
Por Thomas Geiger (dpa)
Karlsruhe, 27 dic (dpa) – Florian Reuter preside una empresa con aproximadamente 50 empleados y a simple vista parece un hombre razonable. Sin embargo, cuando empieza a hablar sobre su visión del futuro, sus interlocutores comienzan a dudar. El empresario alemán quiere revolucionar el tránsito con drones aéreos autónomos para así liberar las ciudades del embotellamiento. Y lo quiere hacer pronto.
Reuter no está solo con su llamado proyecto “Volocopter”. En Múnich, la empresa de autos voladores Lilium trabaja en un proyecto muy similar, y también en otras partes del mundo muchos visionarios de la aeronáutica y desarrolladores de automoción se preocupan por el transporte aéreo individual como una alternativa al tránsito urbano, cada vez más complicado.
La idea del auto volador es casi tan antigua como el automóvil y el propio avión. Después de que la idea fracasara por distintos motivos tales como el control del vehículo, el ruido de los motores, las licencias de vuelo y el costo para el usuario, ahora vuelve a resurgir.
Al menos eso es lo que cree el suizo Lars Thomsen, que ya ve al automóvil volando por encima de las ciudades en diez o veinte años.
Para esto se requieren una serie de factores, señala el investigador. En vez de centrar como hasta ahora la investigación en autos voladores conducidos de forma manual, que además requieren de una licencia de piloto y una pista de despegue y aterrizaje, hay que focalizar el desarrollo en un despegue vertical eléctrico con piloto automático.
“Estos pueden despegar en cualquier parte, y cualquiera puede usarlos”, indica Thomsen.
Entre tanto, también han cambiado los actores en la industria. Hasta hace algunos años, aficionados y visionarios intentaban por todas partes obtener una financiación o ponían a disposición sus activos personales para la investigación y el desarrollo de sus proyectos, hoy en día empresas como Google, Uber o Skype y conocidos fabricantes de automóviles o de aviones invierten cientos de millones de dólares en este tipo de proyectos. “Eso aumenta la seriedad y el ritmo”, dice Thomsen.
Aparentemente no falta tecnología. El volocóptero desarrollado por Florian Reuter es propulsado por 18 rotores eléctricos y nueve baterías. Esta especie de dron gigante, que no produce emisiones contaminantes, tuvo recientemente su vuelo inaugural y voló plácidamente sobre Dubai.
Según los fabricantes, los motores eléctricos tienen suficiente potencia y las baterías tienen capacidad suficiente para cargas de más de 100 kilogramos y tramos de más de 300 kilómetros.
Incluso los mejores drones de juguete dejan en claro hasta qué punto las operaciones de vuelo automatizadas ya han cumplido su labor. Si ya dispositivos de pocos cientos de dólares logran esquivar postes de luz y volar alrededor de otros drones, ¿por qué entonces un avión miles de veces más caro no puede volar de forma segura de A a B?, se pregunta Thomsen.
De todas maneras, Reuter, el director de la empresa Volocopter, es escuchado cuando presenta su plan. El año que viene quiere lanzar un volocóptero – con piloto con licencia- como aparato deportivo del futuro. En una segunda fase, planea vuelos de taxi tripulados en áreas metropolitanas, y en la tercera vuelos autónomos.
“Y eso irá más rápido de lo que todos creemos”, señala Reuter convencido.
Con este escenario, logró convencer a Daimler para que se sume como socio. La marca alemana participa en la compañía y espera poder incluir pronto sus propias baterías de Smart y otros modelos en el volocóptero. Así cumplen incluso con los requisitos de los fundadores de la compañía: las tres puntas en la estrella significan que con un Mercedes se puede ir por tierra, agua y aire.