Por Hannes Breustedt (dpa)
Nueva York/Londres, 13 jun (dpa) – El comercio de acciones y opciones mediante algoritmos que deciden las compras y ventas en fracciones de segundo forma parte ya del día a día en las Bolsas, pero casos como los del especulador financiero Navinder Singh Sarao vuelven a poner sobre la mesa los peligros de la llamada negociación de alta frecuencia o HFT.
Sarao compareció ante el juez con pantalón de deportes y en vez del rascacielos de cristal la sede de su empresa era una casa adosada a las afueras de Londres. Pero, si las acusaciones de la justicia estadounidense son ciertas, el corredor de Bolsa de 36 años era un actor importante en Wall Street, donde habría obtenido millones con un software manipulado e incluso habría provocado un histórico desplome bursátil.
Su caso muestra en cualquier manera los peligros del high-frequency trading (HFT), es decir el comercio electrónico a grandes velocidades, en el que los algoritmos toman el poder dentro del mundo financiero.
Cuando muchos corredores de Bolsa volvieron de la pausa para comer, se desató el pánico en la New York Stock Exchange aquel 6 de mayo de 2010. El índice de referencia, el Dow Jones, se desplomó más de un seis por ciento en sólo unos minutos. El incidente entró en los registros bautizado como “flash crash”. El 21 de abril de este año las autoridades detuvieron a Sarao por fraude y manipulación relacionados con este caso.
Al parecer, Sarao alteró la Bolsa con un software desarrollado por él mismo. Lanzó numerosas compras ficticias e inició así la caída, que llegó a destruir un billón de dólares en capital en acciones, aunque la NYSE luego se recuperó.
Los expertos dudan sin embargo de que el poder de Sarao sobre el mercado haya sido tan grande. Michael Lewis, un ex broker que causó sensación con su bestseller “Flash Boys”, sobre las consecuencias de este comercio totalmente automatizado, calificó la detención del inversor como “una parodia” de aquello a lo que Wall Street realmente tiene que hacer frente.
“Sarao no vendió acciones ese día”, afirma Lewis. Sólo simuló hacerlo y arrastró con ello a numerosos fondos de inversión que actúan en piloto automático ante los impulsos comerciales. Su objetivo verdadero era comprar las acciones desplomadas a un precio barato. El caso arroja la pregunta sobre qué podría pasar si los algoritmos son tan fáciles de “engañar” como para que salten ante órdenes inexistentes y causen un crash.
La reacción en cadena dejó en claro que la pérdida de control de los sistemas informáticos, llamados “algo trader” en el lenguaje de los brokers, podría tener muy graves consecuencias. Ese es el resultado también de una investigación de la firma Nanex de Chicago, que tuvo acceso a todos los datos del mercado.
En cientos de casos los brokers HFT hicieron más de 1.000 ofertas de precio dudosas para acciones concretas… por segundo. El informe de las autoridades de supervisión bursátil también es claro: un único actor puede desencadenar el proceso, pero el riesgo real está en el efecto multiplicadrs del sistema automatizado.
Como consecuencia del “flash crash” se introdujo en las Bolsas estadounidenses el mecanismo “circuit braker” para evitar graves daños al sistema. Si una acción se desploma en cinco minutos en un 10 por ciento o más, el comercio se interrumpe automáticamente. Michael Lewis cree sin embargo que toda la negociación está manipulada por brokers armados técnicamente hasta los dientes y que siempre van un paso por delante de los demás.
Martin Gilbert, al frente de la administradora de fondos Aberdeen Asset Management, responsabiliza de los exesos del HFT y del “flash crash” a las ansias de ganancias rápidas en el mundo financiero actual: “En 1940, una acción se mantenía en las mismas manos un promedio de siete años; en 2007 eran sólo siete meses”.
El inversor estrella estadounidense Warren Buffett dijo una vez: “Una persona puede sentarse hoy a la sombra porque otra plantó el árbol hace mucho tiempo”. El crecimiento estable sólo se consigue a base de acciones sostenidas en el tiempo.
