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El ñandú encontró un nuevo hábitat en el norte de Alemania

Por Birgit Sander (dpa)

Unos 20 huevos grandes y cáscaras esparcidas es lo que encuentra el guardaparques al acercarse al nido de un ñandú. Parece estar abandonado. Los ñandúes se han convertido en una atracción en la localidad de Schattin, ubicada en el estado alemán de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, pero también en una amenaza para algunos agricultores de la región.

Los huevos están fríos, algunos están rotos y otros vacíos. Habían sido perforados tres días antes por un grupo de expertos de la reserva de la biosfera del río Elba, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, para reducir el número de ñandúes y limitar los daños agrícolas en esa región.

Solo pueden ser perforados los huevos que no contienen el embrión. “El desarrollo de los huevos se puede reconocer en el color amarillo”, señala Axel. Estas aves miden cerca de 93 y 95 centimetros y cada nido contiene entre 20 y 25 huevos.

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Hasta el momento no hay experiencia acumulada con el taladro inalámbrico. “Tal vez no sirva el método”, apunta Axel, quien en realidad esperaba a un macho cerca del nido.

Mientras que las hembras se dedican a poner los huevos, la incubación y protección de los polluelos recae sobre los machos.

Las aves no notan que los huevos han sido manipulados, explica el ornitólogo Klaus Dieter Feige. En algún momento se dan por vencidas y ya no quieren seguir incubando. Si en cambio, se les quitan los huevos volverían a poner otros inmediatamente, agrega.

Pero posiblemente los ñandúes, a quienes no se les reconoce mucha inteligencia, no se dejen engañar tan fácilmente. A lo lejos, se ve un macho gris y negro con su harén de cuatros o cinco hembras. La temporada de apareamiento aún no ha terminado y posiblemente construyan un nuevo nido, que luego será difícil de encontrar.

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Es el macho quien elige un lugar en el suelo y comienza a escarbar para construir el nido, que tiene una profundidad de aproximadamente diez centímetros y un metro de diámetro.

Los ñandúes que se establecieron en el norte de Alemania son originarios de Sudámerica. Hace unos años se escaparon algunas aves del corral de un criador en la ciudad de Lübeck, que luego se multiplicaron y encontraron en este nuevo ecosistema su nuevo hábitat. La zona fronteriza entre los estados de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Schleswig-Holstein es la única reserva de ñandúes en Europa.

En el último recuento al comienzo de esta primavera (boreal) se contabilizaron 220 ejemplares, 60 más que el año pasado.

“Al comienzo de la primavera se ven grupos de 50 a 70 animales. Cuando se trasladan a través de los campos de cultivo de colza no se puede ver más el verde del prado”, dice Petra Böttcher, quien está al frente de una asociación local de agricultores. En 2016 se debieron volver a plantar más de 15 hectáreas de colza que fueron aplastadas por las aves, relata. Un ñandú come aproximadamente 1,5 kilos de hojas por día.

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El estado alemán no otorga compensación por los daños que ocasionan estos animales ya que no se trata de un especie autóctona. Es por ello, que la asociación de agricultores de la región presentó una solicitud para que se restrinja la población de ñandúes.

El ñandú está en la llamada lista gris de especies potencialmente invasoras en Europa. Esto significa que se las observa para ver si amenazan a otras especies. Aún no hay resultados concretos al respecto, apunta Axel.

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