Hungría cierra sus fronteras a miles de refugiados que no claudican

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Por Thomas Brey (dpa)

Röszke/Budapest, 15 sep (dpa) – Tras el cierre de la frontera común de Hungría con Serbia, la situación de los miles de refugiados varados en dos cruces fronterizos en la localidad de Röszke se torna cada vez más dramática.

Cientos de policías húngaros aseguraron la valla construida en los 175 kilómetros de frontera común de Hungría con Serbia. A lo largo de la autopista en el cruce fronterizo de “Röszke 1” se erigieron barreras con alambre de púas.

Asímismo, las fuerzas de seguridad dejan en claro a los aproximadamente 1.500 refugiados que se encuentran en el segundo paso de frontera “Röszke 2” que no tienen ninguna posibilidad de entrar al país. Muchas personas pasaron la noche allí, después de que su principal vía de traslado en ferrocarril también fuera bloqueada por la policía la víspera.

Este martes entró en vigor en Hungría una ley más dura para los refugiados, quienes en el caso de cruzar la frontera de manera ilegal pueden ser detenidos o deportados. El cruce de la frontera, que antes era una falta simple, según la nueva ley es ahora un delito.

A pocos cientos de metros de allí, se encuentran sentadas decenas de personas en un campo sin cosechar frente a la valla, particularmente reforzada.

Frente a una pequeña puerta blanca de un contenedor hay mucha gente formando una fila. Allí son registrados los refugiados provenientes de la guerra civil. El proceso es tan lento que muchos, ante la impaciencia, intentan ingresar pasar la frontera por carretera de manera ilegal y por la fuerza.

A las 11:10 Budapest decide cerrar también el cruce en Backi Vinogradi, para evitar cualquier vía de paso alternativa. El caos de tráfico es total. Muchos refugiados prefieren evitar su inscripción incluyendo el registro de su huellas dactilares. No quieren ser derivados a un país europeo inadecuado, sino solo a uno de su elección, señalan como argumento, algo que días atrás el ministro alemán del Interior, Thomas de Maizière, calificó de inaceptable.

Por su parte, el gobierno serbio está alarmado y la policía de fronteras molesta con los colegas húngaros, quienes no le informaron previamente del cierre. Siempre trabajaron bien juntos y de manera coordinada, dicen.

Sin embargo, Hungría no tiene la obligación de comunicar en detalle de sus acciones a los serbios, ya que los pasos fronterizos comunes se encuentran en territorio húngaro.

Posiblemente exista un cierto resentimiento con Belgrado por haber dejado pasar a Hungría a miles de refugiados de manera descontrolada.

Hungría parece haber movilizado todo el poder del Estado disponible, con una fuerte presencia policial en todas partes, incluidos camiones militares en las carreteras.

Por su parte, un grupo de soldados con ametralladoras y cierta apatía, asegura el paso de frontera Kelebija/Tompa, que aún está abierto. El Parlamento en Budapest debe decidir si va a desplegar una operación militar a gran escala.

Tal vez los húngaros hayan incluso alimentado las esperanzas entre los refugiados. Según un testigo, en la madrugada del martes pasaron unas 1.500 personas en el cruce de “Röszke 2”, que luego fueron trasladadas en autobuses.

Los refugiados no quieren admitir que éste es puede ser el fin de su peligrosa travesía, después de que Hungría bloqueara el hasta ahora principal acceso por la ruta de los Balcanes hacia el oeste y norte de Europa.

Ahora se espera que los refugiados utilicen otro camino para llegar a los países de la Unión Europea. La variante más probable transcurre desde Belgrado a Croacia, estado miembro de la Unión Europea (UE), a lo largo de la importante ruta de tren que une Múnich con Estambul o Atenas.

En la tarde de este martes, solo tres refugiados se encontraban en el campamento de refugiados de la ciudad serbia Kanjiza, desde donde en los últimos meses la mayoría de los refugiados había emprendido a pie el viaje a Hungría.

La policía cerró hoy el último hueco que quedaba libre de la polémica valla fronteriza en la principal ruta de acceso entre Hungría y Serbia.

Los expertos en seguridad dudan de que Hungría realmente pueda asegurar plenamente su valla de 175 kilómetros contra el paso de los refugiados. En algunas ciudades de la frontera con Serbia florece entretanto el mercado de tijeras para alambres de púa.

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