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«Esto no es vida»: refugiados sirios e iraquíes temen el invierno

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REPORTAJE

Por Stefanie Järkel y Weedah Hamzah (dpa) 

Dohuk/Beirut, 3 nov (dpa) – La casa en la que vive Haji no tiene ventanas, puertas ni calefacción. Desde agosto de 2014, esta mujer de 35 años vive con su marido y sus ocho hijos en una casa en construcción de dos plantas a las afueras de Dohuk, en el norte de Irak. La familia huyó de la región de Sinyar cuando su pueblo fue asaltado por el Estado Islámico (EI) y espera el momento de poder volver.

“¿Qué hacemos aquí? Esto no es vida”, dice Haji. El barrio está formado por ruinas de edificios en construcción en las que viven los refugiados. Pero ninguna está preparada para la inminente llegada del invierno.

La familia no recibe comida desde hace tres o cuatro meses, cuenta Haji. Intentan ganar dinero con trabajos ocasionales para comprar lentejas, trigo y arroz en otros lugares. En uno de los campamentos de refugiados no fueron aceptados porque no había más espacio.

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Según el gobierno provincial de la región autónoma del Kurdistán iraquí unas dos terceras partes de los refugiados y desplazados viven fuera de los 22 campamentos instalados alrededor de la ciudad.

La situación es especialmente difícil en Líbano. El pequeño país del Mediterráneo de unos cuatro millones de habitantes no acepta ningún campamento de refugiados oficial. Pero según cifras el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), allí huyeron de la guerra civil más de un millón de sirios.

El propio país se encuentra inmerso en una grave crisis política y económica, por lo que el gobierno de Beirut intenta evitar a toda costa que los refugiados se queden de forma permanente.

Así han surgido campamentos inoficiales como el Torbol, en el este del país, donde viven unos 600 sirios. La mayoría proceden del convulso feudo rebelde de Homs y de Deir al Zur, cuyo control asumió la milicia del Estado Islámico.

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Abu Mustafá es de Homs, padre de cinco niños y se muestra preocupado: “No estamos realmente preparados para el invierno. Cuando ha empezado a llover otra vez, nuestras tiendas ya estaban inundadas”. El sirio Abu Ahmad añade: “El año pasado sufrimos mucho: un metro de nieve y continuas inundaciones”.

Según ACNUR, unos 15 millones de sirios e iraquíes desplazados de sus casas se ven afectados por la llegada del invierno. Desde hace cuatro años y medio Siria se ve golpeada por una guerra civil entre el gobierno del presidente Bashar al Assad y los grupos insurgentes. En Irak el EI mató o expulsó a numerosas personas.

Los desplazados gastaron sus ahorros durante la huida y también vendieron objetos de valor como joyas.

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Según las estadísticas de ACNUR, unos cuatro millones de personas huyeron de la guerra en el país, la mayoría de las cuales viven en los países vecinos.

En la región autónoma del Kurdistán, en el norte de Irak, a los refugiados sirios se suman más de un millóon de desplazados iraquíes. La gente se queja de falta de suministro y la ONU, que junto con otros cooperantes reparte ropa impermeable, mantas y material de calefacción, de problemas de dinero.

Los Estados vecinos están totalmente superados por la situación. La reina jordana Rania de Jordania cifró en 1,4 millones de sirios los refugiados en su país, según dijo hace algunas semanas en declaraciones a la emisora “Sky News”.

“Es el 20 por ciento de nuestra población. Para ponerlo en contexto, sería el equivalente a que 12 millones de personas llegaran a Reino Unido o 16 millones a Alemania”.

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