Cómo el sueño de Trump de confiscar el uranio enriquecido de Irán podría acabar en catástrofe

Por Sébastian Seibt

El sábado, cuando la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán entraba en su segundo mes, el presidente estadounidense, Donald Trump, tenía un mensaje urgente para el pueblo estadounidense: que sintonizaran el programa de Mark Levin en ‘Fox News‘.

El editorialista ultraconservador aprovechó su tiempo en antena el fin de semana para instar al mandatario estadounidense a “ir a buscar uranio enriquecido” a Irán por la fuerza.

“Tenemos que hacernos con el uranio (…) Si no se puede destruir, si no se puede alterar, tenemos que apoderarnos de él”, sostuvo.

El diario ‘The Wall Street Journal’ confirmó, el domingo 29 de marzo, que el inquilino de la Casa Blanca se plantea cada vez más seriamente lanzar una operación para ir a buscar las reservas de uranio altamente enriquecido de las que aún dispondría la República Islámica.

Donald Trump no es el único en el Gobierno estadounidense que contempla la idea de una operación de este tipo. “¡Habrá que ir allí y recuperarlo!”, afirmó previamente el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, ante el Congreso a principios de marzo.

Los 440 kilogramos de uranio

Este nuevo objetivo de Trump se refiere, según la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), a unos 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, una reserva que está a punto de ser utilizable para la fabricación de una bomba nuclear.

“Con esta cantidad, y si Irán logra enriquecer este uranio al 90%, las autoridades serían capaces, en teoría, de fabricar una decena de armas nucleares”, subraya Ludovica Castelli, especialista en cuestiones nucleares en Oriente Medio del Istituto Affari Internazionali (IAI).

“La existencia de estas reservas ya había sido documentada por la OIEA antes de los ataques estadounidenses de junio de 2025 contra las infraestructuras nucleares. Y desde entonces, no se sabe muy bien qué ha sido de ellas”, continúa la experta.

Aunque Donald Trump afirmó que las capacidades de enriquecimiento de Irán habían sido “completamente aniquiladas”, su destrucción total parece poco probable.

Las imágenes satelitales sugieren que al menos una parte de estas reservas de uranio enriquecido habría sido puesta a salvo a tiempo en 2025 en túneles subterráneos cercanos a Isfahán que no habían sido alcanzados por los bombardeos estadounidenses, según reveló una investigación del diario francés ‘Le Monde’, publicada el sábado 28 de marzo.

Una misión arriesgada

En otras palabras, a ojos de Estados Unidos e Israel, sigue habiendo reservas suficientes de uranio en Irán “como para representar una amenaza para la seguridad internacional”, remarca Shahin Modarres, especialista en Irán del International Team for the Study of Security (ITSS) de Verona.

En este contexto, Donald Trump se vería tentado a aprovechar cualquier oportunidad para encontrar un objetivo claramente identificable para la guerra, “mientras que su estrategia inicial fracasó porque no había imaginado en absoluto que Irán no aceptaría capitular y firmar su acuerdo de paz”, asegura Christian Emery, especialista en relaciones internacionales y del programa nuclear iraní del University College de Londres.

“Requerirá necesariamente la intervención de tropas sobre el terreno”

Una operación para hacerse con esas reservas “permitiría, si tuviera éxito, ofrecer una salida a Donald Trump, quien podría aprovecharla para dar la guerra por terminada”, precisa Clive Jones, director del Instituto de Estudios sobre Oriente Medio e Islámicos de la Universidad de Durham (Reino Unido). Sobre todo porque el entorno del presidente le habría “vendido” una operación rápida, subraya ‘The Wall Street Journal‘.

Sin embargo, no existe ningún escenario “en el que la recuperación o destrucción de ese uranio pudiera llevarse a cabo mediante una operación rápida y discreta”, asegura Emma Salisbury, especialista en cuestiones de seguridad nacional del Foreign Policy Research Institute, un centro de estudios estadounidense.

Se trata de un objetivo que “requerirá necesariamente la intervención de tropas sobre el terreno”, afirma esta especialista. Una misión de este tipo supondría una evidente escalada del conflicto, especialmente para un presidente estadounidense que había prometido a sus votantes no librar nuevas guerras, y mucho menos combates terrestres.

“Sería una de las operaciones militares más difíciles de llevar a cabo para el Ejército estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial“, asegura Christian Emery.

En primer lugar, las tropas de Washington tendrían que estar seguras del lugar donde Irán esconde lo que queda de sus reservas de uranio enriquecido. “Es muy probable que los iraníes hayan pensado en no guardarlo todo en el mismo lugar”, afirma Clive Jones, un escenario que obligaría a EE. UU. a abrirse paso en territorio enemigo hacia múltiples objetivos.

Una maniobra de tal complejidad “sin duda requerirá una acción coordinada con las tropas israelíes”, analiza Shahin Modarres. El Estado hebreo dispone, en efecto, de “unidades que han sido entrenadas para misiones especiales en Irán”, confirma Emma Salisbury.

Material altamente tóxico

Una vez reunidas las fuerzas, “probablemente habrá que contar con una operación en varias fases”, subraya Shahin Modarres. Para este experto, en un primer momento serían necesarios bombardeos aéreos para debilitar las defensas iraníes, antes de que “unidades de fuerzas especiales entren en Irán para despejar el camino y eliminar a las fuerzas enemigas”, continúa el analista.

Acto seguido, será el turno de las fuerzas de ingeniería del ejército para localizar las reservas de uranio, asegurar un perímetro y desplegar el material necesario para recuperarlo y transportarlo (camiones, excavadoras, aviones de carga…).

Estos militares deberán “contar con el apoyo de expertos formados en la manipulación de materiales nucleares altamente volátiles”, señala Christian Emery.

Sin duda, no es el tipo de operación que se pueda llevar a cabo en una noche. Según los expertos consultados, se necesitarán varios días, o incluso varias semanas, para lograrlo.

Un dispositivo ambicioso para “una misión que, en una escala de peligrosidad del 1 al 10, se sitúa claramente en el 10”, asegura Emma Salisbury.

De hecho, “las tropas desplegadas estarán constantemente bajo la amenaza de ataques iraníes. El material que hay que recuperar es también extremadamente tóxico. Incluso con el equipo adecuado y expertos en la materia, la manipulación y el transporte de este uranio siguen siendo muy peligrosos. Sobre todo si los bombardeos de junio de 2025 han dañado los contenedores en los que se almacena el uranio”, explica Ludovica Castelli.

Una operación de este tipo “conduciría muy probablemente a elevadas bajas en ambos bandos”, teme Clive Jones.

Incluso en caso de éxito, la desaparición de los 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% no supondría el fin de las ambiciones nucleares iraníes. “Solo retrasaría el programa nuclear iraní”, asegura Ludovica Castelli. Esta especialista recuerda que el país “conservaría centrifugadoras, conocimientos técnicos y probablemente otras reservas de uranio, enriquecido al 20% y a menos del 5%”.

Este artículo ha sido traducido de su versión original en francés

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