Beijing, China. — El sábado anterior caminé por las calles de Beijing sin imaginar que terminaría encontrándome con una de las celebraciones más antiguas y emblemáticas de la cultura china.
A miles de kilómetros de Costa Rica, en una ciudad de más de 20 millones de habitantes, observé cómo familias enteras participaban de actividades culturales, mercados tradicionales, espectáculos y eventos deportivos relacionados con el Festival del Bote del Dragón, una festividad con más de dos mil años de historia que sigue ocupando un lugar importante en la vida cotidiana de los chinos.
No era la primera vez que escuchaba sobre esta celebración.
Al mismo, en Costa Rica, el Festival del Bote del Dragón también tuvo su espacio. El Balneario Ojo de Agua fue escenario de actividades organizadas para acercar esta tradición milenaria al público costarricense. Sin embargo, vivirla en China permite comprender una dimensión diferente de lo que representa para este país.
Aquí no se trata únicamente de una actividad cultural o de una exhibición para turistas. Es una festividad profundamente arraigada en la identidad nacional.
Durante el recorrido fue imposible no notar la presencia de elementos que se repiten generación tras generación. Los tradicionales zongzi, elaborados con arroz glutinoso envuelto en hojas de bambú, aparecían en mercados, restaurantes y hogares. Niños y adultos participaban de actividades alusivas a una fecha que mezcla historia, simbolismo y sentido de pertenencia.
En Beijing, las celebraciones se extendieron durante todo el fin de semana alrededor del Gran Canal, donde miles de personas acudieron para observar las tradicionales carreras de botes de dragón. Más de mil atletas participaron en distintas competencias, mientras una multitud acompañaba cada recorrido desde las orillas.
Pero las carreras son apenas una parte de la historia.
Las celebraciones también incluyeron exhibiciones de artes marciales, mercados de artesanía tradicional y las coloridas danzas del dragón y del león que suelen acompañar las principales festividades del país.
Lo que más llamó mi atención fue la naturalidad con la que las nuevas generaciones participan en costumbres que nacieron hace más de dos milenios. En una nación que lidera desarrollos en inteligencia artificial, trenes de alta velocidad y tecnología de punta, las tradiciones parecen convivir sin conflicto con la modernidad.
La historia detrás de esta festividad ayuda a entender por qué sigue tan vigente.
Según la tradición china, el festival está vinculado con Qu Yuan, un poeta y funcionario que vivió hace más de dos mil años. La leyenda cuenta que, tras su muerte, los habitantes salieron en embarcaciones para buscarlo y lanzaron arroz al río para evitar que los peces dañaran su cuerpo. Con el paso de los siglos, aquel relato dio origen tanto a las carreras de botes de dragón como a los zongzi que hoy siguen consumiéndose en todo el país.
Más allá de la leyenda, la celebración también está asociada a antiguas creencias relacionadas con la salud, la protección de la familia y la armonía con la naturaleza.
Quizás por eso la festividad ha logrado sobrevivir durante tantos siglos.
Después de varias semanas en China, uno comienza a entender que muchas de las costumbres que desde Occidente observamos como simples tradiciones forman parte de algo mucho más profundo: una identidad colectiva que se transmite de generación en generación.
Y mientras observaba las actividades del Festival del Bote del Dragón en Beijing, no pude evitar recordar aquella celebración realizada en Costa Rica, en el Balneario Ojo de Agua.
Dos escenarios completamente distintos. Dos culturas separadas por más de 14.000 kilómetros.
Sin embargo, unidos por una misma tradición que, después de más de dos mil años, sigue navegando contra el paso del tiempo.