Brasilia, 27 jun (elmundo.cr) – La pandemia de COVID-19 y el aislamiento social hicieron con que la pareja de agricultores familiares del sur de Minas Gerais, Jessica Chryssafidis, 27, y Conrado Pereira, 35, apostarán por el servicio de entregas directas a los consumidores, conectando el campo y la ciudad.
En el sitio Lumiar de 2,3 hectáreas, ubicado en el municipio de Paraisópolis, los jóvenes agricultores tienen una pequeña agroindustria láctea donde producen queso, yogur y otros derivados.
Con la pandemia y el aislamiento social, las ventas en pequeños comercios locales y panaderías disminuyeron en aproximadamente un 35%. Sin embargo, lo que podría significar una crisis para la familia ha abierto una ventana de oportunidad, con la creciente demanda de pedidos de entrega a domicilio. “La perspectiva que vimos para enfrentar esta situación fue la venta directa a los consumidores”, dice Jéssica.
La producción de productos lácteos representa el 70% de los ingresos de la familia y, actualmente, se utilizan alrededor de 5.000 litros de leche/mes. Como la producción de la familia es pequeña, la pareja también compra leche a sus vecinos, lo que garantiza un ingreso para otros pequeños productores locales.
Según Jéssica, la región se considera una ‘cuenca lechera’, un importante vector de desarrollo para las familias de los agricultores locales, además de integrar el circuito turístico de Serras do Sul de Minas Gerais. El municipio de Paraisópolis tiene una población de aproximadamente 20 mil habitantes, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).
La llegada del COVID-19 impulsa las entregas directas
Jessica dice que la familia ya había comenzado el servicio de “tele entrega” en mayo de 2019, con 30 consumidores de ciudades de la región circundante, una vez al mes en sus hogares. En febrero de 2020, la red de consumidores creció, llegando a 150 clientes. “Había una perspectiva de un aumento en este mercado porque los grandes centros urbanos “carecen” de productos de pequeños agricultores”, dice.
La estrategia fue positiva y, dos meses después, la familia planeaba volver a vender sus productos a los consumidores de grandes ciudades como São Paulo y São José dos Campos. Pero, esta vez, involucrando a otros productores locales de pan, chocolate y pimienta como una forma de “testear” una nueva forma de comercialización.
Sin embargo, el mes de abril también trajo al COVID-19 a la región, provocando el cierre de mercados y ferias locales. No obstante, el escenario que podría ser motivo de preocupación para la familia trajo nuevos consumidores urbanos: la familia agrícola ya contaba con 300 clientes que reciben productos de la agricultura familiar en sus hogares. “Estábamos contentos, pero asustados porque no estábamos preparados en términos de infraestructura para una operación de ventas tan grande”, comenta Jéssica.
Alianza con otros agricultores locales
Para satisfacer las solicitudes de los consumidores, la agricultora explica que pidió a otros agricultores familiares locales que intercambiasen productos a través de canastas de productos. “Vivimos una situación inesperada y de cierta manera privilegiada en este contexto. Y nuestro papel, nuestra responsabilidad aquí en la granja es mapear a aquellos productores que tienen dificultades para vender para que puedan comerciar con nosotros”.
Hasta el mes de mayo, la familia ya contaba casi 500 consumidores, la gran mayoría en centros urbanos. Según Jessica, la familia ya está invirtiendo en la expansión de la producción, con la participación de más de 10 agricultores pequeños de su municipio y de la región circundante para la venta conjunta y, juntos, ya están cosechando los frutos de esta alianza. “El resultado para nosotros y para los demás agricultores fue muy importante para mantener la producción y la renta de las familias involucradas”.
Según Jessica, los planes para los próximos meses son organizar a los agricultores de la región en una red, desarrollar un sitio web de ventas y establecer un cronograma de ventas quincenales. “A pesar de los desafíos de esta crisis, nos sentimos privilegiados porque estamos invirtiendo muy rápidamente en aumentar la producción, más rápido de lo que esperábamos”, cuenta la agricultora. “Entendemos que las ‘banderas’ que siempre defendemos para la producción local, el comercio justo y las cadenas cortas de producción y consumo son, finalmente, una realidad para nosotros”.
Cuidados en tiempos de COVID-19
En cuanto al cuidado de la higiene y el manejo de sus productos, la agricultora explica que su familia siempre se ha preocupado por estos procesos. “Producir quesos de manera segura significa usar máscaras, ropa apropiada, higienizar constantemente manos y zapatos. Ahora prestamos aún más atención “. Como gran parte de las entregas se realizan en las ciudades de São Paulo y São José dos Campos, los centros urbanos con una alta tasa de contagio por COVID-19, el uso de guantes, máscaras y alcohol en gel son parte de la rutina.
Como la familia también invirtió en turismo rural con visitas a la hacienda y estadía los fines de semana, desde el comienzo de la pandemia la pareja finalizó la actividad turística para seguir las pautas de aislamiento social. “Volveremos con las actividades cuando termine la cuarentena”.
Mujeres rurales, mujeres con derechos
Para el Representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en Brasil (FAO), Rafael Zavala, la iniciativa de la agricultora demuestra que la agricultura familiar necesita reinventarse, buscar nuevos formatos de comercialización, así como impulsar la asociación entre los agricultores para que juntos fortalezcan sus ventas y generen más ingresos.
“Es evidente que parte de la innovación de Jessica radica en su visión de la agricultura no solo como generadora de productos, sino también como generadora de servicios en el territorio en el que opera. Los circuitos cortos de comercialización son importantes para garantizar la seguridad alimentaria local, disminuir la huella de carbono y fortalecer la agricultura familiar a través de la asociación y la innovación. De modo que juntos puedan hacer lo que tal vez no podrían hacer individualmente y, principalmente, que puedan impulsar el desarrollo territorial”, analiza el Representante de la FAO en Brasil.
La FAO ha estado promoviendo la campaña #Mujeres Rurales, Mujeres con Derechos durante cinco años, una iniciativa conjunta y colaborativa de alcance internacional e intersectorial en América Latina y el Caribe, para promover la visibilidad de las mujeres rurales, indígenas y afrodescendientes en un contexto complejo de desigualdades estructurales y desafíos sociales, económicos y ambientales. Ante el impacto de la pandemia de COVID-19 en la región, los desafíos se han vuelto aún mayores.
La agricultora Jessica y otras mujeres rurales juegan un papel crucial en sus comunidades como guardianes de semillas, alimentos tradicionales, agua, tierra, recursos naturales, sabiduría ancestral, cultura, derechos humanos, entre otros, convirtiéndolas en verdaderas guardianas del desarrollo sostenible.