La pesca y la acuicultura representan un gran negocio a nivel mundial. En 2022 se produjeron 185 millones de toneladas de pescado, marisco y otros productos acuáticos, valorados en 195 000 millones de USD. Y por desgracia, donde hay negocio, inevitablemente hay fraude.
Con más de 12 000 especies comercializadas y la complejidad de múltiples autoridades de inspección a lo largo de las cadenas de suministro internacionales, no resulta del todo sorprendente que haya fraude. Los casos de fraude son especialmente frecuentes en restaurantes y servicios de comidas, donde la identificación visual resulta difícil, y en productos elaborados, donde se puede enmascarar la identidad de la especie.
La sustitución de especies y el etiquetado incorrecto son las formas más comunes de fraude. Hay estudios en los que se demuestra que al menos el 20 % de los productos pesqueros y acuícolas a nivel mundial están mal etiquetados.
El fraude —que suele obedecer a motivos económicos— plantea sin embargo riesgos notables para la salud pública, la confianza de los consumidores y la conservación del medio marino.
Para sensibilizar a los consumidores sobre este tipo de incidentes e impulsar una mayor transparencia en el sector, en 2026, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha publicado un informe sobre fraude alimentario en el sector pesquero y acuícola, titulado Food fraud in the fisheries and aquaculture sector, en el que se pone de relieve lo que está ocurriendo y lo que se está haciendo al respecto.
He aquí algunas de las prácticas “sospechosas” que se destacan en él, y a las que se anima a los consumidores a prestar atención:
1 – Los añadidos furtivos: la adulteración es el proceso por el que se añaden al producto final sustancias no auténticas o fraudulentas, como colorantes, agua u otros rellenos. Por ejemplo, añadir aditivos al atún para que parezca más fresco o cambiar el color de la carne es adulteración. Estas adiciones fraudulentas pueden aumentar el riesgo de enfermedades.
2 – Los sosias peligrosos: cuando todos los aspectos de un producto original se reproducen y envasan de forma fraudulenta para que parezca el original, se considera fraude alimentario por falsificación.
3 – Los imitadores: la simulación, por su parte, es un producto que se parece a otro, pero sin ser una copia exacta. En otras palabras, es una versión falsa del original.
Estos nueve tipos de fraude tienen graves consecuencias sanitarias, económicas y ambientales.
Al tratarse de un problema complejo y muy extendido, la FAO lucha contra el fraude en este campo colaborando con gobiernos y organismos internacionales para armonizar los requisitos de etiquetado, hacer obligatoria la inclusión de los nombres científicos y aplicar mejores sistemas de trazabilidad.
Las normas internacionales, incluido el Codex Alimentarius, las directrices de la FAO y las leyes nacionales, desempeñan un papel importante en la regulación de este sector y en las actividades dirigidas a mantener el pescado en buenas condiciones.
La tecnología desempeña también un papel importante a la hora de garantizar la autenticidad y la inocuidad de los productos. Los métodos y la tecnología avanzados basados en el ADN —como el código de barras, la reacción en cadena de la polimerasa y la secuenciación de nueva generación— son útiles para la identificación precisa de las especies, sobre todo en productos acuáticos elaborados o mezclados. Además, están surgiendo métodos innovadores —como equipos de fluorescencia de rayos X portátiles y modelos de aprendizaje automático— que sirven para la verificación rápida del origen.
La lucha contra el fraude alimentario en el sector acuático requiere un esfuerzo coordinado que incluya un cumplimiento estricto, instrumentos analíticos avanzados, la colaboración de las partes interesadas y la educación del público. El informe de la FAO ofrece recomendaciones prácticas para impulsar los esfuerzos mundiales destinados a garantizar la autenticidad, inocuidad e integridad de los productos acuáticos y ayudar a los consumidores a saber lo que comen.
La historia y las fotos relacionadas se pueden encontrar en: https://www.fao.org/newsroom/