En Cartagena se pondrá fin a la guerra más larga de las Américas

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Cartagena, 26 set (VOA) – Este lunes se firmará un acuerdo definitivo de paz entre el gobierno de Colombia y un movimiento guerrillero nacional que pondrá fin a la insurgencia más antigua del hemisferio occidental.

“Es el fin de la última guerra de guerrillas inspirada originalmente por la ideología cubana y soviética contra las instituciones democráticas en este hemisferio”, explicó un alto funcionario estadounidense.

Se dice que el conflicto entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, cuyo financiamiento principalmente derivaba de la industria ilícita de la cocaína, ha dejado más de 250.000 personas muertas y ha desplazado por lo menos a cinco millones.

Dieciséis jefes de estado y dos docenas de cancilleres, entre ellos el secretario de Estado John Kerry, se espera que asistan a la ceremonia de firma en el centro de convenciones de Cartagena, un puerto en el Caribe colombiano fundado en el siglo XVI.

“La paz comenzará el lunes cuando el presidente y yo nos demos la mano”, dijo el sábado el líder máximo de las FARC Rodrigo Londoño, conocido como Timochenko, cuando salía de las remotas planicies del sur del país y abordaba un helicóptero de la Cruz Roja Internacional junto con otros 40 comandantes rebeldes.

El Desminado

Las FARC han aceptado también cooperar en el desminado. Colombia tiene el segundo mayor número de minas terrestres enterradas después de Afganistán.

Estados Unidos se ha atribuido parte del crédito por el pacto de paz, que diplomáticos en Washington describen como un evento transformativo para Colombia y la región, y que el presidente Barack Obama ha descrito como uno de los logros más importantes de su presidencia.

El presidente colombiano Juan Manuel Santos, quien puso en juego su reputación para terminar la guerra, pidió a Estados Unidos aumentar su participación en el proceso de negociación de cuatro años, que mayormente se realizó en Cuba, y se nombró a Bernard Aronson como enviado especial. Aronson participó en las conversaciones.

“Implica mucho más que entregar las armas” dijo un alto funcionario del gobierno estadounidense, hablando bajo condición de anonimato.

“Realmente incluye una transformación enorme de Colombia por sí misma, e incluye un compromiso enorme para llevar servicios del gobierno, seguridad, policía, educación, salud, carreteras y desarrollo económico a las extensas áreas del interior que mayormente han estado fuera de la vida nacional”.

Los proponentes del pacto también destacan el compromiso de trabajar con campesinos para que obtengan títulos para tierras, acceso a redes de transporte para sus cosechas de productos legales en lugar de la producción de hojas de coca.

Incluye también esfuerzos transicionales de justicia que esperan lleve a la reconciliación en las zonas rurales.

Pronostican también que el pacto será el catalista del PIB de Colombia para crecer al doble de su nivel actual y triplicar la inversión extranjera directa después de años de crecimiento negativo y huída de capitales.

Esperanza de que pague el compromiso

Pero no todos apoyan el acuerdo sobre el que los colombianos darán su veredicto en un referendo nacional obligatorio el 2 de octubre.

Recientes encuestas de opinión en el país muestran una ventaja de dos dígitos para el “Sí”, pese al amplio rechazo hacia las FARC y a una robusta campaña por el “No” que abarca diferentes tendencias políticas.

“Las consecuencias de una pérdida serían catastróficas”, dijo al anunciar el auerdo el jefe negociador del gobierno Humberto De la Calle.

El expresidente Álvaro Uribe asegura que el pacto otorga total amnist[ia al narcotr[afico al calificarlo como un crimen político, y dice que “lo que los colombianos han aprendido a lo largo de las décadas de intentos de negociación con otros grupos terroristas es que la impunidad siempre se convierte en la semilla de nuevas formas de violencia”.

El actual presidente responde que el compromiso era necesario para convencer a los rebeldes de que renuncien a las armas tras más de medio siglo de conflicto.

El acuerdo es lo mejor que su gobierno pudo alcanzar, dice Santos, para convencer a miles de rebeldes de poner fin al derramamiento de sangre y el caos en la mayor parte del país.

Otras amenazas a la paz

El pacto de paz también incluye un nuevo y gran compromiso de seguridad por parte del gobierno colombiano, de perseguir a las extremadamente violentas bandas criminales, conocidas como BACRIM, algunas de las cuales son sucesoras de paramilitares de extrema derecha involucradas en la producción y contrabando de cocaína, asesinatos de activistas de derecha y que se han enfrentado con combatientes de las FARC y otras guerrillas izquierdistas.

La amenaza más grande e inmediata al referendo de paz del 2 de octubre podría ser una baja asistencia de votantes. Para que sea válido se necesita que al menos el 13 por ciento de los votantes registrados lo aprueben. Un referendo sobre reforma política en 2003, respaldado por Uribe no logró reunir esa cifra.

No está claro lo que pasará si el referendo es rechazado.

“Aunque las FARC han reiterado su compromiso con la paz en los útimos meses y han dicho que no volverán a la guerra incluso si el acuerdo no es aprobado, el temor que he escuchado es que un fuerte voto por el No, daría una ventaja a los que favorecen una solución militar “, dice Ginny Bouvier, asesora de procesos de paz en el Institute for Peace, de Estados Unidos.

“Podría llevar también a un resurgimiento de la violencia en la zona rural contra líderes sociales y políticos que han abogado por los derechos de las víctimas a restitutción y reparaciones”, señala.

Además de BACRIM, el más pequeño Ejército de Liberación Nacional, una guerrilla marxista leninista, sigue activo, por lo que incluso con la firma en Cartagena, la paz absoluta en Colombia continúa siendo elusiva.

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