícola de Georgia, que abarcan temas como la exportación y el desarrollo del mercado. En consecuencia, más de 700 representantes del sector vinícola han participado en estos cursos de capacitación de la FAO por medio del programa ENPARD.

Sophio y los viticultores georgianos están logrando reducir la utilización de plaguicidas, mejorar la calidad de la uva y el vino y fomentar las prácticas ambientalmente responsables. La combinación del manejo de plagas basado en las feromonas y la gestión sostenible de los viñedos permite asegurar que estos permanezcan sanos y sean sostenibles y económicamente viables.

“La experimentación y la aplicación de conocimientos de forma continua me ayudarán a mejorar nuestros vinos y nuestras prácticas de gestión de los viñedos”, concluye Sophio.

“Estoy muy contenta con mi decisión. Me gusta mi profesión. Tiene diversas facetas. Estoy constantemente en contacto con la naturaleza, y la naturaleza es equilibrio. Todos los organismos están conectados entre sí, y esa conexión crea armonía”.

En Georgia, 23 bodegas han adoptado métodos de manejo integrado de plagas por medio del programa de la FAO. Dichas bodegas abarcan 875 hectáreas y se hallan distribuidas en cuatro regiones. El 86 % de los participantes informaron de mejoras en la calidad de la uva y la seguridad alimentaria, mientras que nueve de cada 10 empresas manifestaron inequívocamente su intención de seguir utilizando las feromonas de forma independiente.

La ciencia, la pasión y la juventud son una buena combinación para la industria vinícola de Georgia y para su agricultura en general.

La historia y las fotos relacionadas se pueden encontrar en: https://www.fao.org/newsroom/story/the-science-of-grapes/es.

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